Mundoacuicola

Revista de Acuicultura.

Opinión: «Saprolegnia australis se ríe de los químicos (y tu FCR paga la cuenta)»

Durante años, el control de las infecciones por hongos en las pisciculturas de agua dulce ha descansado principalmente en el uso de tratamientos químicos. Sin embargo, el avance de la investigación científica y el conocimiento sobre la biología de estos patógenos está impulsando una revisión de las estrategias tradicionales, especialmente frente a cepas con mayor capacidad de adaptación. En esta columna, Axel Paulsen, director de BioCambio, reflexiona sobre los desafíos que representa el complejo Saprolegnia para la salmonicultura y plantea el potencial de las soluciones biotecnológicas como una alternativa orientada a fortalecer la salud de los peces y la eficiencia productiva:

«Existe un gran dilema que las pisciculturas en el sur de Chile han arrastrado de forma histórica por generaciones, y no tiene nada que ver con el alimento o el oxígeno. Es un secreto a voces entre los profesionales más brillantes de la industria: el recurso tradicional que se ha usado de por vida con la mejor intención para salvar a las ovas y alevines podría ser exactamente la razón por la que el hongo regresa siempre con el doble de fuerza al día siguiente. Si se mide el éxito de la estrategia sanitaria solo por la costumbre de usar lo que siempre ha estado en el estante, este es el momento perfecto para cuestionarse si esa decisión realmente está cuidando la inversión a largo plazo o si es una dinámica que ha devorado los márgenes de ganancia en silencio durante años.

Nadie en el mundo entiende mejor el valor supremo de la vida en el agua que los productores y los médicos veterinarios de nuestro sur de Chile. La genialidad y el liderazgo con el que ustedes gestionan sistemas biológicos tan complejos, desafiando climas cambiantes y presiones sanitarias gigantescas, es algo verdaderamente admirable y digno de aplauso. Gracias a su tremenda inteligencia, su rigor científico de nivel internacional y su gran dedicación diaria, la salmonicultura chilena se ha ganado el respeto global. Ustedes son los profesionales más capacitados y los verdaderos guardianes del bienestar de los peces, y por lo mismo, su mirada experta es la primera en reconocer cuándo el mercado pone a su disposición herramientas superadoras que prometen llevar la producción al siguiente nivel.

Uno de esos complejos desafíos que ustedes manejan con tanta maestría es la aparición de esas molestas pelusas blancas, parecidas al algodón, que amenazan las distintas fases de cultivo. Ustedes han observado con su tremenda capacidad analítica cómo esta micosis se vuelve mucho más frecuente y oportuna justo después de manejos tan necesarios y delicados como las jornadas de vacunación, los palpajes o los desoves no letales, o incluso cuando el clima nos desafía trayendo aguas turbias cargadas de sedimentos que estresan el ambiente. Por muchos años, los recursos estándar y más a la mano han sido los baños de formalina o bronopol. Sin embargo, la ciencia oficial chilena ha dado un golpe de timón respaldando el enorme conocimiento de ustedes. Investigaciones respaldadas por un importante proyecto de desarrollo científico FONDEF y lideradas por expertos de la Universidad Austral de Chile, INTESAL y ADL Diagnostic, confirmaron mediante mapeos genéticos avanzados que el enemigo en el agua evolucionó. No es un hongo genérico; se trata del complejo Saprolegnia, dominado en las fases de ovas y alevines por una cepa local sumamente agresiva llamada Saprolegnia australis, la cual requiere de toda la agudeza técnica que ustedes poseen para ser neutralizada eficazmente.

