
Contar con más información sobre las condiciones ambientales de una concesión podría mejorar las decisiones de diseño de los centros de cultivo y reducir parte de la incertidumbre que hoy debe ser absorbida mediante factores de seguridad. Así lo plantea Juan Pablo Vera, ingeniero naval, máster en Ingeniería de Puertos y Costas y encargado de Ingeniería de Estructuras y Fondeos de Mowi Chile.
El profesional abordó estos desafíos durante la conferencia “Cómo diseñamos un centro utilizando la Resolución 1821”, realizada en la Universidad de Los Lagos en el marco de la Segunda Reunión Zonal Sur de la Asociación Chilena de Ingeniería de Puertos y Costas (ACHIPYC).
La normativa significó, según explicó, un cambio relevante respecto de la forma en que anteriormente se desarrollaban los estudios de ingeniería. Mientras antes la memoria de cálculo de fondeo se apoyaba fundamentalmente en antecedentes como batimetría y correntometría, la Resolución 1821 amplió las variables consideradas y estableció con mayor detalle qué información debe levantarse, cómo debe obtenerse y de qué manera debe ser procesada.
Entre esas variables se incorporaron mediciones de viento y oleaje, antecedentes que permiten caracterizar mejor las condiciones a las que estarán sometidas las estructuras y tomar decisiones sobre aspectos como su ubicación y orientación dentro de la concesión.
Más información para reducir incertidumbre
Para Vera, uno de los principales espacios de mejora está precisamente en la caracterización del sitio, particularmente en las mediciones de oleaje y corrientes.
“Cuando tenemos más datos, bajamos la incertidumbre, y si bajamos la incertidumbre podemos manejar mejor los factores de seguridad”, sostuvo.
Actualmente, explicó, las mediciones consideradas por la Resolución 1821 contemplan una determinada ventana temporal que posteriormente debe complementarse con procesamiento y herramientas de modelación para llegar a las condiciones utilizadas en el diseño.
El especialista contrastó esta situación con la normativa noruega, donde ciertos levantamientos pueden extenderse durante periodos de entre tres y nueve meses. Contar con series de información más amplias, planteó, permitiría disminuir progresivamente la incertidumbre asociada a las condiciones ambientales del sitio.
Esto adquiere importancia porque los factores de seguridad utilizados actualmente pueden llegar a incidir incluso en la viabilidad de una concesión todavía no desarrollada.
“Hoy en día creo que nadie puede negar que las magnitudes de diseño y los factores de seguridad son generosos. Pero en nuevos sitios, no explorados, esto puede traducirse en hacerlo inviable, al no poder responder a las magnitudes de diseño aumentadas“, explicó.
El desafío, precisó, está en encontrar un equilibrio entre obtener más información, los costos asociados al levantamiento de datos y los tiempos necesarios para desarrollar los proyectos.
Jaulas, fondeos y redes
La discusión no se limita a la caracterización ambiental. Vera recordó que un centro de cultivo está compuesto por distintos elementos que deben diseñarse y mantenerse de acuerdo con las condiciones específicas del lugar, entre ellos las estructuras flotantes, los sistemas de fondeo y las redes que contienen a los peces.
Desde su experiencia, sostuvo que los sistemas de fondeo cuentan actualmente con un nivel de desarrollo técnico importante y que las redes son objeto de revisiones periódicas. En cambio, identificó mayores desafíos en la forma de respaldar el comportamiento estructural de las balsas jaulas.
El profesional señaló que los dos últimos grandes siniestros que tiene como referencia estuvieron relacionados con estructuras flotantes y no con fondeos o redes. A partir de ello, planteó como desafío que los fabricantes continúen avanzando en la validación y comprobación de la resistencia de sus diseños.
Vera mencionó también la posibilidad de utilizar modelos, ensayos y otras herramientas de ingeniería para generar mayor evidencia sobre el comportamiento de estos componentes antes y durante su utilización.
Una discusión técnica que busca continuidad
Otro de los desafíos aparece cuando las estructuras comienzan a acumular años de operación. Vera señaló que todavía existen aspectos donde los criterios para evaluar su condición y determinar su continuidad de uso no están completamente definidos.
En ese ámbito, destacó la importancia de contar con trazabilidad y registros que permitan conocer el comportamiento de los componentes durante su vida útil y avanzar hacia metodologías objetivas para evaluar su estado.
A su juicio, estas materias requieren una discusión técnica permanente entre profesionales, empresas, academia y organismos públicos, en lugar de depender exclusivamente de modificaciones regulatorias puntuales.
Ese es también uno de los objetivos que busca impulsar la Zonal Sur de ACHIPYC. La agrupación reúne a profesionales vinculados a ingeniería marítima, infraestructura costera, navegación y acuicultura, con la intención de generar espacios de discusión técnica desde las regiones donde se concentra una parte importante de la actividad acuícola.
La segunda reunión zonal, realizada en la sede Chinquihue de la Universidad de Los Lagos, reunió de manera presencial y remota a 34 profesionales de distintas especialidades. La organización proyecta continuar durante los próximos meses con nuevas instancias abiertas a profesionales, académicos y actores relacionados con la industria.
Para Vera, contar con espacios capaces de ordenar estas inquietudes técnicas podría ayudar a generar propuestas y antecedentes que posteriormente lleguen a las autoridades y contribuyan a futuras revisiones de la regulación.

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