
Las intensas lluvias asociadas a los sistemas frontales que han afectado a la Región del Biobío han sido un punto central en la discusión pública. El fenómeno ha sido monitoreado por especialistas, quienes explican que las precipitaciones actuales están actuando sobre un terreno saturado por las lluvias registradas durante las últimas semanas, lo que acelera la respuesta hidrológica de las cuencas. Así, últimamente, la serie de sistemas frontales que afectan a la zona centro-sur del país, provocan con mayor recurrencia crecidas de cauces, y diversas emergencias en la región.
Los académicos de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dr. Jorge León (Facultad de Ciencias, Centro de Energía) y Dr. Diego Caamaño (Facultad de Ingeniería, Centro CIBAS), ambos docentes del Magíster en Medio Ambiente, programa dependiente de las facultades de Ciencias e Ingeniería, analizaron el escenario actual y coincidieron en la importancia de comprender estos fenómenos desde una perspectiva integral, donde el conocimiento científico pueda contribuir tanto a la prevención como a la toma de decisiones.
Aumento del caudal del río Biobío versus cuencas costeras
El Dr. Jorge León explicó que el comportamiento hidrológico observado en diversas cuencas de la región se desarrolla dentro de un patrón de respuesta esperado para eventos de precipitación de alta intensidad. «Aun así, a nivel de la macro-cuenca del río Biobío, preocupante sería superar los 10 mil metros cúbicos por segundo en la desembocadura y muy preocupante acercarse a los 15 mil», situación que aún hemos estado lejos de superar.
«Existe una alta probabilidad de que enfrentemos nuevos eventos de precipitación durante las próximas semanas y, con los embalses (hidroeléctricos y de almacenaje) con menor capacidad de acumulación, deberíamos ver un aumento más rápido de caudal en el río Biobío. Sin embargo -a pesar de las numerosas noticias falsas que circulan en redes sociales- nuestra mayor preocupación no debiese centrarse en nuestro gran río, sino más bien en cuencas costeras que nos han demostrado continuamente que son de mayor riesgo”, enfatizó.
En ese contexto, el académico llamó a la ciudadanía a mantener medidas preventivas y evitar acercarse a cauces durante el desarrollo del sistemas frontales. «Por precaución, claro, no hay que ir a mirar ríos, están corriendo con mayor velocidad y ocupando zonas con vegetación, lo que incrementa el riesgo para las personas», añadió.
Una cuenca que debe analizarse de manera integral
Desde una perspectiva de cuenca, el Dr. Diego Caamaño explicó que para comprender el comportamiento del río no basta con considerar únicamente cuánta lluvia cae. También resulta fundamental observar cómo las precipitaciones se distribuyen espacial y temporalmente y qué proporción de esa agua termina efectivamente incorporándose a los cursos fluviales.
El académico señaló que el Biobío corresponde a una cuenca de gran extensión, donde las precipitaciones no se producen de manera homogénea. Factores como la altura de la isoterma cero pueden modificar significativamente la respuesta hidrológica: una isoterma más elevada implica menor acumulación de nieve y una mayor proporción de precipitación líquida que puede incorporarse directamente a los ríos.
A ello se suma el comportamiento de los distintos sistemas que forman parte de la cuenca, los cuales responden de manera diferente dependiendo de dónde y con qué intensidad se concentren las precipitaciones.
El Dr. Caamaño explicó que el análisis de las estaciones de monitoreo permite observar cómo los caudales van variando tanto en el tiempo como a lo largo de la cuenca y cómo las ondas de crecida se proyectan hacia la parte baja del río Biobío. “En los eventos de las últimas semanas, las precipitaciones han tenido una distribución espacial amplia, lo que también ha incidido en la manera en que la cuenca responde a las lluvias”, comentó.
Academia y sistemas de alerta temprana
Más allá del monitoreo de los eventos actuales, los especialistas plantean que el conocimiento generado desde las universidades debe aportar directamente a fortalecer las capacidades de prevención y respuesta de las instituciones y comunidades.
