
Un nuevo artículo de perspectiva plantea complementar el monitoreo tradicional de floraciones algales nocivas (FAN) con mediciones capaces de evaluar directamente el potencial del agua para dañar las branquias de los peces. La propuesta busca entregar una señal más cercana al riesgo que enfrentan los salmones durante estos eventos, considerando que una alta abundancia de microalgas no siempre se traduce en una mayor mortalidad.
El trabajo fue desarrollado por Jorge I. Mardones, investigador del Centro de Estudios de Algas Nocivas (CREAN) del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y del Centro de Investigación en Recursos Naturales y Sustentabilidad (CIRENYS) de la Universidad Bernardo O’Higgins. El artículo fue publicado en Discover Ecology.
La propuesta parte de una diferencia fundamental entre las FAN que afectan a mariscos y aquellas capaces de provocar mortalidades de peces. En estas últimas, los salmones están expuestos directamente a través de sus branquias a compuestos presentes en el agua, cuya producción y concentración pueden cambiar según las condiciones ambientales y el estado de las propias microalgas.
Cuando contar células no basta
El autor utiliza como uno de sus principales antecedentes la floración de Pseudochattonella verruculosa registrada en Chile en 2016. Durante ese evento no se observó una correlación estadísticamente significativa entre los conteos rutinarios de células y la mortalidad registrada en los centros afectados.
También cita una floración de Prymnesium parvum en el río Oder que alcanzó altas densidades sin provocar mortalidad documentada, pese a que un evento previo de la misma especie había ocasionado una mortalidad masiva de peces. Estos casos muestran que la abundancia puede entregar información sobre la presencia de una floración, pero no necesariamente sobre el nivel de daño que está produciendo en un momento determinado.
Frente a ello, Mardones propone incorporar una medición denominada potencia tóxica para las branquias presente en el agua, orientada a determinar la capacidad de una muestra de agua para producir efectos adversos en tejido branquial bajo condiciones de exposición relevantes para los peces.
Un monitoreo en tres etapas
El esquema propuesto mantiene el conteo e identificación de microalgas como base de la vigilancia, pero agrega nuevas etapas cuando aparece una señal de riesgo.
En un primer nivel se mantendrían herramientas como la microscopía y otros métodos de detección, junto con muestras tomadas a las profundidades donde realmente se encuentran los peces. Una segunda etapa incorporaría ensayos con células branquiales para evaluar si el agua presenta actividad dañina. Si esa señal aparece, una tercera fase permitiría avanzar hacia la identificación de los compuestos responsables mediante análisis químicos especializados.
El artículo destaca además la importancia de considerar la distribución vertical de las floraciones. En el fiordo Comau, durante el evento de Heterosigma akashiwo de 2021, las mayores concentraciones se acumularon en los primeros metros de la columna de agua, ejemplificando cómo un muestreo exclusivamente superficial puede no representar adecuadamente la exposición de los peces.
La propuesta todavía requiere validación antes de convertirse en una herramienta operacional o regulatoria. Entre los próximos pasos se plantea adaptar y comparar los ensayos en agua de mar, generar información de referencia para distintas zonas productivas y vincular estas mediciones con datos de salud branquial y mortalidad en centros de cultivo.

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