
Raimundo Vives Fontaine, gerente comercial de DVS Tecnología S.A., cuestiona el enfoque en la recuperación del Lago Vichuquén. Frente a la narrativa que atribuye su deterioro a un “colapso metabólico” y propone bioaumentación halotolerante, plantea un diagnóstico distinto: el problema no es biológico, sino redox y termodinámico. La columna sostiene que sin restablecer los flujos verticales y el balance energético del sistema, ninguna solución biotecnológica logrará resultados sostenidos.
«El Lago Vichuquén exhibe hoy una condición inequívoca: estratificación denso-salina con un hipolimnio que alcanza ~16 PSU y persistente anoxia. Ese diagnóstico es correcto. Lo discutible es la narrativa que atribuye el deterioro a un “colapso metabólico” por estrés osmótico y propone la bioaumentación halotolerante como vía principal de solución.
Conviene empezar por lo básico. 16 PSU no constituyen un umbral letal para la microbiota ambiental. En estuarios y lagunas costeras operan comunidades heterótrofas activas a salinidades mayores. La plasmólisis es una respuesta a cambios osmóticos bruscos, no a condiciones estabilizadas. En sistemas mixohalinos crónicos, las bacterias ajustan su balance osmótico mediante solutos compatibles y regulación iónica. El fondo de Vichuquén no está biológicamente “inhibido por salinidad”; está redox-limitado, dicho de otro modo, la actividad biológica está restringida por falta de aceptores electrónicos oxidantes disponibles.
La secuencia metabólica en un hipolimnio aislado es conocida: agotado el O₂, el sistema transita por desnitrificación, reducción de Mn(IV) y Fe(III), sulfatoreducción y metanogénesis. Estos procesos no implican ausencia microbiana, sino menor rendimiento energético. La consecuencia es acumulación de Fe²⁺, NH₄⁺, H₂S y CH₄, junto con la liberación de fósforo ligado a hierro férrico reducido. La eutrofización se sostiene por carga interna. No faltan “enzimas adecuadas”; faltan aceptores de electrones de alto potencial.
Presentar la oxigenación profunda como “paliativa” confunde técnica con ejecución. No es lo mismo aireación superficial que corriente vertical forzada (CVF). Esta última no se limita a inyectar aire: rompe la haloclina funcional, homogeneiza densidades y transporta oxígeno al hipolimnio. El resultado es una reconfiguración termodinámica: Fe²⁺ → Fe³⁺, inmovilización de P, supresión de sulfatoreducción y desplazamiento hacia respiración aerobia, metabólicamente más eficiente para mineralizar materia orgánica. Es física aplicada a la biogeoquímica.
La promesa de “eliminar el pasivo ambiental” mediante bioaumentación merece cautela. El fósforo no desaparece por decreto biotecnológico: se transforma y permanece en el balance de masas. La biomasa introducida crece, respira, muere y sedimenta. Los gases producidos, particularmente el CO₂ y el metano, no son simbólicos, sino emisiones reales. Y la evidencia revisada por pares sobre reducciones sostenidas de lodos en lagos estratificados vía inoculación exógena es, siendo generosos, limitada.
Invocar la “Economía Azul” no sustituye la termodinámica. En sistemas mixohalinos, la física gobierna la química y la química gobierna la biología. Pretender resolver una limitación redox añadiendo microorganismos es como intentar encender un motor sin combustible cambiando al conductor. Al final, el problema no es quién ejecuta el proceso, sino la energía disponible para que el proceso pueda ocurrir. La comunidad microbiana funcional ya está presente; lo que requiere es un entorno energético adecuado.
Vichuquén no necesita una épica microbiana, sino restaurar los flujos verticales de energía y materia que la estratificación mantiene bloqueados. La CVF no parece rimbombante, pero es una alternativa sólida y coherente con décadas de limnología aplicada: actúa sobre la causa estructural, reduce la carga interna y estabiliza el sistema sin introducir incertidumbres ecológicas adicionales. A veces, la solución no es más biotecnología, sino más física. La termodinámica, por ahora, sigue siendo menos impresionable que el marketing.»


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