
AquaInmuno 2026 reunió en Puerto Varas a especialistas en salud de peces, inmunología y enfermedades que continúan representando desafíos para la salmonicultura chilena, en una jornada organizada por el Centro de Investigaciones Biológicas Aplicadas (CIBA) que abordó desde la situación sanitaria actual hasta los avances en genética, vacunación y respuesta inmune.
El encuentro, realizado en el Hotel Wyndham Pettra el viernes 9 de octubre, contempló un primer bloque dedicado a salud y patología de peces, con presentaciones sobre piscirickettsiosis, furunculosis e ISA, y una segunda parte centrada en inmunología, biológicos y los desafíos que plantean los patógenos intracelulares para la protección de los salmones.
Panorama sanitario de la salmonicultura chilena
La apertura técnica estuvo a cargo de Daniel Woywood, gerente técnico de Aquabench, quien presentó una actualización de las principales enfermedades que afectan a la salmonicultura chilena y algunos de los indicadores que actualmente están siguiendo distintos proyectos sectoriales.
Como contexto productivo, Woywood señaló que la biomasa cultivada se mantiene en niveles similares a los observados el año anterior y destacó el crecimiento que ha mostrado el salmón coho. En materia sanitaria, indicó que, para grupos cerrados hasta agosto, el salmón Atlántico registraba una mortalidad total de 11,3%, con un 2,5% asociado a causas infecciosas, donde SRS aparecía entre las más relevantes. Para coho informó una mortalidad total de 4,4% y 0,71% por causas infecciosas, mientras que en trucha arcoíris la mortalidad alcanzaba 6,8%.
Respecto de Caligus, expuso que los niveles de hembras ovígeras en salmón Atlántico se han mantenido relativamente estables durante los últimos años, mientras la estrategia de control ha ido modificándose frente a cambios en la eficacia de distintos productos. Según los datos presentados, durante 2026 aproximadamente un 25% de los tratamientos considerados en el análisis correspondía a alternativas farmacológicas, frente a un 45% de métodos no farmacológicos y un 30% asociado a peróxido de hidrógeno. Woywood agregó que el uso de antiparasitarios expresado en gramos por tonelada producida ha mostrado una disminución durante los últimos años.
En SRS, señaló que los indicadores han mostrado una disminución después de un invierno que calificó como desafiante, aunque advirtió que históricamente los casos comienzan a aumentar hacia las últimas semanas del año. También destacó la importancia de continuar monitoreando los genogrupos circulantes y de mantener el aislamiento de Piscirickettsia salmonis, tanto para el seguimiento epidemiológico como para evaluar el desempeño de las vacunas frente a distintas variantes.
Uno de los puntos que destacó fue la oportunidad de detección y tratamiento. A partir de los análisis presentados, sostuvo que los centros que inician tratamiento con menores niveles de mortalidad tienden posteriormente a registrar una menor mortalidad infecciosa.
“Los centros que tratan oportunamente terminan con menor mortalidad infecciosa. O sea, la oportunidad de tratamiento, ese es el mensaje. Es muy relevante”, señaló.
Woywood identificó además el octavo mes de cultivo como un momento relevante para evaluar el desempeño sanitario frente a SRS. Según explicó, los centros que logran mantener una baja mortalidad asociada a la enfermedad hasta ese punto presentan una mayor probabilidad de completar favorablemente el ciclo. También indicó que han observado mejores resultados en centros que ingresan tempranamente a los barrios después de los períodos de descanso.
Durante la presentación mostró además un análisis preliminar que cruza registros de oxígeno con mortalidad por SRS, en el que observaron aumentos de la mortalidad por SRS coincidentes con determinados episodios de menor oxígeno. El expositor recalcó, sin embargo, que el análisis continúa en desarrollo y que todavía requieren más información antes de extraer conclusiones.
Finalmente, señaló que las estrategias frente a SRS continúan combinando genética, vacunación, aditivos y tratamientos disponibles, y adelantó que recientemente finalizaron un ensayo experimental de evaluación de distintas vacunas cuyos resultados serán presentados en un próximo congreso internacional dedicado a la enfermedad.
