
Un nuevo estudio publicado en la revista Turkish Journal of Fisheries and Aquatic Sciences reveló que la inclusión de harina de krill en la dieta puede mejorar de manera significativa el desempeño del salmón del Atlántico durante la transición de agua dulce a agua de mar, una de las fases más críticas de su ciclo de vida. La investigación fue desarrollada por Skretting en colaboración con Aker QRILL Company y constituye el primer ensayo de este tipo realizado a escala comercial en un centro de cultivo.
El período de transferencia a mar abierto es reconocido en la industria como un cuello de botella, ya que suele estar marcado por la pérdida de apetito, el estrés por osmorregulación, un mayor riesgo de enfermedades y, en consecuencia, tasas elevadas de mortalidad. De hecho, los registros sectoriales muestran que gran parte de las pérdidas productivas ocurren en los primeros meses tras el ingreso de los peces al mar, lo que genera preocupación tanto en términos económicos como de bienestar animal.
El ensayo, llevado a cabo durante 116 días en una piscicultura de Harstad, Noruega, comparó dos dietas: una estándar con 15% de harina de pescado y otra en la que un tercio de esta se reemplazó por harina de krill (QRILL Aqua). Los resultados mostraron que los salmones alimentados con la dieta que contenía krill consumieron un 3% más de alimento, registraron una mortalidad 22% menor y alcanzaron un crecimiento 4,8% superior en relación con el grupo control.
Productividad
Estos hallazgos sugieren que la incorporación de harina de krill podría aportar ventajas relevantes tanto para la productividad de los centros como para la salud de los peces. En un contexto en el que las formulaciones de alimento dependen cada vez más de proteínas vegetales y nuevos ingredientes, los investigadores destacan que el uso de fuentes marinas funcionales puede contribuir a mantener la palatabilidad y el equilibrio nutricional, al mismo tiempo que se reducen las presiones sobre la harina de pescado.
El trabajo, titulado La harina de kril mejora el crecimiento y la supervivencia en salmones juveniles del Atlántico tras la transferencia a agua de mar, entrega nuevas evidencias sobre el rol de este insumo en la salmonicultura y abre la puerta a seguir explorando estrategias que permitan mejorar la sostenibilidad y el bienestar animal en una etapa clave del ciclo productivo.


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