Gonzalo Rodríguez es un destacado académico que ha desarrollado gran parte de su investigación en el estudio aplicado de la economía en la industria del mejillón gallego, en aspectos tales como: mecanismos de innovación y cambio estructural, economía social, cooperativismo, entre otros.
La visita de Rodríguez estuvo gestionada por el Programa Territorial Integrado PTI Industria de Mitílidos, en el marco de un convenio con la Red de Innovación y Desarrollo de la Acuicultura en Iberoamérica Acuinnova.
Conversamos con el doctor Gonzalo Rodríguez, quien nos dio a conocer la dinámica de la innovación en la evolución del sector mitilicultor gallego y el aporte de la asociatividad a su desarrollo. En nuestro país, el experto presentó la forma en que se distribuye la producción de mejillones o choritos en esa región del noroeste de España.
Y es que Galicia representa un 98% de la producción total del país ibérico. Los inicios de la industria en la región gallega se remontan al año 1946, lo cual se gestó como una necesidad de las conserveras españolas. Según Rodríguez, el gran problema histórico de la mitilicultura española radica en el alto volumen de producción -gran oferta de producto-, lo cual influye directamente en una menor demanda y precio del producto gallego.
En cuanto a la innovación, a juicio del experto español, es importante estar atento a la tecnología que se está implementando en el mundo, con el fin de mejorar los procesos productivos. “Todo el sector debe ser competitivo, incluso los proveedores”, acotó Rodríguez.
A su juicio, la innovación guarda relación con un producto o sistema nuevo y mejorado, pero que esa mejora debe ser significativa y sistemática. Según Rodríguez, para los pequeños productores es muy difícil innovar sin el apoyo gubernamental, por lo cual las herramientas que entrega el Estado son fundamentales.
- ¿Qué aspectos le han llamado la atención de la industria mitilicultora chilena?
“Mi primera impresión es que en la mitilicultura chilena existe una estructura de cluster bastante completa, que se favorece de la industria del salmón, ya que así existe una presencia permanente de proveedores, favorece también determinados niveles de especialización y de aprendizaje entre unos y otros. Esto es bastante interesante, ya que el nivel de desarrollo del cultivo de choritos es ya muy grande”.
- Acá en Chile hemos podido ver qua la industria española tiene varios problemas, específicamente en Galicia, que es la principal zona productora. ¿En qué se basa esta problemática, que al parecer es bastante compleja?
“Es un problema de la debilidad orgánica de las cooperativas de ventas en sectores primarios. Es decir, hay más ventajas operando por fuera, que por dentro. Para que una estrategia cooperativa funcione, la organización debe poder controlar el momento en el que se vende la producción. Lo que ocurre es que no puede controlar a todos los productores o que alguno se adelante. En el momento en que alguno se adelanta, ése asegura la venta de su producción y el que espera no”.
“En España esos problemas han avanzado, lo que ha hecho que aumente la desconfianza y que la estrategia sea cada vez menor. El conflicto se ha ido agudizando y en estos momentos la situación en Galicia es muy difícil. Ya desde el momento del hundimiento del petrolero Prestige (año 2002) los mercados se habían estabilizado bastante, lo que se sumó a esta debilidad orgánica, que se acentúa cada vez más. El problema es que el cooperativismo ya no funciona.”
- ¿Cuáles son las principales diferencias que ha podido constatar entre las industrias de mitílidos de España y Chile?
“Acá hay una mayor especialización de algunas actividades. Además, la separación del cultivo de semillas a la fase de engorda en España no existe. El tamaño de las grandes explotaciones chilenas son mucho más extensas que en España, con mucha más producción que las mayores de Galicia. En ese sentido, la mitilicultura chilena tiene una gran capacidad de avanzar y de innovar, ya que los productores más pequeños pueden ver los avances de las grandes empresas y crecer a partir de ellas”.
- ¿Qué perspectiva tiene acerca de la industria mundial de mitílidos? ¿Cuáles son los países que deberían seguir creciendo en el sector?