SRS: cambios epidemiológicos, brechas en vacunas e inmunidad celular
La piscirickettsiosis concentró buena parte de la discusión durante AquaInmuno 2026, con exposiciones que abordaron desde los cambios observados en la presentación de la enfermedad hasta las brechas en el desarrollo de vacunas y los mecanismos celulares que permiten a Piscirickettsia salmonis persistir dentro del hospedador.
Diego Caro, gerente técnico de Laboratorio CIBA, señaló que SRS continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios para la salmonicultura y advirtió que su comportamiento epidemiológico ha mostrado cambios durante los últimos años. En Chile, indicó, se han observado casos en Magallanes y también en sistemas de agua dulce, mientras que la estacionalidad característica de la enfermedad se ha vuelto menos marcada.
“Si analizamos la prevalencia de la enfermedad en Chile durante los últimos cuatro años, podemos ver que históricamente hay una estacionalidad o una temporalidad de presentación de la enfermedad. Esta estacionalidad ha disminuido. La diferencia entre invierno y verano ya no es tan marcada como antes, sino que podemos ver casos en invierno, verano, primavera y otoño, todo el año casos de SRS”, explicó Caro. El especialista agregó que, al comparar los últimos dos años con el período anterior, observaron un aumento de 10% en la prevalencia.
El panorama, sin embargo, presenta matices. Caro indicó que durante 2026 la mortalidad asociada a SRS comenzó a disminuir a partir de aproximadamente la semana 24 y que, hacia la semana 40, alcanzaba el nivel más bajo observado en los últimos cuatro años. Paralelamente, señaló que este año se han registrado signos clínicos tempranos, incluso en peces de menos de un kilo, tanto en salmón Atlántico como en coho. Entre las interrogantes planteadas mencionó la condición de los smolts al ingreso al mar, aspectos asociados al manejo y la eficacia de la protección entregada por las vacunas.
Caro también llamó la atención sobre la presentación de SRS en agua dulce. Según expuso, han registrado al menos cinco casos en estos sistemas, todos en salmón Atlántico en etapa de smolt, y explicó que las coinfecciones pueden dificultar su identificación. A ello sumó cambios observados en la presentación clínica del coho, donde algunos cuadros podrían pasar subdiagnosticados si la evaluación se limita a una clasificación externa y no se realiza una necropsia completa.
Una brecha en el desarrollo de biológicos
Desde otra perspectiva, Fernando Flores, director ejecutivo de Alianza Yelcho, centró su presentación en la oferta de productos biológicos disponible para enfrentar SRS. Antes de abordar esa brecha, recalcó que una mejor vacuna por sí sola no resolverá la enfermedad y que su control depende de múltiples factores.
“Nosotros tenemos un entendimiento de que hay una falta de innovación respecto del control de esta enfermedad a través de biológicos. Sin embargo, quiero partir reconociendo que la industria proveedora, la industria farmacéutica, la industria de salud animal ha hecho un trabajo y un esfuerzo muy grande durante los últimos 30 o 35 años para poder abastecer de productos biológicos esta industria a tiempo. Indudablemente que hay espacios y áreas de mejora”, sostuvo.
Flores planteó que parte de la dificultad radica en la escala que representa el salmón dentro del mercado mundial de salud animal y en los incentivos que enfrentan las compañías para destinar recursos de investigación y desarrollo a diferentes especies. En una comparación realizada durante su presentación, contabilizó como vacunas innovadoras aquellas basadas en plataformas distintas de los productos inactivados tradicionales. Bajo ese criterio, señaló que en Chile existen 82 productos para aves, 45 para mascotas, 18 para cerdos y 14 para bovinos, mientras que para salmones identificó dos.
A juicio de Flores, esta diferencia responde en parte a que las soluciones desarrolladas para enfermedades de especies producidas masivamente en distintos países pueden luego comercializarse en numerosos mercados. En SRS, en cambio, Chile ha concentrado históricamente buena parte del problema, reduciendo la escala potencial para recuperar inversiones de largo plazo en investigación y desarrollo.