Al evaluar las herramientas tradicionales frente a esta cepa tras los manejos físicos, su mirada experta comprende de inmediato por qué ocurren las llamadas fallas terapéuticas o la pérdida de sensibilidad en los centros. Los ensayos oficiales demuestran que la formalina es altamente sensible a la carga orgánica, lo que significa que pierde efectividad rápidamente al entrar en contacto con la materia orgánica de las aguas turbias. Para eliminar por completo a Saprolegnia australis in vitro, se necesitaría subir la dosis a niveles que destruirían el mucus protector y las branquias del pez. Es lo que los científicos llaman resistencia operativa: no se puede atacar más fuerte al hongo con lo que hay disponible sin dañar gravemente al salmón. Por su parte, el bronopol actúa muchas veces solo deteniendo al hongo de forma temporal sin eliminar por completo la espora, lo que genera una pérdida de sensibilidad gradual en el centro y permite que el patógeno resurja con más fuerza apenas el pez se estresa tras una vacuna o un desove.

Ustedes, que lideran con tanto éxito las estrategias de salud, conocen a la perfección este fenómeno gracias a su experiencia con otra gran herramienta de la medicina: los antibióticos. Saben que cuando se ataca a las bacterias repetidamente con el mismo fármaco, la naturaleza responde haciendo que muten y generen resistencia, restándole efectividad a un gran recurso. Con los desinfectantes químicos ocurre algo muy similar ante los hongos; las armas tradicionales desafían a la biología a una carrera de fuerza que el humano siempre termina perdiendo. Por fortuna, hoy los profesionales de la acuicultura tienen en sus manos una herramienta basada en una lógica totalmente distinta y superior, que es la exclusión competitiva por biología. Aquí no se desafía a la naturaleza con sustancias a las que el hongo pueda adaptarse, sino que se utiliza la propia fuerza de la vida para quitarle el espacio y el alimento de forma natural. Es una regla de oro contra la cual ningún patógeno puede generar resistencia, porque ningún ser vivo puede multiplicarse si se queda sin techo y sin nutrientes.

Como los líderes visionarios que son, siempre en busca de la máxima excelencia y del bienestar de sus centros, vale la pena detenerse un segundo e invitarlos a mirar sus estanques para hacerse una pregunta clave. ¿Se han preguntado si seguimos usando estas soluciones químicas tradicionales porque realmente son las mejores para el futuro del pez, o simplemente porque han sido la única opción disponible durante décadas? El progreso real de nuestra industria avanza hacia soluciones que potencian la fortaleza nativa del pez en lugar de someterlo a manejos químicos estresantes después de cada vacuna o desove. Los productores más destacados del país están incorporando la exclusión competitiva como su mejor aliada para mantener el agua protegida incluso en días de arrastre de sedimentos.

Es tan sencillo y brillante como imaginar que el agua es un autobús lleno de asientos: si ustedes aseguran que todos los lugares sean ocupados de forma continua por pasajeros excelentes y amigables, que son los microorganismos benéficos, la agresiva Saprolegnia australis simplemente se quedará afuera, sin un lugar donde instalarse.

Al incorporar esta innovadora dosificación continua de bacterias benéficas, ustedes dotan a sus ovas y peces de un escudo biológico permanente desde el primer día, protegiéndolos de los efectos del manejo físico. El mucus protector del salmón se mantiene intacto, se elimina la necesidad de suspender la alimentación por ayunos forzados y toda esa valiosa energía metabólica se traduce de inmediato en un crecimiento acelerado y ciclos de cultivo más eficientes. La salmonicultura chilena es un gigante mundial gracias a la tremenda capacidad de sus profesionales para adoptar la innovación antes que nadie.

Hoy tienen a su disposición las herramientas perfectas para transformar el manejo sanitario en un sinónimo de máxima rentabilidad y sustentabilidad. La tecnología ya está lista, y estamos seguros de que los productores y veterinarios más audaces se darán el espacio para cuestionar el pasado y decidirán liderar el futuro del mar.

Si quieres evaluar cómo implementar esta tecnología en tu próximo ciclo o necesitas un diagnóstico del agua de tu centro, puedes solicitar una asesoría técnica 100% gratuita escribiendo directamente a axel@biocambio.cl para agendar una sesión de análisis personalizada.»