“Sin duda que va a seguir creciendo China, aunque existe una gran incertidumbre acerca de lo que hará con su producción, especialmente si la va a vender a los mercados internacionales o no. Tailandia seguramente continuará creciendo, al igual que Nueva Zelanda, aunque más lento que los países asiáticos. España es muy difícil que avance en volumen de producción y Chile seguirá creciendo, al igual que muchos otros países. Aquí hay que tener en cuenta que el mejillón tiene una distribución muy grande a nivel mundial. Entonces, la posibilidad que se incorporen competidores a un mercado de estas características es muy grande. Y el mercado no va a crecer a la misma velocidad de la producción, por lo que en el futuro puede haber una competitividad muy grande para colocar la producción en los mercados. En ese sentido, habrá más dificultades, porque existen muy pocos productos del mejillón. A pesar de que hay mejillón fresco, congelado o en conserva, la variedad de productos que se elaboran a partir de éstos es muy poca. Si no hay nuevos productos, el mercado no se va a expandir”.
- ¿De qué manera afectará el actual momento económico mundial a la industria de mitílidos?
“En teoría, debiera ser un momento favorable, porque el mejillón es un producto barato, de consumo de masas, tanto fresco como en conservas. Podría haber un boom, pero, en teoría no se está viendo así. Debe haber un problema de comercialización que dificulta el progreso en ese orden. Creo que los mercados de mejillón todavía son reducidos, con mucha producción y sin mercados grandes”.
- ¿Cuál es el camino de Chile para llegar a ser una verdadera potencia mundial del cultivo de mitílidos?
“Chile ya es una potencia mundial de mitílidos. Lo que yo creo que le falta es mercado interno. Si yo pudiera mejorar un aspecto es eso, el mercado interno, porque si eres muy dependiente de los mercados de exportación, no controlas el futuro de tu producción. Entonces, el tener un porcentaje de producción que se vendiera en el mercado interno chileno o en el mercado latinoamericano más próximo, le daría una estabilidad a la industria”.
- ¿Cómo se vé la industria chilena de mitílidos desde España?
“Chile se vé como un gran competidor, que está penetrando fuertemente en los mercados internos y que está captando el mercado de la conserva, lo que se percibe también como una amenaza. Se da algo paradójico, en que parte de los productores e impulsores de la industria chilena son gallegos también, por lo que esa disputa entre naciones se relativiza”.
- ¿De qué manera de puede fortalecer la innovación en la mitilicultura, tanto en Chile como en otros países? ¿El Estado debe jugar un rol importante o se puede hacer de otra manera?
“El Estado puede jugar roles que pueden ser muy importantes a largo plazo, con distintos instrumentos. Por ejemplo, en el tema medioambiental puede estimular la sustentabilidad de la industria en el largo plazo. Así se pueden evitar determinadas formas de contaminación e implementar el control ambiental, entre otras medidas. En el corto plazo dichas medidas resultan pesadas, pero que en el largo plazo son indispensables para la viabilidad de la actividad”.
“También se puede incentivar la innovación fomentando las relaciones entre actores, en el sentido de favorecer el intercambio. Es decir, la innovación es el intercambio de información entre actores que sean diversos. Pero lo que tiene que favorecer el sector público es la diversidad de actores en el territorio, que exista el contacto entre centros tecnológicos, consultoras, productoras y empresas de servicios. Esa interacción dentro del territorio es de lo que se nutre la innovación. Y tiene que ser algo práctico y aplicado a la producción”.
“Por otra parte, es posible favorecer la innovación con programas de formación, que faciliten el aprendizaje de pequeños productores del país. Creo que hoy en día en Chile existen políticas de innovación para universidades y grandes empresas, pero falta incorporar a los pequeños productores. Esa al menos es mi perspectiva”.
- ¿Cómo funciona ese aspecto en España? ¿Cómo es la interacción entre pequeños productores y el Estado?
“Los pequeños productores en España funcionan, primero, a través de programas en que se prima el hecho que las empresas participen en esas actividades. Y, sobre todo, los pequeños productores participan a través de sus organizaciones. Por ejemplo, el Consejo Regulador del Mejillón, que tiene un papel nodal, es un hub a través del cual el pequeño productor puede acceder a las innovaciones. Y es fundamental tener en cuenta las actividades de difusión. O sea, tan importante es la innovación en sí misma, como la difusión de esa innovación. Vuestra revista, por ejemplo, es fundamental para eso llegue a los productores. Entonces, tener organizaciones que distribuyan información, que también generen capacidades colectivas para innovar y tener vehículos de difusión, es indispensable para la innovación”.