Con algas chilenas buscan combatir alergias ambientales

Científico asegura que los resultados preliminares son prometedores. Actualmente, la condición afecta a un 20% de la población, pero se cree que en el transcurso del siglo impactaría a un tercio de la humanidad (Diario Concepción).

Las algas tienen un uso versátil en Chile. Su ingesta es tradicional y ahora aún más, por sus altos niveles de hierro, calcio, yodo y de vitaminas A, B y C se les considera un superalimento que está presente en reconocidos restaurantes, tanto a nivel regional como nacional.

Las algas también están en la cosmética por sus propiedades hidratantes, antioxidantes y regeneradoras. Además, se usan como abono en el área agropecuaria y en la farmacología son un compuesto de alto empleo en el área por su poder gelificante, antioxidante, propiedades emolientes, laxantes y expectorantes.

Y ahora, un grupo de académicos de las universidades de Chile, Católica y de Concepción están trabajando para extraer un elemento químico que poseen las algas, que promete acabar con las alergias ambientales, trabajo que está fase de estudios clínicos.

La idea es formular un compuesto que inhiba la respuesta inmune del organismo, controle y revierta los efectos adversos generados por la contaminación y el polvo.

Los estudios -liderados por el doctor Leandro Carreño del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (Icbm) y el Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia (Imii)- han derivado en modelos experimentales para detectar compuestos lipídicos que previenen el desarrollo de los síntomas de una alergia.

“Inicialmente trabajamos en cómo elaborar la formulación y ya tenemos los primeros resultados en modelos animales. El desafío ahora es ver si es capaz de revertirlo, lo que buscaremos en el segundo año de este proyecto. Luego de eso, el objetivo es trabajar en una patente que proteja esta invención. Hasta ahora, los resultados son prometedores”, comentó Carreño.

Múltiples factores

El compuesto sería un real aporte a la ciencia y a la salud, pues según la OMS, las alergias ambientales se han duplicado en los últimos 50 años y afectan a un 20% de la población.

La relacionadora pública penquista, Marjorie Cerda, es parte del 20% de los afectados. “Parte agosto con la polinización de los árboles y mis alergias comienzan, sobre todo, provocadas por el plátano oriental. Me realizaron test cutáneos y ahora, permanentemente, uso medicamentos, pero cada vez me hacen menos efecto”, aseguró.

A la acción que el polen puede generar en la comunidad se suma el cambio climático, que con su variación de temperaturas, también favorece el ingreso de alérgenos a las vías respiratorias. El trabajo de los científicos es vital, sobre todo, porque según Carreño, los chilenos tenemos mayor posibilidad de sufrir alergias ambientales, pues desde el estallido social, nos hemos visto enfrentamos a la presencia de gases lacrimógenos.

No existen estudios que comprueben la teoría de Carreño, pero, a su juicio, la exposición a agentes químicos durante casi dos meses, supone un hecho muy poco frecuente a nivel mundial, lo que influiría en que los alérgicos sufran efectos adversos.

Explicó que la presencia de gases incrementa la generación de material particulado y, por consiguiente, la sobreexposición de individuos a elementos de riesgo, por lo que es probable que las personas alérgicas desarrollen complicaciones relacionadas al gas irritante.

“La población no está preparada para un nivel de represión tan alto y tantos días, tanto a manifestantes como quienes viven en zonas donde ocurren las protestas e, incluso, los Carabineros. La posibilidad de sufrir episodios graves aumenta”, dijo.

Inhibir la respuesta inmune

De hecho, el estudio busca modelar la respuesta del sistema inmune para combatir el ingreso de alergenos a las vías respiratorias, pues generan reacciones como secreción nasal, picazón, tos, enrojecimiento de la piel, fatiga y malestar general, entre otros.

Tradicionalmente las alergias se tratan con antihistamínicos, que con el tiempo reducen su potencial, y vacunas que tienen una efectividad cercana al 30%. Por ello, apuntan a crear mecanismos de protección que eviten los trastornos e impactos asociados a su productividad y normal funcionamiento.

La clave de la investigación radica en un grupo de células denominado Natural Killer T (NKT), con el que buscan modificar la respuesta inmune y, evitar trastornos.

La formulación incluye alergenos como moduladores, que actúan a través de las células NKT y poseen el potencial de estimular los linfocitos T, involucrados en reconocimiento de elementos externos que ingresan al organismo.

“Hemos alcanzado una formulación farmacológica bien caracterizada. Estos lípidos son capaces de estimular las células correctas, involucradas en la modulación. Ahora resta estudiar en qué dirección va esa modulación y si tiene la capacidad de suprimir la alergia”, aseveró Carreño.

Algas chilenas

Con ese desafío en el horizonte, y gracias a la generación de los primeros compuestos lipídicos, el laboratorio comenzó a evaluar el potencial de elementos extraídos de algas y microalgas chilenas, que revelan que algunos de estos elementos pueden estimular las células correctas.

A nivel nacional, el potencial de la vegetación acuática para formular soluciones innovadoras y de alto impacto sanitario es amplio.

Cristian Agurto, científico del grupo interdisciplinario de Biotecnología Marina de la Universidad de Concepción, UdeC, aseguró que las algas y microalgas -algunas de ellas endémicas de nuestras costas han demostrado tener una gran cantidad de compuestos glipídicos. “Un tipo especial de ácidos grasos, similar a un aceite, que tienen una composición química especial, de estructura compleja y que contienen una gran cantidad de azúcares”.

En los últimos años, el núcleo de investigadores de Concepción comenzó a procesar micro y macro algas para extraer estos glípidos y enviarlos a la Universidad de Chile para ensayarlos en líneas celular y determinar su capacidad antialérgica.

En ese sentido, Agurto explicó que las microalgas son organismos unicelulares que se encuentran en todo el mundo en distintos ambientes, desde el mar hasta un charco, que tienen la ventaja de poder cultivarse.

Las macroalgas, en tanto, suelen ser endémicas. En Chile hay cerca de cincuenta especies, aunque algunas también pueden encontrarse en Argentina y Perú. “Tenemos mucha materia prima y de muy buena calidad. Al ser de mayor tamaño, son más fáciles de procesar. En ambos casos son materias primas totalmente renovables, bastante versátiles y nobles, amigables con el medio ambiente. Son capaces de tomar Co2 y generar oxígeno”, agregó el académico de la UdeC.

El profesional destacó que la investigación interuniversitaria representa “una gran oportunidad de impactar una problemática enorme a nivel global, asociada a un mercado interesante y qué mejor que hacerlo con compuestos químicos naturales provenientes de nuestros propios ecosistemas acuáticos”.

El uso de las algas en la investigación científica permite, según Agurto, agregarle valor y diversificar su uso con una aplicación tan importante. “Del mismo modo, este desarrollo tecnológico podría tener un impacto en fortalecer nichos de emprendimiento social para pescadores artesanales”, comentó.

Así las cosas, habrá que esperar un par de años para que los investigadores involucrados en el proyecto logren un compuesto que termine con las alergias ambientales, que tantas molestias causan a la población.

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