
El desarrollo productivo del sur de Chile ha generado un ecosistema empresarial que, más allá de la producción de salmón, incorpora proveedores tecnológicos, servicios especializados, logística, conocimiento y soluciones que comienzan a proyectarse hacia otros mercados. En ese escenario, Südlich Capital mantiene una búsqueda activa de nuevas oportunidades de inversión a través de su fondo FRAM II.
Así lo explica Benjamín Ortúzar, fund manager del FIP FRAM II, quien plantea que el foco está puesto en empresas que ya cuentan con operaciones y que presentan posibilidades concretas de crecimiento. A diferencia de los fondos orientados a emprendimientos en etapas tempranas, FRAM II busca compañías establecidas, donde la incorporación de capital pueda ir acompañada de una gestión activa.
“Nosotros buscamos empresas más establecidas, empresas con buenas proyecciones y que estén funcionando. Buscamos ser socios estratégicos y lo ideal es siempre ir con un aumento de capital y acompañamiento en ese crecimiento”, explica Ortúzar.
El fondo se encuentra actualmente en pleno período de inversión y ya cuenta con dos inversiones, mientras continúa evaluando nuevas oportunidades. La idea, explica, no es solamente aportar recursos, sino acompañar a las compañías en una etapa en que muchas veces el crecimiento trae consigo nuevos desafíos.
“Nos hemos dado cuenta de que el crecimiento no solamente se acompaña con más capital. Es necesario, sí, pero muchas veces, si la empresa y los procesos internos no están preparados, más capital puede ser que no te lleve a nada”, señala.
En ese sentido, Südlich busca apoyar a las empresas en ámbitos como gestión financiera, administración, gobierno corporativo y planificación. Ortúzar ejemplifica con situaciones que pueden aparecer cuando una compañía comienza a crecer rápidamente: aumentar las ventas, asumir proyectos de mayor tamaño o entrar a nuevos mercados sin contar todavía con los procesos, equipos o estructura necesarios para sostener esa expansión.
“Todo crecimiento tiene que ir acompañado de gobierno corporativo, de procesos y de apoyo. Nosotros no somos expertos en todo, pero sí somos expertos en algunas cosas, como la parte financiera, la administración y el apoyo a los gobiernos corporativos”, afirma.
Más allá de la salmonicultura
Uno de los elementos que marca la búsqueda de Südlich es su foco regional. La administradora tiene su arraigo en el sur y, según Ortúzar, ese conocimiento territorial permite observar oportunidades que muchas veces pueden resultar menos evidentes para quienes miran la región desde Santiago.
La búsqueda considera empresas pequeñas y medianas de sectores como turismo, acuicultura, agroindustria y otras actividades vinculadas a la economía regional. El punto, aclara, no está necesariamente en invertir directamente en productores de salmón, sino en todo el ecosistema que se ha desarrollado alrededor de las industrias que operan en el territorio.
“Nosotros somos una de las pocas administradoras de fondos de inversión privados que no está en Santiago. Tenemos profesionales de primer nivel, pero con un arraigo fuerte al sur. Entonces somos una puerta para ciertos inversionistas que no conocen las dinámicas del sur”, explica.
Para Ortúzar, esa mirada permite también observar un cambio más amplio en la matriz productiva regional. El sur ya no es solamente campo, Estado y salmonicultura. En torno a esas actividades se han ido desarrollando nuevas empresas, profesionales y servicios, junto con una creciente actividad ligada al turismo, la tecnología, el conocimiento y la innovación.
“Hace 20 años, cuando yo salí del colegio acá, no era tan diversa la matriz de las cosas que se hacían. Yo creo que hoy día hay más oportunidades en todo sentido”, sostiene.
En ese proceso, la salmonicultura ha tenido un papel relevante, pero no solamente por su producción. Una industria que se desarrolló en territorios remotos y bajo condiciones geográficas y climáticas exigentes tuvo que ir creando soluciones, adaptando tecnologías y formando profesionales especializados.
Ortúzar recuerda que, en los primeros años, buena parte de la tecnología utilizada en la industria provenía de otros países. Con el tiempo, ese conocimiento comenzó a adaptarse a las condiciones locales y a generar desarrollos propios.
