
El mismo rigor que aplicamos para optimizar la dieta de un salmón en las aguas del sur de Chile puede —y debe— guiarnos al momento de decidir dónde invertir el capital reputacional de nuestras empresas. La sostenibilidad no termina en la planta de proceso.
Quienes trabajamos en nutrición acuícola entendemos bien que un organismo saludable no es solo el resultado de buenas
prácticas y de condiciones ambientales favorables. Es, sobre todo, el producto de una alimentación adecuada, de un entorno que lo sostenga y de intervenciones precisas en los momentos críticos del desarrollo. Aplicamos esa lógica con rigor científico a cada formulación de dieta, a cada evaluación de suplementación, a cada análisis de conversión alimenticia (FCR). Y sin embargo, cuando miramos hacia afuera de nuestros centros de cultivo, hacia las comunidades que nos rodean, solemos olvidar que esa misma ecuación aplica.
El sur de Chile no es solo el escenario geográfico de la salmonicultura: es su tejido social. El 73% de los trabajadores del sector se concentra en la Región de Los Lagos. Puerto Montt no es una ciudad que alberga a la industria; es, en muchos sentidos, una ciudad que la industria ha contribuido a construir. Y como toda construcción, requiere mantención, cuidado y, de vez en cuando, una inversión estratégica en sus cimientos.
Hoy existe una oportunidad concreta para hacer exactamente eso.
El Proyecto Cardumen y la lógica de un vínculo tangible
Deportes Puerto Montt —el club de la ciudad, el equipo de las familias trabajadoras del salmón— atraviesa un momento singular. En el fútbol masculino, el equipo acaba de ascender a la Primera B tras ganar la Liga de Ascenso 2025 como líder absoluto de su grupo, regresando a la segunda categoría del fútbol chileno después de dos temporadas. En 2026 acumula victorias consecutivas que confirman que el proyecto deportivo es sólido y ambicioso. El equipo femenino adulto, por su parte, actualmente disputa el Torneo de Ascenso Femenino 2026, y se presenta como uno de los conjuntos más competitivos del país, manteniendo un invicto por siete fechas antes de caer en su primera derrota ante Deportes Concepción. Y la división Sub 19, en paralelo, viene de victorias contundentes —como su último partido donde se impuso 4-1 sobre Rangers — además de ser las favoritas de su grupo, los resultados demuestran que la cantera está creciendo con fuerza.
Este no es un club en crisis buscando salvavidas. Es un club en construcción ascendente que necesita socios estratégicos para consolidar el proyecto deportivo. Eso se llama Proyecto Cardumen, y quiero que parte de su núcleo sea el fútbol femenino profesional: un espacio que en Chile todavía está en fase de formación, sobre todo en clubes de las diferentes regiones de Chile. El sur es poderoso y sabio, una inversión hoy tiene un retorno social y reputacional que ningún otro activo del marketing puede ofrecer.
La pregunta no es si el deporte femenino merece apoyo. Esa discusión ya está saldada en los mercados más maduros. La pregunta es quién va a liderar ese apoyo en el Sur Austral -la Patagonia chilena-, y qué empresa del clúster salmonero va a posicionarse como el actor que entendió antes que las demás que la sostenibilidad social no es un anexo del informe de sustentabilidad: es parte del core del negocio.
Lo que los mercados avanzados ya saben
Cuando el FC Barcelona decidió integrar a marcas como Heura Foods o GLS como patrocinadores específicos de su equipo femenino —adicionales a los grandes sponsors globales como Spotify o Nike—, no lo hizo por altruismo. Lo hizo porque entendió que el fútbol femenino es un activo reputacional con un coeficiente de retorno distinto al masculino: menor saturación publicitaria, mayor afinidad emocional del público, y una narrativa de marca que los consumidores premian con lealtad y convencimiento en la equidad de género. El modelo del Barça —desde grandes partners globales hasta marcas que solo están presentes en la sección femenina— es precisamente el tipo de arquitectura que el Proyecto Cardumen propone adaptar a la escala del sur de Chile.
En Noruega, donde la industria del salmón es tan central para la economía como lo es aquí, el vínculo entre empresa y comunidad deportiva es parte de la cultura corporativa, no de la excepción. Empresas pesqueras y acuícolas noruegas han aprendido hace tiempo que el territorio les pertenece en la medida que lo nutren. Y ese modelo —de proximidad, de reciprocidad y de presencia constante— es exactamente lo que la industria salmonera chilena puede replicar aquí, con ventaja de primer movimiento.
La FIFA lo documenta con datos: el número de patrocinadores del Mundial Femenino creció un 150% entre 2019 y 2023. Las organizaciones que entraron temprano recibieron retornos que ya no están disponibles para quienes lleguen tarde. Queremos repetir ese patrón a escala local y con sello sureño.
