
Como parte del Foro de Innovación y Tecnología FIT 2026, realizado en el Centro de Vinculación de Empormontt en Puerto Montt, se presentó una de las líneas de investigación que busca responder a uno de los principales desafíos sanitarios de la acuicultura: la resistencia a los antibióticos. La charla “Fagoterapia: Avances y aplicaciones en la Acuicultura”, expuesta por el profesor asociado del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, Jaime Romero, abordó el desarrollo de terapias basadas en bacteriófagos como herramienta para el control de enfermedades bacterianas en peces.
La fagoterapia se basa en el uso de bacteriófagos, virus que infectan bacterias específicas, provocando su destrucción mediante un proceso de lisis celular. A diferencia de los antibióticos, que actúan sobre un amplio espectro bacteriano, los fagos presentan una alta especificidad, lo que les permite actuar sobre patógenos concretos sin afectar otras comunidades microbianas. Esta característica ha posicionado a esta tecnología como una alternativa con menor impacto sobre la microbiota y el entorno.
“El fago actúa de manera altamente específica, como una llave que encaja en una cerradura determinada. Esa capacidad de reconocer a una bacteria en particular es lo que permite intervenir sin afectar otros microorganismos del sistema”, señaló el académico.
El interés por este tipo de soluciones se enmarca en el aumento sostenido de la resistencia antimicrobiana, fenómeno que ha generado preocupación a nivel global y que también afecta a la acuicultura. En el caso chileno, uno de los principales desafíos sanitarios es la infección por Piscirickettsia salmonis, patógeno responsable de importantes pérdidas productivas y que ha sido tratado históricamente mediante el uso de antibióticos, lo que ha abierto cuestionamientos sobre su sostenibilidad en el tiempo.
Herramienta preventiva
En este contexto, la fagoterapia se proyecta como una herramienta principalmente preventiva, orientada a reducir la carga bacteriana en el ambiente antes de que los patógenos alcancen niveles capaces de generar infección en los peces. Su mecanismo de acción incluye la capacidad de replicarse dentro de la bacteria objetivo, liberando nuevas partículas virales que continúan el proceso sobre otras bacterias, lo que permite una disminución rápida de la población bacteriana.
Entre sus ventajas, se considera su especificidad, su potencial menor impacto ambiental y su degradación más rápida en comparación con los antibióticos. Además, al estar compuestos por estructuras biológicas, los fagos no presentan los mismos tiempos de permanencia en el ambiente o en los organismos tratados, lo que abre la posibilidad de su uso sin períodos de carencia asociados.
Sin embargo, su aplicación enfrenta desafíos relevantes. La alta especificidad de los fagos exige identificar con precisión el patógeno objetivo, lo que implica desarrollar soluciones particulares para cada bacteria. A esto se suma la necesidad de comprender en mayor profundidad su comportamiento dentro del organismo de los peces, especialmente en relación con su capacidad de sobrevivir a condiciones como la acidez del sistema digestivo y alcanzar los tejidos donde se localizan las infecciones.
En paralelo, el desarrollo de esta tecnología requiere avanzar en su validación a escala productiva. Actualmente, gran parte de los estudios se concentran en etapas experimentales, por lo que uno de los focos de investigación es su escalamiento a sistemas de cultivo de mayor volumen, junto con la definición de condiciones que permitan mantener concentraciones efectivas de fagos en el tiempo.
“La implementación de esta tecnología requiere estudiar el sistema completo, entender cuántas bacterias hay, cómo se comportan y en qué condiciones se va a aplicar. No es una solución genérica, sino que debe ajustarse a cada escenario productivo”, planteó el investigador.
Aplicaciones
En el ámbito aplicado, se han desarrollado investigaciones en torno a distintos patógenos relevantes para la acuicultura, incluyendo bacterias multirresistentes asociadas a sistemas de cultivo y etapas tempranas de producción. Estos avances buscan ampliar el rango de acción de la fagoterapia y evaluar su desempeño en condiciones más cercanas a la operación real.
Pese a estos avances, la fagoterapia aún se encuentra en una fase de desarrollo que requiere mayor conocimiento científico, particularmente en lo relativo a la interacción entre fagos, bacterias y el sistema inmune de los peces. Su potencial como herramienta sanitaria es reconocido, aunque su incorporación a la industria dependerá de su validación técnica, su escalabilidad y su integración con otras estrategias de control.
“El desarrollo de estas herramientas requiere tiempo, investigación y una comprensión profunda de los sistemas biológicos involucrados, pero abre oportunidades relevantes para avanzar hacia soluciones más específicas y sostenibles”, concluyó Jaime Romero en su exposición en el FIT 2026.
La investigación en fagos se posiciona así como una línea emergente dentro de la acuicultura, con proyecciones asociadas a la reducción del uso de antibióticos y al desarrollo de soluciones más específicas para el control de enfermedades bacterianas en sistemas productivos.

Noticias relacionadas
Cal Austral destaca avances en economía circular y trabajo comunitario en Chiloé