Mundoacuicola

Revista de Acuicultura.

Chile pone bajo la lupa el potencial del océano para remover carbono frente al cambio climático

Investigadores abordaron la alcalinización oceánica, el cultivo de macroalgas y las particularidades de la costa chilena, destacando la necesidad de contar con más datos, monitoreo y evidencia local antes de avanzar hacia intervenciones de mayor escala.

Puerto Montt fue el punto de partida de una discusión sobre la posibilidad de investigar en Chile soluciones para remover dióxido de carbono (CO₂) mediante el océano, incluyendo el aumento de la alcalinidad oceánica, una aproximación que ya ha avanzado hacia ensayos experimentales en otros países y que ahora comienza a ser analizada desde las condiciones científicas, ambientales y productivas locales.

Investigadores, representantes del sector productivo y otros actores vinculados al ámbito marino participaron este viernes 14 de agosto en el taller “Aplicaciones en Océanos y Mitigación del Cambio Climático”, realizado en el Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos y organizado por el Clúster Climático para la Innovación Oceánica (CINCO Chile), junto a COPAS Coastal.

La instancia puso sobre la mesa distintas aproximaciones a la remoción de dióxido de carbono marino (mCDR) y otras soluciones oceánicas, pero también las incertidumbres que todavía rodean su eventual aplicación. Entre los asuntos abordados estuvieron el aumento de la alcalinidad oceánica, el cultivo de macroalgas, las condiciones oceanográficas del sur de Chile, los posibles efectos sobre los ecosistemas y las brechas de información, monitoreo, regulación y gobernanza que deberán ser consideradas antes de avanzar hacia intervenciones a mayor escala.

La discusión adquiere especial relevancia ante el interés por estudiar estas alternativas desde las condiciones propias del país. Entre las líneas actualmente exploradas se encuentra el aumento de la alcalinidad oceánica (OAE), mecanismo que busca aumentar la capacidad del agua de mar para absorber y almacenar CO₂ atmosférico. Los antecedentes presentados para Chile consideran, entre otras posibilidades, estudiar su aplicación mediante infraestructura costera existente y materiales alcalinos provenientes de conchas procesadas.

Sin embargo, el encuentro también dejó en evidencia que persisten interrogantes científicas relevantes. Entre ellas se encuentran cuánto carbono podría removerse efectivamente, cómo medir y verificar esa remoción y cuáles serían los impactos ambientales bajo las condiciones particulares de cada ecosistema. El contenido presentado durante la jornada advierte precisamente que los resultados pueden depender fuertemente de cada sitio y que todavía existe menor conocimiento sobre efectos de largo plazo, redes tróficas y respuestas a escala ecosistémica.

Las exposiciones estuvieron a cargo de investigadores nacionales e internacionales y abordaron estas interrogantes desde diferentes perspectivas, incluyendo experiencias internacionales de investigación en remoción de carbono, las capacidades y brechas científicas existentes en Chile, la complejidad oceanográfica de la Patagonia y el potencial y las limitaciones del cultivo de macroalgas como herramienta frente al cambio climático.

Tras las presentaciones y el intercambio con los asistentes, los participantes se dividieron en dos mesas de trabajo para profundizar la discusión sobre las materias planteadas y recoger distintas perspectivas en torno a los desafíos científicos, regulatorios, productivos y territoriales asociados a estas alternativas.

El encuentro en Puerto Montt corresponde al inicio de un despliegue que continuará con mesas en el Congreso Nacional en Valparaíso y Santiago y que, hacia 2027, proyecta nuevas instancias en Concepción y el norte del país. El objetivo planteado por los organizadores es avanzar en la conformación de una red de investigadores y en una ruta de trabajo nacional sobre mitigación climática marina.

Experiencias internacionales y desafíos para escalar la remoción de carbono

La primera aproximación internacional estuvo a cargo de Emanuele Di Lorenzo, profesor de Brown University y presidente y cofundador de Ocean Visions, junto a Kalea Holdren, investigadora en formación de Woods Hole Oceanographic Institution. Su presentación abordó el avance de la investigación en remoción de dióxido de carbono marino (mCDR) y presentó como caso de estudio una propuesta para explorar el aumento de la alcalinidad oceánica en Puerto Montt.

