
La investigadora Liliana A. Muñoz, del Núcleo Milenio de Agronomía Marina de Algas (MASH) financiado por la ANID, formó parte de un equipo internacional que descubrió dos nuevas especies de algas microscópicas marinas en islas remotas de los océanos Pacífico y Atlántico, además de ampliar el registro geográfico de una especie ya conocida al mar Mediterráneo.
En Rapa Nui (Chile), dentro de una cueva submarina, se aisló un alga parda que forma pequeños racimos de células capaces de crecer de manera independiente, un rasgo diferente a lo observado en especies emparentadas. Es por ello que este organismo constituyó una nueva especie, la cual fue nombrada Verosphacela henryi en honor al ficólogo Eric C. Henry, autor de la descripción del orden taxonómico Onslowiales, al que pertenece esta especie.
Asimismo, en el Golfo de Corinto (Grecia), una muestra de sedimento incubada en laboratorio permitió la emergencia de propágulos del alga Verosphacela ebrachia, especie perteneciente a las Onslowiales, ampliando así su distribución geográfica. En la isla Ascensión, frente a la costa de África, se encontró otra alga similar, pero que no produjo racimos celulares en laboratorio. Tras exhaustivos análisis moleculares y taxonómicos, se le atribuyó el estatus de nueva especie nombrándose Verosphacela asensii, en reconocimiento a Aldo O. Asensi, destacado taxónomo de la flora marina latinoamericana.
Los investigadores secuenciaron marcadores plastidiales, construyeron árboles filogenéticos y encontraron un soporte robusto para distinguir estas nuevas especies de otras algas Onslowiales. Este grupo, poco conocido dentro de las algas pardas (Phaeophyceae), está compuesto por especies microscópicas que suelen vivir como endófitas, es decir, creciendo dentro de otras algas. Debido a su tamaño reducido y hábito de vida discreto, han sido escasamente documentadas y su diversidad aún está en gran parte por descubrir.
El estudio es clave para comprender mejor la evolución, ecología y distribución de algas marinas en ecosistemas poco explorados. Para ello, los investigadores utilizaron granos de arena y pequeñas piedras recogidas del mar con el fin de “cultivar” estas algas en laboratorio mediante una técnica llamada “germling emergence”, lo que permitió observarlas con mayor detalle.
Sobre el hallazgo, la Dra. Muñoz señaló que este trabajo “demuestra lo mucho que aún queda por descubrir bajo el mar y cómo, desde la ciencia, podemos contribuir al conocimiento global sobre biodiversidad marina”.

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