De la RSE al ESG: la misma convicción, con mayor inteligencia
Lo que durante años llamamos RSE (Responsabilidad Social Empresarial) hoy los mercados internacionales miden como ESG (Environmental, Social and Governance) —y la diferencia no es solo semántica: es la distancia entre declarar un compromiso y poder demostrarlo con datos ante un comprador en China o Europa. El ESG —que evalúa el desempeño ambiental, social y de gobernanza de una organización— convirtió esas obligaciones en métricas que los mercados de capitales y los grandes compradores internacionales leen, comparan y exigen. Para la industria salmonera, que exporta el 95% de su producción, esa distinción importa más que en casi cualquier otro sector de la economía chilena.
Los mercados de destino del salmón chileno —Japón, China, la Unión Europea, Estados Unidos, Brasil— ya no preguntan solo por trazabilidad sanitaria o huella de carbono. Preguntan por las personas. Por las comunidades. Por si la empresa que les vende salmón es la misma que invierte en el desarrollo deportivo de Puerto Montt el fin de semana.
Un auspicio al equipo femenino de Deportes Puerto Montt es RSE ejecutada con inteligencia territorial y medible como ESG. Es la diferencia entre una empresa que declara compromisos con la equidad de género en su reporte anual y una empresa que los practica frente a miles de personas en el Estadio Regional de Chinquihue. No son equivalentes, y los compradores internacionales, las ONGs, los reguladores y certificadores cada vez más saben distinguirlos.
El modelo propuesto en Proyecto Cardumen contempla algo que pocas iniciativas de patrocinio deportivo ofrecen: integración real entre industria, club y comunidad. Invitar a trabajadores, clientes y proveedores al estadio. Crear escuelas de fútbol vinculadas a las empresas. Conectar a los hijos de los buzos marinos, de las operadoras y técnicos de planta, de los conductores de camiones refrigerados, con un proyecto deportivo que lleva el nombre de su ciudad. Eso es lo que el Proyecto Cardumen entiende cuando dice que el vínculo tiene que hacerse tangible.
Nutrición, resiliencia y el largo plazo
En mi trabajo con dietas para salmónidos aprendí algo que suena obvio pero que cuesta mucho aplicar: los resultados de una buena nutrición no se ven en el corto plazo. Se ven en la tasa de crecimiento (SGR, GF3), en la resistencia a patógenos, en la conversión final del alimento (FCR). Alguien que mira solo el costo de la dieta por tonelada, le será complejo entender por qué invertir en calidad de ingredientes es siempre la decisión correcta.
El mismo principio aplica aquí. Una empresa que se vincula al fútbol femenino en Puerto Montt hoy no va a ver el retorno mañana. Lo va a ver en 2 o 5 años, cuando esas deportistas sean profesionales con carreras sólidas y parte de la nómina de la selección nacional (algunas con muy poco ya lo son), cuando esas familias asocien la marca a algo que les importa, cuando los reguladores y las ONGs busquen ejemplos positivos de la industria y encuentren el nombre de esa empresa vinculado de manera sólida a la equidad de género y el desarrollo local y comunitario.
El Proyecto Cardumen está diseñado para que distintos actores del clúster puedan participar según sus posibilidades y estrategia. Existen diferentes categorías y modalidades de aporte a la división profesional femenina, pensadas para que tanto las grandes salmoneras como las empresas medianas de servicios, proveedores de alimento balanceado, compañías de logística o cualquier otro actor del ecosistema encuentren un punto de entrada que tenga sentido para su escala y sus objetivos. No es un club exclusivo para los más grandes: es una invitación abierta a toda la industria acuícola.
Llamado a la acción
La industria del salmón ha sido históricamente brillante para resolver problemas complejos cuando existe voluntad colectiva. Lo demostró durante las crisis sanitarias, lo está demostrando en la transición hacia dietas más sostenibles, y puede demostrarlo ahora en el ámbito social.
Proyecto Cardumen es esa oportunidad. Un club en ascenso, un equipo femenino con hambre de resultados, una cantera Sub19 que ya gana partidos, y una industria que tiene todos los recursos —económicos, humanos, simbólicos— para hacer que esto funcione.
Somos buenos nutriendo salmones. Es hora de nutrir también el territorio que nos sustenta.
Para conocer más sobre el Proyecto Cardumen o explorar opciones de vinculación, puedes escribir a raycollipal@gmail.com o contactar directamente a través de LinkedIn: linkedin.com/in/rayen-collipal-0536a1b5.
Sobre la autora
Rayen Collipal Matamala es Ingeniera en Biotecnología Marina y Acuicultura y Magíster en Nutrición Acuícola por la Universidad Austral de Chile. Se especializa en nutrigenómica y metagenómica acuícola, y actualmente lidera iniciativas de innovación nutricional como Product Manager de Investigación en Vitapro Chile – Salmofood y Científica de Datos en el Centro Experimental Acuícola (CEA), donde desarrolla soluciones basadas en ciencia para la industria salmonera del sur de Chile. Es cofundadora de WICA (Women in Chilean Aquaculture), red que agrupa a más de 250 profesionales femeninas de la industria acuícola nacional. Y actualmente futbolista amateur del histórico club de la ciudad de Puerto Montt: Damas San Luis.

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