
En un escenario donde las floraciones de algas nocivas (FAN) vuelven a evidenciar su impacto en actividades productivas y en la vida cotidiana de las comunidades costeras, el monitoreo del océano se consolida como una herramienta clave para la prevención y la gestión del riesgo. La reciente “marea roja” registrada en Tongoy reabre el debate sobre la necesidad de fortalecer sistemas de vigilancia y alerta temprana, especialmente ante un contexto de variabilidad ambiental y cambio climático. En esta columna, el Dr. Carlos Olavarría, Director Ejecutivo del Centro Científico CEAZA, plantea por qué anticiparse a estos eventos debe entenderse como una prioridad de salud pública:
«Las “mareas rojas”, como la ocurrida recientemente en Tongoy, ponen de manifiesto que se trata de eventos naturales de alto impacto, que afectan fuertemente a la pesca, la acuicultura y el turismo, y que representan un riesgo directo para la salud pública. Esto se debe a que las Floraciones Algales Nocivas (FAN) generan toxinas capaces de acumularse en organismos marinos y provocar intoxicaciones graves en la población.
La “marea roja” de Tongoy nos recuerda que estas floraciones no son hechos aislados. Existen antecedentes de la presencia histórica de microalgas potencialmente tóxicas en nuestras costas, lo que significa que el riesgo es permanente. Bajo determinadas condiciones ambientales, estos eventos pueden repetirse, y su frecuencia podría aumentar en un escenario de cambio climático.
Actualmente, el sistema de monitoreo vigente en Chile ha sido fundamental para proteger a la población, ya que permite detectar toxinas y activar cierres oportunos. Gracias a ello se han evitado brotes de intoxicación masiva. No obstante, este sistema es principalmente reactivo: actúa cuando el riesgo ya está presente. Desde el Centro Científico CEAZA, planteamos que ese enfoque ya no es suficiente para enfrentar un problema que tiene consecuencias directas sobre la salud de las personas.
La ciencia hoy cuenta con herramientas que permiten avanzar hacia sistemas de alerta temprana. En distintos países ya se utilizan sistemas que combinan monitoreo ambiental, imágenes satelitales y modelos computacionales para identificar condiciones que favorecen la generación de estos eventos, antes de que alcancen niveles de riesgo. Anticiparse no sólo protege la economía local, sino que entrega tranquilidad a la población y fortalece la prevención sanitaria.
Desde CEAZA creemos que sin información integrada y sostenida en el tiempo, seguimos expuestos a cerrar áreas cuando el daño ya está hecho y la actividad local se ve seriamente dañada. Invertir en una red regional de monitoreo oceanográfico es una medida sanitaria preventiva, comparable a cualquier sistema de vigilancia epidemiológica.
La variabilidad ambiental y el cambio climático, nos imponen este tipo de desafíos, frente a los cuales debemos adaptarnos uniendo todas las capacidades que tenemos a nuestro alcance: el monitoreo científico permanente, la toma de decisiones basada en evidencia y el trabajo coordinado entre instituciones, autoridades y comunidades. Anticiparnos a las floraciones algales nocivas es una responsabilidad con la salud pública y con el futuro de las actividades económicas que se desarrollan en nuestros territorios costeros».

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