Área autorizada para acuicultura artesanal en el país llega a las 100 hectáreas

Chorito, ostra chilena, abalón rojo y luga, se cuentan entre los recursos bentónicos que ese sector puede cultivar en distintas áreas de manejo, distribuidas en siete regiones (Mundo Acuícola).

Cien hectáreas, distribuidas en siete regiones del país, suman las áreas en que los pescadores artesanales pueden llevar adelante actividades acuícolas. El guarismo implica un hito en el desarrollo experimentado a lo largo de los años por el cultivo y explotación de recursos bentónicos en áreas de manejo (AMERB).

En esos sitios, los pescadores artesanales tienen la posibilidad de sembrar y producir 15 especies: chorito, choro zapato, cholga, ostra chilena, ostra japonesa, ostión del norte, huiro canutillo, huiro palo, huiro negro, chicorea de mar, pelillo, luga roja, luga negra, piure y abalón rojo.

El subsecretario de Pesca y Acuicultura, Eduardo Riquelme, destacó que esta actividad constituye una vía idónea para que el sector artesanal proyecte su actividad hacia el futuro, en línea con el principio de la diversificación productiva, asociada a mayores ingresos.

“Con mucho orgullo y satisfacción podemos indicar que al día de hoy contamos con cien hectáreas autorizadas para el cultivo de recursos hidrobiológicos por pescadores artesanales en AMERB (áreas de manejo y explotación de recursos bentónicos), distribuidas en siete regiones a lo largo del país”, subrayó el subsecretario.

La Ley General de Pesca y Acuicultura consideró desde un inicio la posibilidad de realizar actividades de acuicultura en áreas de manejo y explotación de recursos bentónicos (AMERB), pero aquellas solo fueron reguladas en 2004.

Lo anterior se materializó con la promulgación del primer Reglamento de Actividades de Acuicultura en Áreas de Manejo, Decreto Supremo (MINECON) N° 314 de 2004, cuyo impacto positivo fue limitado.

El desconocimiento de los pescadores frente al tema, una insuficiente inversión, escasez de mano de obra y una serie de restricciones, se contaron entre los factores que influyeron para que esa norma no diera de inmediato los frutos esperados.

Posteriormente, ese reglamento fue modificado para simplificar los trámites asociados al inicio de actividades en el área y, consecuentemente, agilizar los tiempos de respuesta en favor de los interesados.

Junto con lo anterior, aumentó la superficie autorizada para desarrollar los cultivos, se incrementó el número de especies hidrobiológicas disponibles para la producción, y se abrió la puerta para el desarrollo de la acuicultura experimental.

Ello ha determinado un mayor interés por parte de las organizaciones por presentar solicitudes para ejecutar tareas de acuicultura y de acuicultura experimental en áreas de manejo.

 

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