
En un mundo donde la única constante es el cambio, la pregunta para el empresariado chileno no es si debe innovar, sino cómo hacerlo para no quedar atrapado en la irrelevancia.
Nos enfrentamos a un desafío país ineludible: alcanzar un crecimiento ambicioso y sostenible. Sin embargo, esta ambición es inconsistente con los esfuerzos que hace el país en ciencia, tecnología e innovación, un determinante fundamental del crecimiento de largo plazo, tal como se relevó en el premio Nobel de Economía 2025. La realidad incómoda es que la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) en Chile alcanza solo un 0,41% del PIB, lejos del promedio del 3% de la OCDE y del 1% que debiésemos estar invirtiendo dado nuestro ingreso por habitante. Mientras que la tasa de innovación empresarial no supera el 11%, comparado con el 45% de la Unión Europea.
En un entorno de negocios globalizado y desafiante, la diferenciación, productividad y la competitividad son condiciones necesarias para sobrevivir. Son la única vía para la continuidad operacional, relevancia y crecimiento de las empresas. Y aquí surge la paradoja: las actividades de I+D tienen un retorno de la inversión del orden del 30%, el doble que la inversión en capital físico, sin embargo, la baja inversión en I+D y la insuficiente actividad innovadora del sector productivo nos expone a la “destrucción creativa” que describen los últimos premios Nobel de Economía, quienes relevaron el rol clave que juega la innovación y el desarrollo tecnológico como determinante del crecimiento económico de largo plazo de los países. Y aquí surge la paradoja: a pesar de los altos retornos que tiene hacer I+D, del impacto que tiene para la productividad y competitividad empresarial, y de que existe un incentivo tributario administrado por Corfo para incentivar una mayor inversión empresarial en I+D, las empresas parecen no reaccionar.
Costos
El costo de esta inacción es cuantificable: en 2023, más de 1.800 empresas declararon realizar actividades de I+D, pero solo un tercio dijo conocer la Ley y apenas un 3,8% la utilizó. Esto significa que cada año el sector privado deja de rebajar de impuestos alrededor de US$262 millones por no usar la Ley I+D. Son recursos que, de haberse reinvertido en conocimiento, desarrollo tecnológico y nuevos negocios, podrían haber aumentado el gasto en I+D de un 0,41% a un 0,48 del PIB.
Los resultados de la Ley I+D en 2025, sin embargo, nos dan esperanza. Se consolidó como el segundo año con mayor monto certificado en la historia del instrumento, alcanzando los $268.534 millones. Con esto, la Ley ya ha certificado más de $1,3 billones de pesos en proyectos de I+D desde 2012, mientras que la extensión de su vigencia hasta 2035 nos entrega una certeza regulatoria fundamental para que más empresas se atrevan a certificar su I+D.
Estudio
Para entender qué las impulsa a hacer I+D, cómo organizan estos procesos y los resultados que traen, Corfo, en colaboración con el Círculo de Innovación de ICARE, realizó el estudio “Caracterización cualitativa de proyectos certificados bajo la Ley I+D”, con hallazgos reveladores. Las empresas analizadas, Enaex, Solutec, Knop, ABIO y Colbún, de diversos tamaños, sectores y regiones, demuestran que la I+D es una respuesta estratégica a necesidades concretas: mejorar la competitividad y productividad, satisfacer las necesidades cada vez más exigentes de los clientes, cumplir regulaciones que dan licencia para dar continuidad operacional e impulsar la expansión a nuevos mercados.
Estas empresas nos enseñan que la innovación es un proceso estratégico que se construye y se sostiene en el tiempo. No es un acto de genialidad aislado, sino una capacidad organizacional que se desarrolla gradualmente y se instala en la cultura de las empresas con convicción, desde su directorio hasta las áreas comerciales, financieras, técnicas y operativas. Además, rompen con el mito de que la I+D es solo para grandes corporaciones o sectores de alta tecnología. Y desmitifican la supuesta burocracia estatal que empantana la certificación de proyectos de I+D: en 2025, 8 de cada 10 proyectos presentados a Corfo fueron certificados. Claramente hay empresas que están desaprovechando la oportunidad de acceder a rebajas tributarias efectivas, por desconocimiento y prejuicios.
Para contrarrestar los prejuicios e inspirar al mundo empresarial, el Círculo de Innovación de ICARE organizó “Human: Innovan las personas”, un ciclo de encuentros donde hicimos un llamado a la acción a través de las historias de grandes empresarios que han entendido su rol clave en los negocios. Roberto Angelini, Sandro Solari, Salvador Said, y Jean Paul Luksic nos contaron generosamente cómo se innova e incorporan tecnologías en sus industrias, relevando el rol fundamental que juegan los directorios y dueños de empresas en instalar culturas de innovación en las organizaciones. Porque innovan las personas y se requiere de líderes activos y con visión de largo plazo que sostengan estos esfuerzos en el tiempo. Solo así se verán los resultados en productividad y competitividad.
Brechas
Y ese liderazgo comienza con una pregunta fundamental: ¿por qué mi empresa no está haciendo I+D e innovación? ¿Es porque no puede o porque no quiere? El estudio demuestra que las barreras son más culturales que estructurales, es un tema de mindset. La aversión a la pérdida —ese temor a equivocarse que pesa más que la oportunidad de ganar— paraliza a muchas organizaciones. El riesgo, la falta de tiempo o la percepción de que “la innovación es para otros” son frenos que se pueden superar con visión, liderazgo y decisión.
Chile no puede permitirse seguir atrapado en la baja productividad. La I+D y la innovación son el camino para construir una economía más diversificada y resiliente; la Ley I+D, un viento a favor para quienes deciden emprenderlo. La decisión, ahora, está en manos del mundo empresarial porque son un motor clave de la economía del país. Ustedes son los llamados a liderar esta transformación asumiendo el riesgo de implementar con convicción acciones concretas que marquen la diferencia e inspiren a que otros se sumen, porque si queremos resultados distintos tenemos que hacer las cosas diferente. Es hora de cambiar el mindset, de atreverse, de perseverar, de sostener la apuesta en el tiempo. De incomodarse, de abrazar la incertidumbre y de invertir en lo único que garantiza supervivencia en el futuro: el conocimiento, la tecnología y la innovación.


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