
Un nuevo policy brief para América Latina y el Caribe plantea fortalecer el monitoreo de largo plazo, los sistemas de alerta temprana y las medidas de adaptación para la pesca y la acuicultura frente a la acidificación oceánica y costera, junto con incorporar este fenómeno de manera más sistemática en las políticas públicas y la planificación marina.
El documento, titulado Tomando acción sobre la acidificación oceánica en Latinoamérica y el Caribe: Aplicando Ciencia al Liderazgo Político, fue impulsado por la OA Alliance junto a instituciones como el Instituto Milenio SECOS, CEAZA, el Laboratorio de Ecosistemas Costeros y Cambio Global de la Universidad de Concepción e IFOP, además de una amplia red de organizaciones científicas y técnicas de la región.
La publicación busca traducir la evidencia científica disponible en recomendaciones para gobiernos, organismos financiadores, investigadores y organizaciones vinculadas a la gestión marina, con énfasis en reducir las fuentes de acidificación, aumentar las capacidades de observación y preparar a las actividades productivas dependientes del océano.
Riesgos para la producción
El documento distingue entre la acidificación oceánica, asociada principalmente con la absorción del dióxido de carbono emitido a la atmósfera, y la acidificación costera, que puede intensificarse por procesos locales como la descarga de nutrientes, las aguas residuales, la escorrentía agrícola, los aportes de agua dulce y la surgencia.
Estos cambios en la química marina pueden afectar especialmente a organismos que dependen de los carbonatos para desarrollar sus estructuras, entre ellos moluscos y corales, además de interferir en procesos como el crecimiento, la reproducción y la supervivencia de distintas especies.
El policy brief destaca la relevancia económica de esta problemática para una región que en 2022 produjo aproximadamente 17,7 millones de toneladas de productos pesqueros y acuícolas, equivalentes al 8% de la producción mundial.
Entre los sectores señalados como vulnerables se encuentran el cultivo de vieiras, mejillones, ostras y camarones, además de diferentes pesquerías y comunidades costeras cuya actividad depende de los recursos marinos.
Adaptación y alertas tempranas
Una de las principales recomendaciones es aumentar la inversión en monitoreo de largo plazo para establecer líneas de base, identificar tendencias y reconocer zonas donde las condiciones de acidificación puedan representar un mayor riesgo.
El documento propone que esta información se utilice para desarrollar sistemas de alerta temprana que permitan anticipar eventos críticos en zonas de cultivo y extracción, entregando herramientas de adaptación a pescadores artesanales y productores acuícolas.
También plantea impulsar investigación en selección genética de organismos con mayor capacidad de respuesta frente a cambios en la química del agua, mejorar prácticas de cultivo y favorecer la diversificación productiva.
En Chile, el informe destaca que IFOP mantiene desde 2024 estaciones permanentes de monitoreo en áreas cercanas a sitios de cultivo de mejillones y salmón en el sur del país, como parte de una estrategia destinada a observar las condiciones ambientales, identificar tendencias y comprender los efectos de la acidificación costera.
Cinco líneas de acción
El policy brief organiza sus propuestas en cinco ámbitos principales: reducir las emisiones de carbono y las fuentes locales de contaminación; proteger y restaurar ecosistemas costeros y de carbono azul; aumentar la inversión en ciencia y monitoreo; fortalecer la adaptación de la pesca y la acuicultura; e incorporar la acidificación oceánica y costera en las políticas públicas y la planificación marina.
Entre otras medidas, plantea reforzar la reducción de nutrientes provenientes de aguas residuales y actividades agrícolas, proteger manglares, praderas marinas y bosques de algas, ampliar las capacidades científicas de la región e integrar los datos sobre acidificación en los compromisos asociados al ODS 14.3.1.
El documento también recomienda desarrollar plataformas abiertas para compartir información y ampliar la participación de comunidades costeras en programas de observación y ciencia ciudadana.
Ciencia y decisiones
Cristian Vargas, investigador del Instituto Milenio SECOS, académico de la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad de Concepción y director de ECCALab, destacó la importancia de vincular el conocimiento científico con herramientas útiles para las comunidades y los sectores productivos.
“La ciencia puede y debe actuar como un puente entre el conocimiento técnico y la acción local. Involucrar a las comunidades costeras en el monitoreo y la comunicación de resultados genera confianza y promueve la corresponsabilidad”, señaló.
El investigador agregó que la traducción de la información científica en herramientas como sistemas de alerta temprana puede facilitar la participación de las comunidades en la toma de decisiones y fortalecer las respuestas frente a los cambios ambientales.
A nivel de política pública, el documento propone incorporar la acidificación oceánica y costera en los planes nacionales relacionados con cambio climático, gestión oceánica y economía azul, además de fortalecer la cooperación regional y el financiamiento para investigación y monitoreo.

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