
La comunidad de bacterias que habita el intestino del salmón Atlántico de cultivo cambia de manera marcada a lo largo de su desarrollo y tiende a volverse menos diversa con el paso hacia etapas más avanzadas. Un estudio realizado con peces de Noruega, Irlanda y Escocia identificó además a la dieta como la principal fuente externa reconocible de microorganismos asociados a la microbiota intestinal, reforzando el interés por comprender cómo la alimentación y las condiciones de cultivo pueden influir en la salud intestinal de los salmones.
La investigación, publicada en Communications Biology, fue desarrollada por Wasimuddin, Håkon Pedersen Kaspersen, Snorre Gulla, Pimlapas Leekitcharoenphon, Frederik Duus Møller, Samantha White, Simon MacKenzie, Arne Holst-Jensen y Ottavia Benedicenti, pertenecientes al Instituto Veterinario Noruego, la Universidad Técnica de Dinamarca, el Marine Institute de Irlanda y la Universidad de Stirling, en Reino Unido.
El trabajo forma parte del proyecto europeo CIRCLES y analizó 847 muestras procedentes de salmones Atlántico, alimento y agua. Si bien la investigación incluyó tanto salmones de cultivo como poblaciones silvestres, para una realidad productiva como la chilena resultan especialmente relevantes los resultados obtenidos en peces criados bajo condiciones de acuicultura y a lo largo de distintas etapas de desarrollo.
La microbiota cambia durante el desarrollo
En los salmones de cultivo, los investigadores encontraron una tendencia consistente hacia una menor diversidad bacteriana a medida que avanzaba el desarrollo, patrón que se mantuvo en los tres países analizados pese a las diferencias existentes entre sistemas productivos y condiciones regionales.
El cambio estuvo acompañado por modificaciones importantes en la composición de esas comunidades. Entre ellas destacó un fuerte aumento de una variante bacteriana perteneciente al género Mycoplasma, cuya abundancia aumentó aproximadamente 7.000 veces entre las etapas tempranas y tardías analizadas. Al mismo tiempo, una mayoría de las variantes bacterianas que mostraron cambios significativos disminuyeron durante el desarrollo.
Los autores plantean que esta evolución puede responder a una combinación de factores, entre ellos la maduración del sistema inmune, los cambios en alimentación y las transformaciones fisiológicas asociadas al paso desde agua dulce a agua de mar. Sin embargo, todavía no está claro qué función cumplen muchos de estos microorganismos ni qué consecuencias concretas tienen esos cambios para la salud de los peces.
Al comunicar los hallazgos, Wasimuddin, investigador del Instituto Veterinario Noruego y uno de los autores principales, destacó precisamente esta interrogante respecto de Mycoplasma. Según explicó en un comunicado de la institución, se trata de un género bacteriano que ha coevolucionado con el salmón y que puede llegar a dominar su microbiota intestinal, aunque aún falta determinar qué implica esa predominancia en términos de salud y crecimiento.
La alimentación aparece como un factor relevante
Otro de los resultados con potencial interés para la salmonicultura es la influencia de la alimentación.
Mediante un análisis destinado a estimar el posible origen de los microorganismos presentes en el intestino, los investigadores encontraron que cerca de 23,7% podía asociarse a la dieta, una proporción superior a la atribuida al agua dulce, de 7,9%, y al agua de mar, de 0,9%. Para alrededor de 67% de los microorganismos, sin embargo, no fue posible identificar su fuente de origen con las muestras disponibles.
Esto es importante porque el resultado no significa que la dieta explique por sí sola el 23% de toda la variación de la microbiota, sino que fue la principal fuente externa identificada entre las consideradas por el estudio.
Los autores sostienen que este predominio de microorganismos asociados al alimento muestra la fuerte influencia que pueden ejercer las prácticas de alimentación sobre la comunidad intestinal y plantea la posibilidad de explorar dietas y estrategias de manejo adaptadas a distintos contextos productivos.
“Las bacterias del intestino no son solo pasajeros. Influyen en cuán robusto es un individuo frente a enfermedades y estrés”, señaló Wasimuddin al presentar los resultados desde el Instituto Veterinario Noruego.
El propio estudio, no obstante, deja abierta una pregunta fundamental: conocer qué bacterias están presentes y cómo cambia su abundancia no permite todavía establecer exactamente qué están haciendo dentro del pez. Los investigadores plantean avanzar hacia estudios funcionales que permitan comprender mejor cómo estas comunidades interactúan con el metabolismo y el sistema inmune y si su manejo puede traducirse en mejoras concretas para la salud de los salmones.

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