
En el Mes del Mar, vale la pena que los chilenos, sobre todo los que vivimos en zonas costeras, reflexionemos sobre la importancia del mar, el valor que le reconocemos y si lo estamos cuidando o no.
Somos un país marítimo por naturaleza, nuestro destino está ligado al mar. Buena parte de nuestra cultura y nuestra historia están vinculados con él. Las exportaciones e importaciones que nos permiten progresar como país viajan por mar. Nuestro orgullo de ser un país tricontinental –con territorios en América, Oceanía y la Antártida– se sostiene gracias al mar. Las actividades económicas relacionadas con el mar son múltiples y de enorme importancia para Chile, y entre ellas la pesca ocupa un lugar relevante en la cultura nacional, proporcionando trabajo y alimento para nuestra población y para todo el mundo. El mar es la mayor reserva de recursos del planeta, debemos valorar eso.
Los alimentos de origen marino son fundamentales en la alimentación mundial. Recordemos que los mariscos y pescados son, reconocidamente, fuentes de proteínas de muy alta calidad y sin prácticamente ningún contenido dañino para el ser humano; de hecho, las grasas presentes en la carne de pescado son beneficiosas para la salud, incluyendo el muy conocido ácido Omega 3. Las algas, que en Chile aún se consumen en muy bajo volumen, en otros países, especialmente de Asia, son muy valoradas y se usan en productos alimenticios y en la industria química.
Creemos que es momento para avanzar hacia el objetivo de convertir a Chile en una potencia alimentaria a nivel mundial, y en ese sentido, el sector pesquero cumple un rol fundamental. Para eso debemos preocuparnos de que haya más ciencia, de capacitar, de formar capacidades, de cuidar nuestros recursos con sentido de futuro. Vemos en esto un mar de oportunidades para nuevos biólogos marinos, ingenieros pesqueros, capitanes de pesca, gente de plantas y procesos. Todo un ámbito de desarrollo para Chile que hasta ahora ha crecido en forma autónoma, sin políticas públicas específicas para su fomento.
Chile merece tener un Ministerio del Mar, que se preocupe de las actividades productivas de la pesca, la acuicultura y la alguicultura, y en donde se cobijen organismos como el Instituto Nacional de Desarrollo Sustentable de la Pesca Artesanal y de la Acuicultura de Pequeña Escala (INDESPA) y el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP). Un ente con autonomía y capacidad de planificación.
Esta medida –que también encuentra apoyo entre muchos dirigentes de la pesca artesanal– sería un paso decisivo y real para impulsar las actividades económicas en el mar. Lamentablemente, ninguno de estos objetivos aparece contenido en el actual proyecto para una nueva Ley de Pesca y Acuicultura, que se debate en el Congreso Nacional. Es el momento para mirar más allá.

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