
En esta columna, Daniel Nieto, gerente del Programa Tecnológico Estratégico (PTEC) INVA, analiza la viabilidad actual del lupino dulce como fuente de proteína vegetal para la alimentación de salmones en Chile. Tras cuatro años de trabajo en la articulación entre agricultura y acuicultura, el autor sostiene que existen hoy bases técnicas y económicas que permiten proyectar su rentabilidad, siempre que se consolide un modelo sustentado en contratos, coordinación productiva y compromiso industrial de largo plazo:
«Después de cuatro años de intenso trabajo en el Programa Tecnológico PTEC INVA, vemos con entusiasmo cómo diversos estamentos y organizaciones, por ejemplo el Consejo del Salmón, se van sumando a nuestra iniciativa de promover la siembra de vegetales a nivel local para abastecer de proteína y energía a nuestros salmones.
En el caso específico del lupino dulce (Lupinus albus y L. angustifolius), después de revisar números actualizados de costos y precios, la conclusión es clara: esta especie vegetal, como fuente de proteína para la alimentación de nuestra acuicultura, puede ser rentable hoy en Chile, pero solo si se hace bien. Durante años, el cultivo casi desapareció por volatilidad, enfermedades y falta de contratos. Hoy el escenario es distinto.
La base técnica existe:
Hay variedades más estables y con mejor tolerancia sanitaria.
Rendimientos comerciales realistas entre 3,0 y 3,5 t/há.
Beneficios agronómicos relevantes: fijación biológica de nitrógeno y mejor rotación.
Por lo tanto, la economía es exigente, pero viable.
Con costos reales actuales del orden de $650.000 – 800.000 por hectárea, el lupino:
No es viable a precios spot históricos.
Sí puede ser rentable con contratos industriales en el rango de $280 – 350 por kilo.
En escenarios medios (3,2 t/há y $300/kg), los márgenes son positivos y comparables a cultivos tradicionales, con el beneficio adicional de mejorar el suelo y el sistema productivo completo.
¿Por qué hoy tiene sentido mirarlo en serio?
Para la industria del alimento para salmones:
Proteína vegetal local que incluso puede ser concentrada a precio competitivo.
Menor huella logística.
Mayor trazabilidad.
Seguridad de suministro.
Cumplimiento de compromisos ESG.
Para el agricultor:
Contratos con precio definido.
Menor exposición a volatilidad.
Mejora del suelo y del cultivo siguiente.
Integración a una cadena estratégica nacional.
La condición clave es clara: el lupino no va a escalar sin contratos. El modelo viable requiere:
Precio piso.
Compra asegurada.
Asistencia técnica.
Coordinación logística.
Relación directa productor–industria.
Sin organización, no funciona. Pero con organización, sí puede funcionar. Existe una oportunidad compartida. El sur de Chile cuenta con:
Suelo.
Clima.
Experiencia histórica.
Industria demandante.
Lo que se necesita ahora es coordinación y decisión. El lupino no es nostalgia agrícola. Puede transformarse en un puente estratégico entre agricultura y acuicultura.
La invitación es concreta:
A los agricultores: evaluarlo con números reales y bajo contrato.
A la industria: comprometer volumen y entregar señales claras de largo plazo.
Si ambos sectores avanzan de manera conjunta, el lupino puede volver a sembrarse… y esta vez, quedarse.»


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