
En esta columna, Agustín Waidele, director de Comunicaciones y Asuntos Públicos de Ventisqueros, reflexiona sobre el significado del Día del Trabajador Salmonero, destacando el compromiso social de la industria, el rol protagónico de las mujeres en las plantas de proceso y la necesidad de construir comunidad desde el reconocimiento y el propósito compartido.
Hace apenas dos años, miles de trabajadores del salmón salieron a la calle para defender algo más que empleos: defendieron el valor de una actividad que sostiene a cientos de comunidades en el sur austral de Chile. Fue el 26 de mayo de 2023, fecha que hoy se consolida como un símbolo de dignidad, orgullo y compromiso colectivo.
Ese día ya no es uno más en el calendario. La reciente conmemoración del Día del Trabajador Salmonero lo dejó claro: más de 5.000 personas se reunieron en Puerto Montt, con voz firme y mirada de futuro. No fue un acto político. Fue un acto de pertenencia.
Desde Ventisqueros, celebramos profundamente este avance. Porque creemos —y lo practicamos— que el desarrollo de esta industria debe construirse desde las personas. Desde sus historias, sus manos, sus esfuerzos. Desde esas mujeres que representan un porcentaje clave de la fuerza laboral en plantas de proceso. Como recordó recientemente Miriam Chávez, secretaria de la Multisindical del Salmón, “en plantas como las de Calbuco, el 60% de la mano de obra corresponde a mujeres, muchas de ellas trabajando en condiciones de baja mecanización”.
La salmonicultura chilena se distingue y esfuerza por ser una buena industria para su entorno. Por eso no es casual que este mismo día, el gremio se haya unido para levantar una campaña solidaria por Puerto Varas, luego del inédito tornado que afectó a cientos de familias. No es un gesto asistencial. Es una respuesta natural de una industria que quiere actuar como buen vecino.
Chile necesita industrias que no solo generen empleo, sino que abracen la causa de construir comunidad. Que pongan la vara alta, en estándares ambientales, en innovación tecnológica, pero también en humanidad. El salmón chileno tiene mucho por mejorar, sí. Pero también tiene mucho por ofrecer, si somos capaces de escuchar, incluir y cuidar a quienes realmente lo hacen posible.
Hoy, más que nunca, es tiempo de reconocer que sin trabajadores no hay industria. Y sin propósito, no hay futuro.


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