El Dr. Caamaño valoró los avances que se han registrado en materia de gestión de emergencias, particularmente mediante SENAPRED y el Sistema de Alerta de Emergencia (SAE), herramientas que han permitido que conceptos como las alertas amarillas y rojas sean cada vez más reconocidos por la ciudadanía.
En este escenario, destacó que la academia puede aportar conocimiento científico que permita seguir perfeccionando estas herramientas, especialmente mediante el desarrollo de sistemas capaces de anticiparse a las crecidas.
«El rol de la academia en ese contexto es, justamente, impulsar esas mejoras. ¿Cómo podemos, desde la investigación universitaria, generar el conocimiento necesario para optimizar los sistemas de alerta temprana? La clave está en no esperar que el río reaccione, sino en anticiparnos analizando las etapas previas de la amenaza: cuantificando la lluvia y pronosticando la precipitación efectiva para predecir el impacto con mayor antelación”, complementó.
De esta manera, el aporte científico no se limita a explicar un fenómeno una vez que ocurre, sino que también puede entregar antecedentes que contribuyan a anticipar escenarios y respaldar la toma de decisiones frente a eventos meteorológicos extremos.
Bajo esa misma línea, el Dr. Jorge León agregó que “otra cosa es que siendo una de las provincias o regiones con mayor capital humano avanzado, no logremos que los modelos de alerta sean socialmente conocidos y validados, además de los avisos que llegan al celular. Así en este tipo de eventos son muchas las noticias falsas que generan alerta y pocas las voces desde la academia que ayuden a reducir la desinformación”.
De reaccionar a planificar
Para Caamaño, junto con las medidas inmediatas que debe adoptar la población frente a una emergencia, existe un desafío de largo plazo relacionado con disminuir las vulnerabilidades de los territorios.
«Cuando el pronóstico confirma que habrá una precipitación capaz de desbordar un río, la prioridad absoluta es proteger la vida. Si te encuentras en una zona de riesgo, la medida fundamental es evacuar de inmediato”, añadió.
Sin embargo, sostuvo que ese tipo de acciones corresponden a una respuesta reactiva. La tarea de fondo está relacionada con la planificación territorial y con comprender los sistemas fluviales de manera integrada.
«Las amenazas naturales siempre han existido y seguirán ocurriendo. Sin embargo, el riesgo de desastre aumenta cuando nos volvemos más vulnerables. El desafío actual es planificar nuestras ciudades y comunidades de manera que esa vulnerabilidad disminuya gradualmente” explicó.
En este sentido, enfatizó que las intervenciones no deberían analizarse de manera aislada, sino considerando la totalidad de la cuenca y las relaciones existentes entre sus distintos sectores.
El desafío de las ciudades
El análisis también alcanza a las zonas urbanas. El Dr. Caamaño explicó que las inundaciones pueden tener diferentes orígenes, desde el desborde de un curso de agua hasta la saturación de los sistemas destinados a evacuar aguas lluvias.
Las características de las precipitaciones han ido modificándose en términos de su distribución espacial y temporal. Eventos en los que una gran cantidad de agua cae durante periodos más acotados pueden superar rápidamente la capacidad de los sistemas urbanos.
Por ello, junto con actualizar criterios de diseño, el académico relevó la importancia de la mantención de la infraestructura existente.
«Debemos enfocarnos en el mantenimiento preventivo, mantener los colectores de aguas lluvias limpios y despejados es indispensable para que la infraestructura responda con eficacia y evacué adecuadamente el caudal de agua para el que fue diseñado”, aseguró el académico.
Estas acciones, sumadas a una adecuada planificación territorial y al fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, permiten avanzar desde una lógica centrada exclusivamente en reaccionar ante las emergencias hacia otra enfocada en reducir previamente las condiciones de vulnerabilidad.
En un escenario donde los eventos de precipitaciones intensas seguirán representando un desafío para la Región del Biobío, el conocimiento científico y el trabajo articulado entre academia, instituciones públicas y ciudadanía adquieren especial relevancia. El monitoreo de los cauces, el acceso a información oficial, la planificación territorial y la generación de herramientas que permitan anticipar escenarios constituyen elementos fundamentales para tomar mejores decisiones y disminuir los riesgos para las comunidades.

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