Acuicultura en Áreas de Manejo: Una innovadora alternativa de cultivo para la pesca artesanal

En la Región de Coquimbo, Mundo Acuícola indagó sobre el trabajo que realiza el Programa de Acuicultura en Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AAMERB)”, de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad Católica del Norte (UCN). El programa, financiado por Corfo y ejecutado por la UCN, tiene entre sus propósitos instalar módulos de aprendizaje, en las propias áreas de manejo, para que pescadores artesanales se apropien de la tecnología de cultivos de pequeña escala. Junto con esto, busca que la autoridad adecue procedimientos que faciliten esta práctica y, por otro lado, acercar el área académica (Ciencias del Mar y Ciencias Sociales), a través de líneas de investigación y transferencia de conocimientos.

Un equipo multidisciplinario, liderado por Cristian Sepúlveda, ingenieros acuícolas, biólogos marinos y un sociólogo, a partir del año 2011 comenzó con un proyecto Nodo de Corfo. La inquietud estaba latente, ya que desde el año 2005 el reglamento permitía que los pescadores pudieran hacer acuicultura, aunque nadie lo estaba haciendo. Comenzaron entonces a conectar instituciones estatales, la academia y pescadores y, el Nodo terminó, después de 18 meses, con 8 expedientes tramitándose, de acuicultura, y con los pescadores entusiasmados en partir con este desafío. 

Había que empezar desde cero ya que el principal desafío era alterar la conducta tradicional del pescador artesanal, basada en la recolección y caza de poblaciones naturales. La propuesta era entonces entregar conocimientos a través de transferencia tecnológica, para comenzar a hacer acuicultura extensiva, en áreas de manejo. Pero, además de convencer a pescadores, había que comenzar la tramitación de permisos sectoriales y, a la vez, elegir especies para comenzar la iniciativa.

“Hicimos un panel de expertos, para ver, a juicio de ellos, cuál podía ser mejor transferida. Se tomaron indicadores como: el sector donde se iban a instalar, la complejidad de la especie, el nivel de trabajo que requería, la complejidad para implementación y otro componente humano, que tenía que ver con lo organizacional, qué tan cohesionados necesitaban estar para poder implementarlo”, cuenta Lorena Vega, ingeniero acuícola del programa.
“A partir de esto, se crearon tres grupos de especies: sencillos, semi complejos y complejos. Dentro de los sencillos se encuentran: algas y piure; en los semicomplejos: los filtradores, como choritos, ostras, ostiones; y, en los complejos estaban los peces”, agrega Cristian Sepúlveda.

Con la convicción de que ese era el camino correcto, comenzaron a avanzar con talleres diseñados por el programa de Área de Manejo de la UCN, poniendo la tecnología de cultivo y el conocimiento a disposición. “La particularidad es que los talleres que hacemos son prácticos, nosotros los diseñamos pero nos ayudan a ejecutarlo los pescadores, lo que facilita la transferencia tecnológica de pescador a pescador“, añade Sepúlveda.
El programa se centra principalmente en la región de Coquimbo, sin embargo, también tiene expresiones pequeñas e incipientes en las regiones de Antofagasta, Atacama, Valparaíso, Los Ríos y Los Lagos.

Plataformas de aprendizaje

La tecnología de cultivo para ostra y ostiones es la misma, cuenta Lorena Vega, quien indica que consiste en un sistema de cultivo suspendido, de forma trapezoidal, tipo “long-line”, compuesto de cabos y boyas, unidos a un sistema de anclaje o fondeo.

El cabo principal, o línea madre, es de 100 metros de longitud (de polipropileno torcido de 18 – 24 mm de diámetro) y de ésta se sostienen las unidades de cultivo. El sistema incluye cabo de fondeo, del mismo material de la línea madre y longitud variable; boyas para dar flotabilidad a la línea madre, y anclaje o fondeo, que corresponde a estructuras de concreto, para evitar el desplazamiento de los sistemas.

Sistema de cultivo tipo “long-line” para ostras, ostiones (linternas) y piure (cuelgas). Imagen gentileza UCN.