El planteamiento considera estudiar el aprovechamiento de infraestructura existente de tratamiento de aguas y residuos de conchas de mejillón procesadas como fuente de material alcalino. La presentación expuso como hipótesis de trabajo que este material podría incorporarse al agua tratada antes de su descarga al mar, con el objetivo de aumentar la capacidad del océano para absorber CO₂ atmosférico y, al mismo tiempo, contribuir a reducir la acidificación. Los investigadores identificaron interrogantes todavía abiertas sobre la magnitud real de la remoción, su monitoreo y verificación y los posibles impactos sobre los ecosistemas.

En esa línea, advirtieron que, aunque el mecanismo químico de la alcalinización está relativamente bien comprendido, persisten incertidumbres sobre la disolución del material, el comportamiento de las plumas, el equilibrio entre océano y atmósfera, el balance neto considerando todo el ciclo de vida y la posibilidad de escalar estos sistemas. También, que el desempeño de descargas costeras sería altamente dependiente de cada sitio y que la evidencia disponible sobre impactos ambientales continúa concentrándose principalmente en escalas de corto plazo y organismos individuales.

La experiencia práctica fue profundizada posteriormente por Adam V. Subhas, investigador principal del proyecto LOC-NESS (Locking Ocean Carbon in the Northeast Shelf and Slope), quien presentó las lecciones obtenidas a partir de un experimento de aumento de alcalinidad oceánica desarrollado en el Golfo de Maine. El proyecto reunió a instituciones científicas, organizaciones ambientales y actores privados y utilizó un despliegue en mar abierto para estudiar simultáneamente la dispersión del material alcalino, la captación de carbono y sus posibles efectos ambientales.

Subhas enfatizó que estas tecnologías deben entenderse como un complemento y no como sustituto de la reducción de emisiones. Según explicó, disminuir las emisiones continúa siendo la principal herramienta frente al cambio climático, pero los escenarios que buscan limitar el calentamiento requerirían además desarrollar capacidades de remoción de carbono a gran escala durante las próximas décadas.

“Las reducciones de emisiones son necesarias y son lo primero que podemos hacer para cumplir nuestros objetivos climáticos y mitigar los peores efectos del cambio climático. Pero, si realmente queremos mantenernos dentro de ese límite de calentamiento, esa reducción tendrá que complementarse con una remoción de carbono a una escala bastante grande”, señaló Subhas durante su exposición. 

La experiencia del Golfo de Maine también dejó, según el investigador, aprendizajes relevantes para eventuales investigaciones en Chile. Entre ellos destacó la necesidad de estudiar conjuntamente la física, química y biología del sistema, incorporar tempranamente a ingenieros capaces de evaluar la viabilidad de escalar los procesos y mantener una relación activa con comunidades costeras, pescadores, autoridades y también con quienes se oponen a este tipo de intervenciones.

“La ingeniería es lo que lleva una idea científica a escala. Incorporar a los ingenieros de procesos desde el principio permite saber qué es realmente práctico, qué es posible y qué podría eventualmente llevarse a una escala mayor”, explicó.

Subhas agregó que las herramientas necesarias para realizar monitoreo, reporte y verificación ya existen, pero deben adaptarse a las características particulares de cada sistema oceanográfico. En el caso chileno, sostuvo que el paso inicial debería ser precisamente generar experimentos locales que permitan conocer la dispersión, los cambios de pH y alcalinidad y las respuestas biológicas bajo las condiciones propias del territorio.

Brechas de observación y conocimiento local

La directora de COPAS Coastal y presidenta del Consejo Asesor de Cambio Climático, Camila Fernández, abordó las brechas que enfrenta Chile para observar, monitorear y predecir las condiciones del océano, particularmente frente a la discusión sobre soluciones orientadas a la remoción de carbono y la mitigación del cambio climático.

