
Al sur de Chile, Tierra del Fuego reúne paisajes únicos, una extraordinaria diversidad de ambientes y algunos de los escenarios más reconocidos de la Patagonia. A pesar de ser una zona de poca intervención humana, actualmente se está estudiando la presencia de mercurio, elemento tóxico que además de ser una amenaza para la salud humana afecta los ecosistemas. El mercurio puede acumularse y aumentar su concentración a medida que avanza a través de las redes tróficas presentes en ríos y lagos, donde en este caso la trucha -especie exótica invasora- es el máximo depredador.
Francisco Quesada, biólogo, estudiante de doctorado en Medicina de la Conservación (Universidad Andrés Bello) y estudiante del Centro Nacional de Investigación en Ríos, Invasiones y Sistemas – IRIS-, realiza una investigación denominada “Mercurio en tramas tróficas en distintos ecosistemas acuáticos de la Patagonia, una aproximación desde lo individual al paisaje” que contempla tres ecosistemas acuáticos ubicados dentro del Parque Natural Karukinka, en Tierra del Fuego, como son el río Rasmussen, lago Despreciado y laguna El Cura, en los que se estudia la biomagnificación del mercurio (Hg). Investigación que dentro de sus resultados preliminares permite establecer que existe presencia de mercurio en toda la trama trófica de los ecosistemas y mayor concentración en truchas, pero ¿de dónde viene este mercurio?
77“Estos ecosistemas representan un escenario particularmente relevante para estudiar este proceso bajo condiciones naturales, debido a que se encuentran en una zona con una baja influencia directa de actividades antrópicas que constituyen fuentes importantes de mercurio como la minería, los cambios en el uso del suelo, las actividades industriales y la quema de combustibles fósiles. Por lo tanto, la presencia de mercurio en estos sistemas estaría asociada principalmente al transporte atmosférico y su posterior deposición en los ecosistemas acuáticos”, señala Francisco Quesada.
En el río Rasmussen se han recolectado muestras de sedimentos, plantas acuáticas, macroinvertebrados acuáticos y peces. Esta información permite caracterizar y modelar las redes tróficas, es decir, determinar quién se alimenta de quién y en qué proporción, y analizar cómo el mercurio se incorpora, moviliza y se concentra a través de los diferentes niveles tróficos en los que la trucha ocupa el lugar de “depredador tope”.
En las truchas arcoíris (Oncorhynchus mykiss) se han registrado concentraciones de Hg que varían entre 76,97 y 1117 µg/kg, con un promedio de 304 µg/kg. En la trucha café (Salmo trutta), las concentraciones oscilaron entre 38,79 y 5909 µg/kg, con un promedio de 412 µg/kg. Como referencia, los valores regulatorios utilizados habitualmente para establecer límites de mercurio en pescado destinado al consumo humano se encuentran aproximadamente entre 500 y 1000 µg/kg, dependiendo de la normativa y del país.
En las larvas de libélulas, que corresponden a organismos depredadores dentro de la comunidad de macroinvertebrados acuáticos y que a su vez son alimento para las truchas, se registraron concentraciones entre 48,71 y 239 µg/kg, con un promedio de 113 µg/kg (en parques nacionales de USA se ha registrado rangos para este grupo entre 10.4 a 1411 µg/kg).
Esto habla de la bioacumulación del mercurio en truchas, que si bien es menor a la que se ha observado en otros sistemas fluviales y lacustres de Chile, se puede observar también en territorios con menos intervención humana directa, pero donde la contaminación llega por otras vías de forma no tan visible.
Ausencia de especies nativas
Las truchas no sólo se han convertido en el depredador tope en ríos, lagos y lagunas sino que también han contribuido a la ausencia de especies nativas en los ecosistemas estudiados en Tierra del Fuego.
“Un aspecto particularmente relevante es que, durante las campañas de muestreo realizadas en 2023, 2024 y 2025, no se han registrado especies de peces nativas en estos ecosistemas; los únicos peces detectados corresponden a dos especies de truchas introducidas que son O. mykiss y S. trutta. Esto refleja el impacto que ha tenido la incorporación de la trucha en estos lugares. Además, esta composición podría estar influyendo en la estructura de las redes tróficas, que actualmente presentan aproximadamente tres niveles tróficos. En contraste, otros sistemas fluviales donde coexisten peces nativos e introducidos pueden presentar redes tróficas más complejas, con hasta cuatro niveles”, indica Francisco Quesada.
Durante el tiempo que lleva trabajando en terreno Francisco Quesada -y aunque no es parte central del estudio- esperaba encontrar al menos cuatro especies nativas como puye (Galaxias maculatus, Galaxias platei), peladilla (Aplochiton zebra) y lamprea patagónica (Geotria macrostoma), sin embargo no hay registro de estas especies y se está a la espera de resultados de ADN ambiental para determinar su existencia o se cataloga como una “extinción local”.
El estudio de Francisco Quesada forma parte del proyecto Fondecyt del Dr. Gustavo Chiang, investigador principal del Centro IRIS, centro de interés nacional financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación a través de ANID.

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