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Revista de Acuicultura.

Noruega analiza impacto del cambio climático en el cultivo de salmón hacia 2050

Un informe del Instituto de Investigación Marina de Noruega advierte que el aumento de la temperatura, la menor oxigenación del agua y el mayor riesgo de caligus podrían agravar problemas sanitarios, escapes e impactos ambientales en la salmonicultura del país.

El Instituto de Investigación Marina de Noruega (IMR) presentó un informe que analiza cómo el cambio climático podría intensificar los principales desafíos de la salmonicultura en ese país durante las próximas décadas, especialmente en materias de bienestar animal, enfermedades, escapes de peces e impacto ambiental.

La investigación advierte que el aumento de temperatura del mar, la menor oxigenación del agua, las olas de calor marinas más frecuentes y los cambios en la salinidad de fiordos y zonas costeras podrían agravar problemas ya existentes en la producción de salmón de cultivo.

Según la jefa de investigación, Mari Myksvoll, el patrón general observado por los investigadores es claro. “En conjunto, el informe muestra un patrón claro. Los cambios climáticos refuerzan los problemas relacionados con el bienestar de los peces, las enfermedades, los escapes y el impacto ambiental”, señaló.

La especialista agregó que el cambio climático también reduce la capacidad de los ecosistemas para tolerar la presión generada por la actividad acuícola. “Los cambios climáticos también afectan directamente al ecosistema y hacen que la naturaleza tolere menos el impacto de la acuicultura que antes. Esto exige que la industria y la gestión pública se adapten a una nueva realidad”, sostuvo.

Variables

El informe detalla que el salmón presenta su mejor crecimiento cuando la temperatura del agua se mantiene entre los 10 y 14°C. Sin embargo, sobre los 20°C los peces dejan de alimentarse y, en periodos prolongados sobre los 22°C, aumenta la mortalidad.

A esto se suma una menor disponibilidad de oxígeno disuelto en el agua, lo que genera una doble presión: los peces requieren más oxígeno debido al estrés térmico, pero al mismo tiempo disponen de menos.

Esta combinación incrementa el riesgo de enfermedades, deteriora la respuesta inmune y favorece problemas productivos como cataratas, además de aumentar la presión de infestación por caligus debido a ciclos más rápidos de reproducción del parásito.

El estudio también advierte que las especies silvestres como salmón salvaje, trucha de mar y trucha ártica podrían enfrentar una mayor exposición a enfermedades y al piojo de mar, debido al aumento de la carga parasitaria en los fiordos.

Asimismo, se proyecta un mayor riesgo de escapes de peces cultivados producto de eventos climáticos extremos y de una mayor necesidad de manipulación sanitaria, lo que podría intensificar los cruces genéticos con poblaciones silvestres.

En paralelo, los investigadores prevén una mayor acumulación de residuos orgánicos, medicamentos y contaminantes en el medio marino, debido a una menor renovación del agua y a niveles más bajos de oxígeno en los fiordos.

Ambiente desafiante

La investigadora Ingrid A. Johnsen explicó que estos cambios físicos y químicos vuelven al ecosistema más vulnerable frente a la actividad humana. “Esto puede contribuir a que el ecosistema tolere peor el impacto de la acuicultura. Que el mar se vuelva más cálido y que tengamos más olas de calor crea un ambiente más desafiante tanto para el salmón de cultivo como para las especies que existen naturalmente en nuestra costa”, indicó.

Los investigadores concluyen que la gestión futura de la salmonicultura requerirá mayor capacidad de adaptación, nuevas tecnologías y más conocimiento científico para enfrentar un escenario que, según advierten, seguirá intensificándose hacia 2050.