Mundoacuicola

Revista de Acuicultura.

Emprendedor de Aysén transforma residuos de la salmonicultura en paneles para viviendas

Emprendimiento en Aysén transforma residuos de salmonicultura en paneles para construcción, impulsando economía circular local.

En el sur de Chile, donde la distancia encarece los procesos y las condiciones climáticas imponen sus propios tiempos, los residuos industriales suelen verse como un problema difícil de resolver. Para Fernando Soto, en cambio, ahí había una oportunidad. Donde otros veían descarte, él vio una materia prima capaz de volver al circuito productivo y, además, quedarse en el territorio convertida en una solución concreta.

Desde Aysén, a través de su empresa Recircular, Soto ha impulsado un modelo que toma uno de los residuos más complejos de gestionar de la industria que es el poliestireno expandido, más conocido como plumavit, y lo transforma en paneles SIP para el sector habitacional. El proceso parte con la recepción de boyas y flotadores industriales provenientes de centros de cultivo. Luego, en planta, esos elementos se abren, se extrae el material interior y se trabaja hasta convertirlo en bloques que terminan formando parte de paneles prefabricados.

Lo que ocurre ahí no es solo una operación de reciclaje, sino que es una reconversión productiva con impacto local. Un material que antes representaba un problema ambiental y logístico vuelve a entrar al sistema con un nuevo propósito, esta vez ligado a la construcción, una actividad clave para el desarrollo regional. “Tenemos un modelo innovador de trabajo conjunto donde vinculamos dos industrias; por un lado, a la salmonicultura le resolvemos todo este problema del EPS, que es un residuo súper complejo de reciclar, y por otro lado, aportamos a la construcción fabricando estos paneles SIP”, explica Soto.

La apuesta tiene además un valor adicional en una zona como Aysén, donde la estacionalidad afecta fuertemente los tiempos de obra. Al tratarse de materiales prefabricados, los paneles permiten acelerar procesos constructivos, reducir faenas en terreno y disminuir la generación de escombros. En otras palabras, no solo resuelven un problema de residuos, también responden a una necesidad concreta del territorio.

Ahí está, precisamente, la fuerza del modelo. No se limita a sacar un material de circulación, sino que lo reintroduce en la economía regional bajo una lógica más eficiente, más útil y más conectada con las necesidades locales. Para Fernando, esa dimensión territorial no es secundaria, sino parte esencial del proyecto. “Una cosa que sí nos importa mucho es que la economía circular efectivamente se lleve a cabo, es decir, que se pueda valorizar residuos y que queden en las localidades donde se generan”, subraya.

Para que ese engranaje funcione, la disponibilidad de materia prima es clave. En esa parte de la cadena, AquaChile cumple un rol relevante como proveedor estratégico, entregando a Recircular boyas y flotadores que ya terminaron su vida útil en los centros de cultivo. Ese vínculo permite dar continuidad al proceso y transformar un residuo complejo en un insumo con valor económico y social.

Desde la organización destacan justamente ese círculo virtuoso. “El trabajo de Fernando es un claro ejemplo de cómo la industria y los emprendedores locales pueden colaborar de manera efectiva; nosotros aportamos el material que ya cumplió su ciclo productivo, y él, con gran capacidad operativa, lo reintegra a la comunidad transformándolo en un insumo clave para el desarrollo habitacional de nuestra región”, comenta Bernardita Lazo, del área de Comunidades de AquaChile.

La experiencia de Fernando Soto muestra cómo una solución nacida en Aysén puede generar valor a partir de un desafío concreto de la industria, vinculando sostenibilidad, innovación y desarrollo local.