
En un contexto de estrés hídrico creciente, la desalinización surge como alternativa para el suministro de agua en Chile. Sin embargo, implica desafíos ambientales importantes. Así lo expresó Humberto Díaz en la charla “Desalinización Multipropósito: Desafíos y Oportunidades”, realizada en Viña del Mar. Instancia organizada por El Mercurio de Valparaíso y Aguas Pacífico.
El biólogo marino explicó que la tecnología desalinizadora tiene una larga historia en Chile. “La primera planta desalinizadora del mundo se hizo en Chile, en 1872, en Las Salinas”, señaló Díaz, quien ha participado en más de treinta proyectos de plantas desaladoras y de hidrógeno verde.
Chile cuenta actualmente con veinticuatro plantas desalinizadoras, concentradas principalmente en Antofagasta. Díaz comparó la mayor planta chilena, de Minera Escondida (menos de 4.000 litros por segundo), con la planta Jebel Ali en Dubái, que produce 25.000 litros por segundo. “Solamente esa planta es equivalente a todas las plantas desalinizadoras en Chile y las de los próximos diez años”, destacó.
Hidrógeno verde
También abordó la producción de hidrógeno verde, que utiliza agua de mar mediante energías renovables y cuya demanda hídrica supera los 200 litros por segundo. Actualmente hay setenta proyectos en distintas etapas en Chile.
“El desafío radica en garantizar que el diseño de las plantas desalinizadoras minimice su impacto en la biodiversidad marina”, destacó Díaz, mencionando factores clave como la captación de agua, retención de organismos, consumo energético y ruido submarino.
Según Díaz, la descarga de salmuera es el impacto más resuelto. Explicó que “los organismos marinos pueden tolerar aumentos en la salinidad de hasta un cinco por ciento sobre la salinidad basal”. Asimismo, aseguró que la zona afectada por salinidad se limita a pocos metros desde la descarga.
Respecto al consumo energético, explicó que producir un metro cúbico de agua desalinizada requiere entre 3 y 3,5 kWh, similar al gasto energético de una lavadora durante 38 minutos o una plancha durante una hora.
Díaz destacó regulaciones estrictas para la captación de agua, limitando la velocidad a 0,15 m/s para evitar la captura de organismos marinos. “La ubicación de las captaciones a profundidades superiores a veinte metros reduce significativamente la captación de fitoplancton y zooplancton”, explicó.
Sobre retención o «impingement», indicó que está relativamente resuelta y la captura diaria de peces es comparable a lo consumido por un pelícano. En cuanto al arrastre o «entrainment», destacó que “el impacto es muy bajo” gracias a tecnologías como las cortinas de burbujas.
Respecto al ruido submarino y sedimentos resuspendidos durante la construcción, afirmó que con tecnología adecuada, es posible mitigar estos impactos.
Finalmente, Díaz resaltó la creciente complejidad de los estudios ambientales en Chile, comparables a Estados Unidos, aunque advirtió que la aceptación social sigue siendo un desafío importante, similar a la de países como Perú.

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