
Una revisión de 181 publicaciones científicas advierte que los avances logrados durante la última década sobre la diversidad genética, los mecanismos de infección y la respuesta inmune frente a Piscirickettsia salmonis todavía no se incorporan suficientemente en las estrategias de diagnóstico, vacunación y vigilancia utilizadas para controlar la piscirickettsiosis.
El trabajo, publicado en Reviews in Aquaculture, fue elaborado por Marco Rozas-Serri, fundador y CEO de Pathovet Labs, y actualiza el conocimiento disponible desde una revisión anterior publicada en 2014 junto con Ricardo Enríquez. Para ello, integra estudios desarrollados entre 2014 y 2026 sobre genómica, epidemiología, patogenia, inmunidad y medidas de control.
La piscirickettsiosis continúa siendo una de las principales enfermedades infecciosas que afectan a la salmonicultura chilena. Aunque también se han reportado casos en otros países productores, la revisión identifica a Chile como el principal foco epidemiológico y productivo de la enfermedad.
Diferencias entre genogrupos
Uno de los principales planteamientos del artículo es que P. salmonis no debería abordarse como un patógeno completamente homogéneo.
La evidencia genómica revisada distingue al menos tres linajes profundamente divergentes, denominados LF-89, EM-90 y NC. Los dos primeros concentran la mayor atención en Chile y presentan diferencias en su composición genética, comportamiento clínico y mecanismos de infección.
Según la revisión, los aislados similares a LF-89 se asocian habitualmente con cuadros más crónicos y lesiones granulomatosas, mientras que EM-90 se vincula con infecciones más agudas y septicemias hemorrágicas.
Aunque algunos análisis genómicos sugieren que estos linajes podrían corresponder a taxones distintos, el artículo mantiene la denominación de genogrupos, ya que esa posible separación todavía no ha sido formalizada.
Vacunas y diagnóstico
Rozas-Serri sostiene que estas diferencias deberían ser consideradas al diseñar vacunas, interpretar diagnósticos y realizar vigilancia sanitaria.
La revisión plantea que la protección incompleta observada en condiciones productivas podría relacionarse, entre otros factores, con una cobertura limitada entre genogrupos y con la capacidad de la bacteria para sobrevivir dentro de las células del pez, alterar la respuesta inmune y dificultar una protección duradera.
El autor destaca especialmente la necesidad de avanzar hacia vacunas que incorporen más de un genogrupo. Sin embargo, reconoce que aún se requieren estudios capaces de demostrar con mayor precisión qué mecanismos se traducen efectivamente en protección clínica.
El trabajo también advierte que los métodos diagnósticos utilizados habitualmente no siempre permiten identificar de manera rutinaria qué genogrupo está circulando. Por ello, propone desarrollar y estandarizar herramientas moleculares que incorporen esta información a la vigilancia epidemiológica.
Fallas terapéuticas
La revisión señala que los problemas de tratamiento no se explicarían únicamente por la resistencia antimicrobiana.
Entre los factores analizados se encuentran la persistencia intracelular de la bacteria, su capacidad de formar biopelículas, el inicio tardío de los tratamientos y posibles desajustes entre las concentraciones de los medicamentos y las condiciones en que se desarrolla la infección.
También plantea que variables ambientales, como la temperatura, pueden modificar tanto la dinámica de la enfermedad como el metabolismo de los fármacos y la duración de la protección vacunal.
A partir de estos antecedentes, el autor propone un uso de antimicrobianos más ajustado a datos de susceptibilidad y a criterios farmacocinéticos y farmacodinámicos, junto con medidas de bioseguridad adaptadas a las condiciones ambientales.
Prioridades de control
Entre las principales líneas de acción, la revisión propone desarrollar vacunas bivalentes dirigidas a diferentes genogrupos, implementar vigilancia molecular de las variantes circulantes y vincular las decisiones sanitarias con la epidemiología observada en cada zona productiva.
También plantea avanzar en diagnósticos estandarizados, bioseguridad adaptada al clima, monitoreo continuo de la eficacia de los antibióticos y estrategias integradas que combinen vacunación, diagnóstico, manejo productivo y uso responsable de antimicrobianos.
Estas medidas corresponden a prioridades formuladas por el autor a partir de la literatura disponible y no a soluciones cuya eficacia haya sido demostrada conjuntamente en condiciones productivas.
Una tarea pendiente
Al comentar la publicación en redes sociales, Rozas-Serri destacó el avance alcanzado desde la revisión que publicó en 2014 junto con Ricardo Enríquez, pero sostuvo que el desafío pendiente es trasladar ese conocimiento a las decisiones regulatorias y productivas.
“La ciencia ha avanzado enormemente y, aunque siempre necesitaremos más y mejores conocimientos para optimizar el control de la enfermedad, el progreso es innegable. Sin embargo, persiste una brecha importante entre lo que sabemos y lo que hacemos, tanto en las políticas regulatorias como en el manejo cotidiano de la producción. Esa es la tarea pendiente”, señaló el investigador.
En su publicación, Rozas-Serri identificó entre las prioridades el desarrollo de vacunas bivalentes específicas para distintos genogrupos, una bioseguridad adaptada al clima, diagnósticos moleculares estandarizados para la vigilancia en tiempo real, el monitoreo de la eficacia de los antibióticos y estrategias integradas que consideren la diversidad genética del patógeno.

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