En este escenario, explicó que Alianza Yelcho busca reducir el uso de antibióticos promoviendo el desarrollo y evaluación de nuevas alternativas preventivas, especialmente vacunas, mediante la colaboración entre productores, empresas de salud animal, Estado y academia.
El desafío de un patógeno que se refugia dentro de la célula
Juan Pablo Pontigo abordó una tercera dimensión del problema: la capacidad de P. salmonis de sobrevivir y replicarse dentro de células del sistema inmune. Al tratarse de un patógeno intracelular facultativo con afinidad por los macrófagos, explicó, la bacteria puede modificar el ambiente intracelular y utilizarlo para persistir, lo que agrega complejidad tanto a la respuesta inmune como a los tratamientos.
Esta característica también plantea interrogantes sobre cuánto del antibiótico administrado mediante alimento logra finalmente alcanzar a la bacteria dentro de la célula. Pontigo explicó que el fármaco debe atravesar distintas etapas, desde su absorción hasta alcanzar el órgano, ingresar a la célula y posteriormente llegar al nicho donde se encuentra P. salmonis.
Su grupo de investigación está estudiando precisamente los mecanismos de inmunidad celular que podrían intervenir frente a la infección. Entre los resultados presentados, Pontigo señaló que durante la transición hacia la etapa de smolt observaron una disminución en la expresión de genes asociados a la inmunidad, mientras aumentaba la actividad de rutas relacionadas con los ajustes fisiológicos y metabólicos propios de la esmoltificación. Los investigadores evalúan actualmente distintos receptores y mecanismos intracelulares como potenciales marcadores, aunque el académico recalcó que todavía se requiere mayor conocimiento antes de establecer su utilidad.
Para Pontigo, esta línea no constituye por sí sola una solución frente a SRS. El control, planteó, debe combinar el conocimiento de la respuesta celular con mejores vacunas, vigilancia activa, cobertura frente a distintos genogrupos, comprensión de la biodisponibilidad de los antimicrobianos y consideración de factores como temperatura y coinfecciones.
Furunculosis atípica: reemergencia concentrada en agua dulce y sistemas RAS
Rudy Suárez, gerente de Desarrollo y Nuevos Servicios en CIBA, abordó los cambios observados en la furunculosis atípica causada por Aeromonas salmonicida, una enfermedad ampliamente estudiada en acuicultura que, según explicó, ha mostrado una reemergencia en Chile durante los últimos años.
El especialista distinguió dos períodos. Entre 2013 y 2020, los casos se presentaban principalmente en agua de mar y estuarios. A partir de 2021, en cambio, comenzó un aumento de la casuística asociado especialmente a la fase de agua dulce. De acuerdo con los antecedentes presentados, 96% de los casos registrados durante esta reemergencia correspondieron a la fase de agua dulce y cerca de 91% estuvieron asociados a sistemas RAS. Además, la mayoría de los 251 casos clínicos recibidos por el laboratorio correspondía a grupos no vacunados o que se encontraban en etapas previas a la vacunación.
“Por lo tanto uno podría inmediatamente indicar o pensar, ¿no es cierto?, que los sistemas RAS pudieran ser un factor de riesgo importante para la presentación de la patología. Además, un dato que no es menor y que es importante mantener en la mente, es que la gran mayoría de los casos clínicos que han llegado al laboratorio, de esos 251 casos que ustedes ven abajo, corresponden a grupos que no han sido vacunados o que están en manejo previo a la vacuna”, señaló Suárez.
La presentación también abordó la diversidad genética de A. salmonicida. A partir del análisis de genomas completos de cepas chilenas y antecedentes internacionales, el equipo propuso una clasificación en tres grandes grupos genéticos. Suárez destacó que uno de ellos está compuesto únicamente por cepas chilenas y concentra mayoritariamente aislamientos asociados a cuadros en salmón Atlántico cultivado en sistemas RAS.
