Mundoacuicola

Revista de Acuicultura.

Opinión: Algas, cambio climático y el desafío de hacer ciencia en el sur

En esta columna, el Dr. Alejandro Buschmann, investigador del Centro i-mar de la Universidad de Los Lagos, analiza el rol de las algas frente al cambio climático, su potencial para la innovación y la necesidad de fortalecer la ciencia y el desarrollo tecnológico en el sur de Chile.

El 4 de junio se celebra el Día de las Algas, una fecha que pasa casi desapercibida, pero que nos invita a mirar con otros ojos a estos organismos que habitan nuestros mares, ríos y lagos.  Las algas son fundamentales para la vida en el planeta: desde formas microscópicas hasta grandes bosques submarinos, llevan millones de años realizando fotosíntesis, aprovechando la energía del sol y transformando el dióxido de carbono y el agua en materia orgánica y liberando oxígeno.  Ese oxígeno, que se fue acumulando lentamente en la atmósfera, hizo posible la existencia de animales y, finalmente, la nuestra.

En el mar encontramos dos grandes grupos: las microalgas, invisibles a simple vista y que forman el fitoplancton, y las macroalgas, que sí podemos ver y tocar.  Algunas de estas macroalgas alcanzan varios metros de longitud y forman verdaderos bosques submarinos.  En el sur de Chile, esos bosques están dominados por una especie muy conocida en nuestras costas: el huiro flotador, cuyo nombre científico es Macrocystis pyrifera.  Su riqueza biológica es tan impresionante que, cuando Charles Darwin navegó por el canal Beagle, comparó estos bosques submarinos con la biodiversidad de los bosques tropicales de Brasil.

Hoy sabemos que estos bosques de algas no solo son hermosos, sino también cruciales para la salud de nuestros ecosistemas.  Por una parte, dan refugio y alimento a una gran diversidad de especies marinas.  Por otra, tienen la capacidad de absorber nutrientes disueltos en el agua, como nitrógeno, fósforo y carbono.  En un contexto en el que varias actividades humanas —como la agricultura, la acuicultura y el vertido de aguas residuales— aportan grandes cantidades de nitrógeno y fósforo al mar, este papel de las algas se vuelve especialmente importante.  El exceso de nutrientes puede desencadenar el desarrollo de algas nocivas, con impactos directos en la calidad del agua, la pesca y, en última instancia, en nuestra salud y en la economía local.

Beneficio ecosistémico

Por estas razones, ha crecido el interés en conservar los bosques de huiro y en reducir su extracción indiscriminada, promoviendo, en cambio, su cultivo en el mar.  Cuando las algas crecen, incorporan nutrientes a sus tejidos y, al cosecharlas, retiramos parte de esos nutrientes del sistema costero.  Esta lógica es relativamente directa para el nitrógeno y el fósforo, pero el caso del carbono es más complejo.  Si bien las algas capturan dióxido de carbono durante su crecimiento, las actividades de cultivo, transporte y procesamiento generan nuevas emisiones de este gas.  En la práctica, muchas veces las algas ayudan a reciclar carbono dentro del sistema más que a secuestrarlo de manera permanente.  Pensar que, por sí solas, resolverán el cambio climático sería simplificar demasiado el problema.

A la vez, las algas se han convertido en un recurso muy atractivo para la industria biotecnológica, debido a la gran variedad de compuestos químicos que producen y que pueden usarse en alimentos, farmacéuticos, cosméticos y otros productos innovadores.  Esto abre oportunidades económicas para regiones costeras como la nuestra, pero también nos obliga a preguntarnos bajo qué modelo de desarrollo queremos avanzar: uno que solo extraiga recursos o uno que los use de manera responsable, integrando la conservación de la biodiversidad y la calidad ambiental.

Nada de esto será posible sin ciencia.  Conservar los bosques de algas, utilizarlos para mejorar la calidad del agua en zonas afectadas por nuestras actividades y desarrollar nuevos productos a partir de ellos requiere conocimiento nuevo y local.  Necesitamos investigación básica que nos permita entender mejor estos ecosistemas y, al mismo tiempo, desarrollo tecnológico que transforme ese conocimiento en prácticas productivas distintas, más innovadoras y sostenibles.

Por eso, es urgente construir en nuestra región un ecosistema robusto de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación que integre Universidades, centros de investigación, el sector productivo, el Estado y la comunidad.  Solo así podremos enfrentar con mayor preparación las incertidumbres del cambio climático y, al mismo tiempo, sostener en el tiempo la matriz productiva que hoy sostiene a tantas familias en el sur de Chile.  Cuidar las algas y los bosques submarinos es, en definitiva, cuidarnos a nosotros mismos y a las generaciones que vienen.