“Hace 30 años en las distintas empresas había muchos noruegos que traían su tecnología. Después el chileno empezó a copiar ciertas tecnologías que venían de afuera, pero después se fue adaptando y fue generando su propio conocimiento”, explica.
Ese proceso es el que hoy, a juicio de Ortúzar, abre una oportunidad distinta. El sur no solo puede producir una proteína o desarrollar una actividad productiva, sino también generar tecnología y conocimiento que puedan ser utilizados en otros lugares.
Y es ahí donde aparece uno de los ámbitos que Südlich observa con especial atención: todo el ecosistema relacionado con la etapa de agua dulce.
La expansión y modernización de las actividades acuícolas genera necesidades en múltiples áreas, desde construcción y logística hasta proveedores de insumos, tecnología, profesionales, alimentación y sistemas de oxigenación. Para Ortúzar, se trata de un espacio especialmente interesante porque reúne una industria competitiva, tecnologizada y acostumbrada a resolver problemas en condiciones complejas.
“La piscicultura en sí trae una serie de redes que tienen que apoyar este crecimiento: desde la construcción, conocimiento, proveedores de insumos, profesionales y logística”, señala.
La mirada, sin embargo, va más allá del crecimiento de la propia industria. El interés está también en las capacidades que han desarrollado las empresas que participan de ella y en la posibilidad de que esas soluciones encuentren aplicaciones en otros sectores.
“Es una industria súper técnica, súper tecnológica. Hay muchas cosas que hacer todavía, pero los estándares para todos han mejorado. Y todo ese aprendizaje que se ha generado acá puede servir para otros mercados y otras industrias”, plantea Ortúzar.
De ahí surge una de las ideas centrales de la búsqueda de Südlich: una empresa que nació resolviendo un problema específico de la salmonicultura puede eventualmente descubrir que su solución tiene valor en otro sector productivo o en otro país.
“Quizás mi producto sirva en otra industria, porque quizás lo mismo que estoy haciendo acá, con condiciones climáticas y geográficas bien adversas, pueda servir para otra. Yo creo que ese aprendizaje es un valor que tenemos acá”, explica.
Un ecosistema que comienza a exportar conocimiento
El fenómeno ya está ocurriendo. Ortúzar menciona como ejemplo a Imatek, empresa en la que Südlich ingresó como socio estratégico y que desarrolla soluciones tecnológicas para operaciones remotas.
Durante este año, Imatek participó junto al Club de Innovación Acuícola y otras empresas en una gira a Brasil, orientada a conocer el mercado de la tilapia y explorar nuevas oportunidades para tecnologías desarrolladas en Chile.
Para Ortúzar, este tipo de experiencias muestran cómo ha ido madurando el ecosistema.
“Ahí no se está vendiendo el salmón; lo que se está vendiendo es la tecnología que, a lo largo de los años, y gracias al conocimiento y desarrollo de nuestros profesionales, muchos de la zona, ahora puede ir a otros mercados”, explica.
La lógica es distinta a la de hace algunas décadas. Muchas empresas comienzan buscando resolver una necesidad concreta de la industria acuícola local. Sin embargo, una vez que desarrollan y validan una solución, aparece la posibilidad de llevarla a otras proteínas, industrias o países.
“Muchas quieren entrar a un centro de cultivo, a una planta de proceso, ser proveedor del productor. Muchas veces esa es la primera etapa. Pero quizás eso no es suficiente. Valido acá mi tecnología, mi producto o mi servicio, pero después tengo que preguntarme dónde más puede servir”, sostiene.
En ese camino, la innovación aparece como una consecuencia de los propios desafíos de la industria. Los requerimientos de eficiencia, sustentabilidad, seguridad y reducción de huellas ambientales son cada vez mayores, y las empresas deben encontrar nuevas formas de responder a ellos.
“Los desafíos que estamos teniendo el 2026 no son los mismos desafíos que teníamos el 2000 o el 2010. La exigencia muchas veces se la ponen los mismos productores, con temas de sustentabilidad, huella de carbono, huella hídrica. La industria como un todo va intentando resolver estos desafíos y eso genera innovación”, comenta.
Según explica, basta con observar la cantidad de proyectos y empresas que llegan a Südlich para entender la diversidad que se está formando en torno a estas actividades. No todos corresponden al ámbito de inversión del fondo, pero muchos muestran que existe una generación de emprendedores y profesionales pensando en nuevas soluciones.