Durante su presentación, Fernández advirtió que todavía existen vacíos importantes de información sobre el océano chileno, entre ellos el estado actual de la bomba de carbono y la variabilidad de los sistemas costeros. En este contexto, destacó los esfuerzos de COPAS Coastal en oceanografía operacional y planteó que los datos científicos deben poder traducirse y utilizarse tanto por las comunidades como por los sectores productivos y quienes toman decisiones.

La investigadora también recalcó que estas soluciones requieren investigación a escala local, debido a que las condiciones ambientales varían entre territorios y una experiencia desarrollada en determinado ecosistema no necesariamente puede reproducirse en otro.

“Chile francamente necesita un montón de investigación aplicada en este tema. Creo que verlo a nivel local, con la comunidad involucrada, es absolutamente vital y darse cuenta de que lo que se aplica para Puerto Montt no necesariamente se va a aplicar para California o para otras partes de Chile”.

Fernández sostuvo además que cualquier evaluación debe considerar de manera integrada la biología, la física y la química del sistema, junto con su variabilidad natural. Precisamente sobre esta última señaló que persisten importantes vacíos de conocimiento a escala local, ámbito donde, a su juicio, debe fortalecerse la investigación.

La complejidad oceanográfica del sur de Chile

El investigador del Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos Iván Pérez-Santos abordó las particularidades oceanográficas de la costa chilena y, especialmente, de la zona sur-austral, donde interactúan sistemas de viento, corrientes, surgencia, hundimiento costero y masas de agua con distintas concentraciones de oxígeno.

Durante su exposición explicó que estos procesos condicionan el desplazamiento de aguas, partículas y nutrientes, por lo que resultan determinantes al momento de evaluar cualquier intervención en el océano. También llamó la atención sobre la expansión hacia el sur de aguas con bajo contenido de oxígeno y las brechas de observación que todavía existen para comprender su dinámica en la Patagonia.

Pérez-Santos planteó que Chile cuenta actualmente con capacidades científicas, capital humano e instrumentos para profundizar este conocimiento, pero persisten importantes limitaciones para mantener observaciones continuas y cubrir extensas zonas del océano austral.

Macroalgas: potencial, límites y otros servicios ecosistémicos

El investigador del Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos Alejandro Buschmann abordó las soluciones basadas en la naturaleza desde una perspectiva crítica, con especial énfasis en el cultivo de macroalgas y su eventual contribución a la mitigación del cambio climático.

Durante su exposición señaló que existen antecedentes que muestran beneficios asociados al cultivo de algas, entre ellos regulación del carbono, aumento local del pH, absorción de nutrientes y generación de hábitat. Sin embargo, advirtió que todavía persisten importantes incertidumbres sobre cuánto del carbono capturado termina efectivamente secuestrado a largo plazo y cuánto vuelve rápidamente al ciclo natural.

Buschmann explicó que las macroalgas tienen ciclos de vida relativamente cortos, presentan una biomasa fuertemente estacional y parte importante del carbono que incorporan puede ser reciclado, degradado o retornar a la atmósfera. A ello se suman factores como los requerimientos de fertilización en cultivos masivos, enfermedades, interacciones con otras especies y las emisiones asociadas al procesamiento y transporte, por lo que planteó la necesidad de considerar análisis completos de ciclo de vida.

“Tenemos muy poca idea de cuánto realmente podemos estar secuestrando carbono y hay una cantidad de incertidumbres que hacen discutible este tipo de acciones”, sostuvo.

A su juicio, el valor de las macroalgas no debería evaluarse únicamente por su capacidad de capturar carbono. También destacó su potencial para remover nutrientes como nitrógeno y fósforo y entregar beneficios productivos, sociales y ambientales, lo que permitiría pensar en sistemas de acuicultura integrada con objetivos más amplios que la mitigación climática.

En ese contexto, planteó que el desafío pasa por avanzar con mayor evidencia y evitar trasladar automáticamente soluciones desarrolladas en otros lugares. “Desde el mundo científico decimos: no sabemos mucho. Tenemos muchas dudas. Entonces tenemos que funcionar de una manera diferente y, si no empezamos a conversar y ponernos en sintonía con esto, va a ser difícil avanzar”, concluyó.