Unidades de cultivo ostras y ostiones  

Las unidades de cultivo corresponden a linternas: Cada pieza circular, tiene 50 cm de diámetro y se encuentran separadas, verticalmente, a 20 cm. Cada linterna se compone de 10 circunferencias de 50 cm de diámetro.

El cultivo de Ostra japonesa tiene una duración de 11 meses y las actividades a desarrollar consideran, talleres de implementación del sistema, obtención de semillas, siembra, mantención y monitoreo del sistema, pre engorda, desdoble, engorda y cosecha. Además de talleres de mantención y monitoreo del sistema.
De una línea de cultivo de 100 metros, con 90 linternas, a densidad promedio de 263 individuos por linterna, con una supervivencia final del 95% y un peso promedio de cosecha de 67 gr, por individuo, la cosecha esperada es de 1.600 kilos de ostra japonesa.

En tanto, el cultivo del ostión del norte tiene una duración de 12 y 18 meses y las actividades a desarrollar consideran talleres de implementación del sistema, obtención de semillas, siembra, pre engorda, desdoble, engorda y cosecha, además de talleres de mantención y monitoreo del sistema.

Producción
De una línea de cultivo de 100 metros, con 30 linternas, a densidad de 1000 individuos por linterna, con una supervivencia de 60% y un peso promedio de cosecha de 70 gramos por individuo, la producción esperada es de 2,4 toneladas, por cada ciclo de producción, considerando una línea de cultivo que será sembrada con 30.000 semillas de ostión. Sin embargo, una vez realizados los desdobles, se instala un total de 100 linternas en la línea de cultivo.

Piure

En el caso del cultivo de piure, la tecnología de cultivo utilizada también es del tipo “long-line”. Sin embargo, las unidades de cultivo corresponden a los mismos colectores de captación de semillas, los que se instalan en las líneas de cultivo, una vez que las larvas de piure se han fijado. Los colectores se componen de red anchovetera cortada en rectángulos de 3 metros de largo por 0,1 metros de ancho. En una línea madre se disponen 110 colectores de 3 metros de longitud (de forma vertical) a una distancia de 80 centímetros cada uno; cada colector tiene en su extremo un estabilizador, para evitar que se enreden entre los colectores contiguos.

El cultivo de piure dura entre 12 y 15 meses y es mucho más sencillo. Las actividades a desarrollar consideran talleres de implementación del sistema, captación natural de semillas, talleres de mantención y monitoreo del sistema y cosecha.

De una línea de cultivo de 100 metros, con 110 reinales por línea y un peso promedio de cosecha de 70 gr., por individuo, la cosecha esperada es de 7.7 toneladas de piure.

Avances del programa

En la actualidad, el Programa de Acuicultura en Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AAMERB) de la UCN continúa apoyando a pescadores de diferentes caletas, a través de proyectos de innovación. Además de la experiencia con ostra en la Caleta Punta de Choros, han apoyado el trabajo con ostión en las caletas Los Lilenes, Ñague y Cascabeles.

Para el caso del piure, han trabajado con pescadores de Caleta Huentelauquen, Ñague, Cascabeles, Guayacán y La Herradura. El programa, además ha apoyado iniciativas con cultivo de Cojinoba del Norte (Seriolella violacea) en Caleta Ñague y Caleta San Pedro (Los Vilos), con algas, en Caleta La Herradura (Coquimbo).
Durante estos años han tenido diversas experiencias, pero el caso más emblemático es el de Caleta Cascabeles, donde los pescadores se han adaptado al sistema de cultivo en área de manejo, logrando 4 ciclos de producción de ostión. Incorporaron líneas de piure, pasando de una etapa de innovación a una etapa de escalamiento.
Si bien en Chile, la mayor parte de la acuicultura es de carácter industrial, existen pequeños acuicultores, en 55 de las 100 comunas costeras del país, quienes desarrollan actividades de acuicultura a pequeña escala. “Hoy día, de las 800 áreas de manejo, hay 230 que están operativas, con seguimiento al día, de las cuales solo el 7% tiene permisos sectoriales para realizar cultivos, o sea, estamos recién empezando”, dice Cristian Sepúlveda.

Katherine Silva A.

Edición N°118, Revista Mundo Acuícola.

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