En materia de virulencia, el investigador sostuvo que la presencia de un único marcador genético no permite explicar por sí sola el impacto de los cuadros clínicos. Según los análisis presentados, cepas con y sin este marcador han sido identificadas en casos de enfermedad en Chile, mientras que otros factores de virulencia, junto con variables ambientales y de manejo, también podrían intervenir en la presentación de los cuadros.
Suárez presentó además un ensayo realizado con 30 cepas aisladas de casos clínicos, que fueron cultivadas experimentalmente a 18 °C y 37 °C. Según explicó, algunas de las cepas sometidas a alta temperatura mostraron cambios en un marcador asociado a virulencia. El investigador planteó estos resultados como evidencia de que la temperatura puede influir en características de la bacteria vinculadas a su virulencia. El hallazgo, sin embargo, corresponde a una condición experimental de laboratorio a 37 °C.
ISA: circulación viral, evolución y llamado a mantener la vigilancia
Marcos Godoy, gerente general del Centro de Investigaciones Biológicas Aplicadas (CIBA) y académico de la Universidad San Sebastián, abordó la evolución del virus de la anemia infecciosa del salmón (ISAv), tomando como punto de partida los dos casos detectados recientemente y la experiencia acumulada desde la emergencia sanitaria de 2007.
“Cuando un virus está circulando y nos produce enfermedad y eventualmente se presentan brotes o emergencias en casos clínicos, se produce incertidumbre. Y cuando se producen dos casos clínicos seguidos, se produce inquietud. Yo diría que eso es lo que está pasando el día de hoy”, señaló al inicio de su exposición.
Godoy repasó cómo, después de la emergencia de 2007, comenzaron a observarse con mayor frecuencia variantes HPR0, consideradas avirulentas y no asociadas a signos clínicos ni mortalidad, coexistiendo con variantes virulentas. Según explicó, ambas pueden presentar una elevada similitud genética, por lo que la identidad genética por sí sola no permite establecer la capacidad de un virus para producir enfermedad.
En su revisión de la situación chilena entre 2013 y 2026, indicó que se han reportado 29 casos, de los cuales el 72% se concentra en la Región de Aysén. Considerando los dos episodios más recientes, estimó una casuística promedio de 2,1 casos por año durante ese período. Sin restar importancia a los eventos recientes, Godoy planteó con cautela que, hasta ahora, la frecuencia observada podría corresponder a la propia dinámica biológica del virus.
El investigador explicó además que la evolución de un brote no depende únicamente de las características genéticas del virus, sino también de las condiciones de cultivo y del hospedador. Según planteó, las variantes avirulentas pueden circular sin producir enfermedad y, bajo condiciones que todavía no se comprenden completamente, pueden ocurrir cambios que den origen a variantes capaces de generar cuadros clínicos.
Uno de los énfasis de su presentación estuvo en el diagnóstico temprano. A partir de los casos revisados, Godoy advirtió que algunos signos hemorrágicos pueden confundirse con otras patologías, entre ellas SRS, por lo que destacó la importancia de la evaluación clínica y de realizar necropsias en terreno.
“A pesar de que han ocurrido 19 años y el próximo año se van a cumplir 20 años del brote de la anemia infecciosa del salmón, yo diría que no podemos bajar la guardia. Esta es una enfermedad y yo creo que aún está bajo control, pero no se puede bajar la guardia. ¿Cuál es la clave para poder controlar el ISA? Son muchas, pero yo diría que la detección temprana con necropsia”, sostuvo.
En materia genética, Godoy insistió en separar dos conceptos que pueden prestarse a confusión: similitud genética y virulencia. Explicó que virus estrechamente relacionados desde el punto de vista genético pueden presentar comportamientos distintos y que un mismo tipo de HPR puede encontrarse en grupos genéticos diferentes, por lo que este marcador no permite por sí solo establecer relaciones entre los distintos virus ni anticipar su virulencia.
Como cierre, destacó la necropsia y la detección temprana como herramientas centrales para identificar los casos, dentro de una estrategia de control que requiere combinar distintas medidas, entre ellas la vigilancia del virus y la vacunación.
