Control eficiente del SRS en Chile: La solución disponible que sigue siendo invisible.

Sabemos que la Septicemia Rickettsial del Salmón (SRS) o Piscirickettsiosis es actualmente la enfermedad de mayor impacto en la industria salmonera chilena. La enfermedad infecciosa es causada por la bacteria intracelular Piscirickettsia salmonis, responsable de grandes pérdidas económicas en la industria acuícola, desde su detección en 1989.
El SRS afecta a las tres especies cultivadas en Chile, pero en especial al salmón del Atlántico, donde su incidencia es superior al 80 % de la mortalidad por causas infecciosas y casi un quinto de la mortalidad total de la especie en los últimos años. Además de las pérdidas per sé, el SRS genera un efecto inmunodepresor prolongado que deja a los peces afectados en condición de gran vulnerabilidad sanitaria mediata.
Su impacto económico/productivo es muy importante ya que ataca en las etapas finales del cultivo, generando grandes volúmenes de pérdidas, las que son difíciles de reemplazar.

La estrategia actual en la lucha contra el SRS es básica, pues se sostiene en vacunaciones por baño, alimento e inyección, además de boosters y potenciadores para extender la protección en el tiempo. Lo anterior implica una aplicación traumática, una efectividad temporal limitada y un altísimo costo. Más aún, casi siempre, como último recurso, se recurre a tratamientos antibióticos reiterativos como herramienta de control de urgencia, situación límite que nos ha traído efectos colaterales comerciales nefastos y deteriorado nuestra imagen en el exterior. Obviamente es un buen negocio para los laboratorios, pero muy malo para la industria.
Para graficar lo anterior, el 90 % de todos los antibióticos utilizados en la industria se usan para el control del SRS (más de 500.000 Kg de IA al año) y el 72 % de todos ellos se utilizan solamente en la especie Salmo salar.
La comparación entre el uso de antibióticos en la salmonicultura, entre Chile y Noruega, nos entrega cifras lapidarias: En el 2014 Chile consumió 1.658 veces más AB que Noruega (ver gráfico) y el 2015 esta relación fue aún mayor.
Lo anterior nos obliga a preguntarnos si ¿Es esta estrategia el camino correcto en la lucha contra el SRS? Los resultados y la razón obviamente nos confirman que no.

A diferencia de la ciencia ficción, donde las balas de plata pueden terminar con pesadillas, tales como: “El Hombre Lobo” u otros engendros, está claro que no existe la bala de plata, la solución única, para controlar al SRS en la salmonicultura. Más bien la lógica indica que se deberán implementar estrategias multifactoriales, donde cada parte de la solución aporte desde su área específica de acción en la mitigación del problema, pero difícilmente en la solución definitiva del mismo. La visión holística que agrupe la unión de fuerzas diferentes es el único camino para el control verdadero del SRS.

NO existe la bala de plata para combatir eficazmente al SRS.

La buena noticia es que hoy en día ya están disponibles varias soluciones, en distintos ámbitos de acción, que pueden ser la base de aquella mirada holística o global que constituye la mejor alternativa contra el problema del SRS, sumando ventajas presentes en los diferentes actores de la cadena de valor de la industria; solamente debemos visibilizarlas y aglutinarlas en una estrategia sanitaria inclusiva y única, pues están todas a la mano y a la espera de que las juntemos y potenciemos, coordinada y colaborativamente, contra un enemigo común.

En primer lugar, y al iniciar el ciclo productivo, hay que sumar el aporte del avance genómico de las ovas en la resistencia contra el SRS. Hoy, el mercado de ovas nacionales e importadas ofrece mejoras en las ovas, que significan una reducción de la mortalidad por SRS de hasta un 40% en salmón Atlántico. Si contextualizamos esto a los resultados productivos del año 2015, podríamos haber dicho que si todos los salmones Atlántico cultivados hubiesen tenido esta protección desde las ovas, la mortalidad por SRS habría sido de un 1,8% y no de un 3,0%, como realmente ocurrió. Es decir, las cosechas habrían tenido casi 1,8 millones de peces adicionales.
El segundo factor, que debe ser practicado durante toda la vida del salmón, son las buenas prácticas de manejo y de cultivo que lleven al necesario bienestar animal de los peces. Todo esto se resume en una palabra inglesa que lo define muy bien: “husbandry”.
Si somos capaces de darles a los peces las condiciones de cautiverio que les aseguren el bienestar animal, habremos dado un gran paso hacia la solución del problema, pues crecerán, más robustos, más rápido, más sanos y con un menor impacto al medio ambiente acuático que los alberga.

Como tercer eslabón de esta mirada holística están los alimentos funcionales. Los alimentos funcionales son aquellos que, más allá de su función nutritiva, tienen acciones fisiológicas beneficiosas para el organismo de los peces y contribuyen a reducir el riesgo de contraer enfermedades como en el caso del SRS. Son alimentos de bases naturales, y de sofisticado diseño y balance, que se convierten en armas terapéuticas y en objetivo de la investigación de las diferentes empresas proveedoras de la industria.

El cuarto engranaje de esta nueva arma contra el SRS, seguirán siendo las vacunas, las autovacunas, los boosters y todas las diferentes presentaciones de los promotores de reacciones de auto protección de los peces, produciendo sus propios anticuerpos ante el riesgo de la enfermedad.

Por último, y como quinto pilar de la estrategia, siempre estará disponible la opción de los antibióticos, la cual debe tender a su reducción sostenida, mediante la coordinada aplicación de todas las miradas previas que darán cuerpo a una estrategia sanitaria de naturaleza holística.
Hagamos visible y posible esta opción que se encuentra actualmente disponible y que tendrá un positivo impacto en la lucha contra los principales enemigos de la industria del salmón: el SRS y los altos costos de producción. Utilicemos coordinadamente todas las alternativas que nos ayudarán al control definitivo del SRS en Chile y a la consolidación sanitaria de la industria.

Por Peter Child, BSc ; MT ; MSc Aquaculture

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