Esa búsqueda tampoco ocurre solamente desde una oficina. Ortúzar destaca la importancia de participar en encuentros, visitar empresas y estar constantemente en terreno.
“Acá en la oficina no pasan cosas. Tú puedes ver las noticias y más o menos las tendencias, pero es súper importante estar en los eventos y visitar también, ir a terreno. Es ahí donde uno escucha, conoce y va viendo las oportunidades”, cuenta.
Parte de las oportunidades aparece precisamente en esos espacios, a través de conversaciones, reuniones y conexiones entre personas que están enfrentando problemas similares o que pueden encontrar aplicaciones para una determinada tecnología.
“Está todo interconectado, no es tan simple la cosa como ‘estoy en búsqueda de una empresa’. Es dinámico y es entender también para qué tipo de negocio estamos trabajando. Hay un montón de oportunidades”, explica.
Crecer desde el sur
Para Ortúzar, ese ecosistema también refleja una transformación que va más allá de los negocios. El sur ofrece hoy posibilidades que antes eran mucho más limitadas para quienes nacían y estudiaban en la zona.
Durante años, para muchos jóvenes la alternativa era trasladarse a Santiago para continuar sus estudios y desarrollar sus carreras. Hoy, aunque ese fenómeno sigue existiendo, la región cuenta con una matriz empresarial y profesional mucho más amplia.
“Yo tengo amigos que son sociólogos y viven acá, que hacen clases en la universidad, amigos que están en sus proyectos que no tienen que ver con el mundo industrial, desarrollo cultural. Hay una serie de actividades que creo que hace 20 años no existían con la misma fuerza”, comenta.
A su juicio, el desarrollo de la industria, el turismo y los servicios ha permitido que la matriz de actividades sea más diversa y que también aparezcan nuevas oportunidades profesionales.
“Ya no está solamente el campo, el Estado y el salmón. Ahora hay una serie de actividades que están alrededor de ello. Yo creo que hoy día hay más oportunidades en todo sentido”, afirma.
En ese escenario, el desarrollo de nuevas industrias y empresas puede contribuir también a generar más oportunidades para quienes quieren permanecer en el territorio. No se trata solamente de crecimiento económico, sino de la posibilidad de construir carreras, proyectos y empresas desde el propio sur.
Para Ortúzar, esa dimensión forma parte importante de la mirada de Südlich. El fondo busca generar valor en las compañías en las que participa, pero también hacerlo desde un territorio que tiene capacidades propias y que todavía cuenta con espacios importantes para seguir creciendo.
“Para nosotros como Südlich es súper importante saber que hoy estamos invirtiendo en tal empresa y que después de un año pasamos, no sé, de 30 personas a 50. Eso tiene un tema territorial importante, de generar desarrollo sustentable y de que las familias puedan desarrollarse profesional y familiarmente en el sur”, señala.
La tarea, entonces, no pasa por dejar atrás la salmonicultura, sino por aprovechar todo lo que se ha construido a partir de ella para ampliar las posibilidades del sur. La experiencia acumulada en ambientes remotos, el desarrollo de proveedores, la formación de profesionales y la aparición de nuevas tecnologías forman parte de un conocimiento que puede seguir abriendo puertas.
“El aprendizaje que se ha ido generando acá es un valor. Antes nosotros recibíamos tecnología de afuera, pero hoy hay empresas en distintas áreas que compiten con extranjeros y que están exportando sus servicios a otros mercados. Eso hace 30 años hubiese sido muy difícil de imaginar”, sostiene Ortúzar.
El desafío está en que esas capacidades puedan transformarse en nuevas empresas, nuevos mercados y nuevas oportunidades.
Porque, como plantea Ortúzar, el sur austral ha cambiado. Ya no se trata solamente de un territorio desde donde muchos debían partir para buscar oportunidades en otros lugares. Hoy también existe la posibilidad de quedarse, crear y desarrollar soluciones desde aquí para utilizarlas incluso mucho más allá de las fronteras de Chile.
Y quizás esa sea una de las señales más interesantes del momento que vive el sur: una zona que durante décadas fue conocida principalmente por lo que producía comienza también a ser reconocida por el conocimiento, la innovación y las soluciones que es capaz de desarrollar.

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