Especies invasoras destruyen los bancos de moluscos de las rías gallegas

El Grupo de Estudio del Medio Marino de esa región española detecta un «muy preocupante incremento» de algas y moluscos foráneos (Faro de Vigo).

El aumento de especies invasoras en las Rías Bajas de Galicia, noroeste de España, empieza a sorprender a la comunidad científica, preocupada tanto por su creciente presencia como por su variedad. Es tal la proliferación y adaptación de algas, moluscos, gasterópodos y demás familias llegadas de otras latitudes -y por tanto consideradas una amenaza para la flora y fauna autóctonas-, que los biólogos hablan ya de «daños muy importantes» para los bancos marisqueros.

Juan E. Trigo, miembro destacado del Grupo de Estudio del Medio Marino (GEMM) lo define como «un grave problema que padecemos desde hace casi 40 años y que no deja de aumentar, intensificándose de manera notable en los últimos ejercicios, cuando incluso se han detectado otras especies exóticas nuevas».

A su juicio, «cada vez son más las que llegan a nuestra costa y nuestras rías, poniendo en serio riesgo la producción presente y futura de los bivalvos, pero también una parte importante de la economía de Galicia».

Juan Trigo pone ejemplos como el de la Crepipatella dilatata, una de las últimas especies en llegar a la comunidad autónoma. Es similar a las lapas gallegas y proviene del Cono Sur americano.

Lo que sucede es que «en pocos años se ha comido, literalmente, grandes zonas de las Rías Baixas». Tanto es así que en algunos puntos hay rocas que solo tienen esta especie adherida, ya que ha desplazado de su hábitat «todas las autóctonas, como lapas, minchas o balanos», reseña el investigador.

El extraño hallazgo de A Toxa

Lo hace cuando habla de situaciones que tacha de «alarmantes», pero también al referirse a episodios tan curiosos como insólitos derivados, precisamente, del aumento de especies invasoras. Basta como ejemplo la simbiosis de una especie de caracola, otra de lapa y un alga que, procedentes del Mediterráneo, América y Asia, se fundieron en una especie de abrazo vital para formar un solo ser, localizado hace días en el espacio intermareal de la isla de A Toxa, en el municipio arousano de O Grove.

Así lo confirma su descubridor, el propio Juan E. Trigo, uno de los participantes, junto a otros miembros del GEMM, como Rafael Bañón, Bruno Almón y Jacinto Pérez Dieste, en el libro «Especies exóticas e invasoras», perteneciente a la Cátedra de Parques Nacionales, formada por el organismo autónomo que le da nombre y las universidades Politécnica de Madrid, la Rey Juan Carlos y la Universidad de Alcalá.

En el capítulo titulado «Especies marinas exóticas e inmigrantes en las costas de Galicia» el GEMM repasa la situación actual en la comunidad, alertando de que «algunas de ellas se han convertido en invasoras» y reflexionando sobre la forma más probable de introducción de las mismas y su impacto para el ecosistema gallego.

Entre esas amenazas puede encontrarse, precisamente, esa llamativa simbiosis descubierta en A Toxa. Está formada, según detalla Juan E. Trigo, por un ejemplar de una caracola que se conoce como búsano o corneta ( Hexaplex trunculus), y un molusco exótico invasor mediterráneo, que en este extraño ser aparece cubierto por otro caracol de mar, el Crepipatella dilatata, que es otro molusco exótico invasor, pero de origen sudamericano.

Por si no fuera suficiente, completan el trío con el alga Sargassum muticum, una especie exótica invasora de procedencia japonesa.

Un toque de atención a la sociedad

Es, en consecuencia, lo que coloquialmente podría definirse como un tres en uno de las amenazas que representan las especies exóticas. Es un hallazgo con un enorme simbolismo que sirve a Juan Trigo y al conjunto del Grupo de Estudio del Medio Marino, con sede en Ribeira, para llamar la atención de la sociedad, pues «la única especie autóctona que parece verse favorecida de todo este desmadre» es la anémona Calliactis parasitica, asociada con cangrejos ermitaños y que vive en el este del Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo a profundidades que van desde la zona intermareal hasta los 60 metros, encontrando en conchas de Hexaplex trunculus como la descubierta en A Toxa «un sustrato ideal al que fijarse».

Alertados por la situación, y desde luego, alarmados por el descubrimiento de otros muchos casos en toda la costa de las Rías Baixas, tanto en la zona intermareal como en las profundidades, los integrantes del GEMM hacen un llamamiento a la reflexión de ciudadanos y autoridades.

Tratan así de concienciar a la sociedad sobre el riesgo al que se enfrentan, por ejemplo, los bancos marisqueros gallegos, lo cual es tanto como decir que las especies exóticas son una amenaza para la economía de la comunidad.

Posibles acciones correctoras o preventivas

Frente a este tipo de situaciones, y dependiendo de la especie foránea de que se trate, el Gobierno de España aconseja emprender acciones como «la limpieza de barcos fuera del mar para evitar la dispersión» de las algas u otras especies que viajen adheridas al casco de los buques.

Pero también «el control del vertido de aguas de depuración de mariscos, porque son focos de infección de nuevas plantas», y hacer todo lo necesario para «preservar un buen estado de conservación de las comunidades naturales, ya que la alteración en ellas favorece la instalación de especies introducidas».

Abundando en ello, en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras se aboga por el «control de procesos de eutrofización de las rías, ya que el enriquecimiento en nutrientes favorece el crecimiento» de especies como el alga Sargassum muticum.

Para combatir esta especie, y dado que tanto ella como otras muchas plantas invasoras llegan adheridas a la semilla de moluscos adquirida en otras latitudes, también se recomienda la inmersión de las ostras en salmuera.

El alga aludida, integrante del extraño ser localizado por el GEMM en A Toxa, tiene «una tasa de crecimiento muy rápida y una alta fecundidad». Según detalla el Estado central, «se encuentra en el nivel mediolitoral inferior y en el infralitoral superior, llegando a ser muy abundante en zonas protegidas del oleaje».

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