Temperatura y coinfecciones pueden modificar la protección inmune
Manuel Soto, docente investigador de la Carrera de Medicina Veterinaria en la Universidad San Sebastián, abordó la interacción entre temperatura, vacunación y respuesta inmune, a partir de un estudio desarrollado en Canadá con salmón Atlántico y vacunas comerciales multivalentes. El trabajo evaluó cómo distintas temperaturas durante el período de vacunación podían modificar la generación de anticuerpos y, posteriormente, la supervivencia frente a un desafío infeccioso.
Uno de los resultados que destacó fue la baja respuesta observada a 8 °C. En una de las vacunas evaluadas, los peces que recibieron una sola dosis a esa temperatura prácticamente no mostraron niveles detectables de anticuerpos en el período analizado. Para ISA, en ese mismo producto, los niveles considerados aceptables aparecieron cuando la vacunación se realizó a 15 °C y con una dosis de refuerzo. Soto recalcó, sin embargo, que la respuesta varió entre las vacunas estudiadas, por lo que los resultados no permiten extrapolar una única respuesta a todos los productos disponibles.
El investigador explicó que la temperatura puede intervenir en distintos niveles, desde la velocidad del metabolismo del pez hasta los mecanismos celulares involucrados en la presentación de antígenos y generación de anticuerpos. Por ello, planteó que las condiciones térmicas durante la vacunación deberían formar parte de la discusión sobre los programas de inmunización.
“Es importante considerar y conversar sobre el régimen que actualmente existe en la industria. Yo tengo mi aspecto científico, pero no es necesariamente lo que pueda aplicar la industria o lo que la industria va a querer hacer. Es esta conversación constante entre ambos lados. Una de las cosas que está haciendo Cooke Aquaculture a partir de este estudio es tratar de buscar la opción de vacunar durante periodos de temperaturas favorables”, explicó Soto.
El expositor también mencionó la posibilidad de evaluar esquemas de refuerzo o, cuando las condiciones productivas lo permitan, manejar la temperatura durante la vacunación. No obstante, reconoció las dificultades prácticas y económicas que estas alternativas pueden representar para los productores.
Cuando interviene más de un patógeno
Brian Dixon, especialista en inmunología de peces e investigador de la Universidad de Waterloo, puso el foco en otro factor capaz de modificar la protección: las coinfecciones. Durante su presentación revisó un estudio desarrollado junto a investigadores y una empresa chilena, en el que salmones vacunados contra Piscirickettsia salmonis fueron desafiados experimentalmente con P. salmonis, solos o en combinación con Caligus.
En el grupo desafiado solamente con P. salmonis, la supervivencia se situó alrededor de 40%, mientras que entre los peces coinfectados con Caligus y P. salmonis prácticamente no hubo sobrevivientes. El análisis de expresión génica mostró además que los peces coinfectados no desarrollaron de forma clara la respuesta inmune esperada frente a ninguno de los dos agentes.
A partir de esos resultados, Dixon planteó que una coinfección puede alterar la respuesta generada por una vacuna y que es necesario comprender mejor cómo interactúan distintos patógenos dentro de un mismo hospedador. El investigador advirtió que esto no significa que Caligus actúe como vector de SRS, sino que la infección parasitaria puede modificar la capacidad del pez para responder inmunológicamente frente a una infección bacteriana posterior.
Dixon presentó también resultados de otro modelo experimental desarrollado en Canadá, esta vez con piojos de mar y PMCV. En ese ensayo no observaron diferencias relevantes en carga viral ni en la severidad de las lesiones cardíacas entre peces infectados únicamente con el virus y animales coinfectados, pero sí detectaron modificaciones en la expresión de genes relacionados con la respuesta antiviral. El especialista recalcó que se trató de un desafío subletal y que todavía se requieren experimentos adicionales para determinar las consecuencias productivas de esos cambios inmunológicos.
Para Dixon, comprender estos mecanismos podría contribuir también al diseño de nuevas vacunas y adyuvantes capaces de generar respuestas más adecuadas incluso cuando el pez enfrenta más de una infección al mismo tiempo.

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