
Durante años, el control de Listeria monocytogenes en la salmonicultura ha estado asociado principalmente a las plantas de proceso y a la desinfección intensiva de equipos e instalaciones. Sin embargo, nuevas evidencias científicas y el desarrollo de soluciones biotecnológicas están impulsando una mirada distinta: abordar el problema desde su posible origen en el agua de cultivo. En esta columna, Axel Paulsen, director de Biocambio, reflexiona sobre la necesidad de trasladar la estrategia sanitaria «río arriba» y fortalecer una prevención basada en barreras biológicas:
«Como columnista en Mundo Acuícola y apasionado por la innovación y la sostenibilidad en nuestra industria, me llama profundamente la atención cómo insistimos en dar la misma batalla en el mismo cuadrante.
Durante años, el control de Listeria monocytogenes ha sido sinónimo de higienización extrema en las plantas de proceso secundario: desinfectar drenajes, cuchillos y cintas de transporte para erradicar cepas residentes.
Pero, ¿qué pasa si el verdadero vector de entrada está cruzando nuestras puertas mucho antes, camuflado en el propio pez vivo que viene de las aguas de cultivo?
La evidencia científica contemporánea nos obliga a mirar «río arriba». Literalmente.
El enemigo invisible que entra por el río
Las pisciculturas de agua dulce de las regiones de La Araucanía, Los Lagos y Aysén captan agua de ríos, lagos y esteros superficiales expuestos a diversas actividades agrícolas, ganaderas y humanas.
Investigaciones lideradas por universidades chilenas, con destacada participación de la Dra. Andrea Moreno Switt, confirman que la Listeria es un habitante habitual en los cursos de agua del sur del país.
La dinámica en el agua es reveladora: estudios sobre este patógeno demuestran que mientras en ríos prístinos de cabecera la bacteria casi no se detecta, su presencia se eleva al ingresar a pisciculturas de agua dulce debido a la influencia de la actividad humana y animal en la cuenca.
Aquí ocurre un fenómeno de supervivencia crítico: bajo el estrés del frío y la escasez de nutrientes del río, la Listeria adopta el estado Viable Pero No Cultivable (VBNC). En este estado, la bacteria reduce su metabolismo y se vuelve «invisible» para los análisis microbiológicos rutinarios de placa que se hacen en las pisciculturas. El patógeno ingresa de forma silenciosa, colonizando la piel, branquias y tracto digestivo de los salmones.
Cuando el pez llega a la planta de proceso, la bacteria se reactiva con la temperatura y los nutrientes de la línea, colonizando los equipos y superficies.
El peligro del «todo al cloro»
Para mitigar este riesgo, la industria suele recurrir a desinfecciones químicas intensivas. Sin embargo, el uso repetitivo de desinfectantes clorados o amonios cuaternarios a dosis subletales puede ser contraproducente.
La Listeria posee mecanismos de defensa adaptativos que le permiten acostumbrarse a los desinfectantes químicos comunes , seleccionando cepas resistentes y altamente persistentes dentro de la planta de proceso.
¿La alternativa? Diseñar una estrategia de barrera biológica directamente en el origen: el agua de aducción de la piscicultura.
El Escudo Biológico en el Origen: Bioescudo 24/7
La clave de esta estrategia es Bioescudo, un sistema automatizado de dosificación continua. Consiste en un equipo dosificador de precisión que se instala directamente en el canal de captación de la piscicultura, inoculando una solución biológica activa de forma constante las 24 horas del día, los 7 días de la semana (24/7).
Esta dosificación permanente asegura una barrera protectora homogénea que defiende el sistema acuícola en tiempo real y sin interrupciones. Administrar este tipo de soluciones biológicas directamente en la columna de agua es el método más recomendado en acuicultura, ya que evita el estrés de la manipulación física y asegura que la microflora benéfica colonice preventivamente las superficies del pez y los estanques desde las primeras etapas de su desarrollo.
¿Cómo actúa Bioescudo frente a la Listeria?
Competencia voraz por espacio y alimento: Los microorganismos benéficos que componen Bioescudo tienen una velocidad de crecimiento extraordinaria. Al ser dosificados constantemente en el agua, consumen de manera prioritaria los nutrientes y ocupan el espacio disponible, dejando a la Listeria sin el sustento necesario para multiplicarse o establecerse.
Exclusión y captura física: Esta barrera no solo compite por alimento, sino que genera un efecto de agregación que atrapa físicamente a las bacterias patógenas suspendidas en el agua. Al quedar neutralizadas, se impide de forma natural que logren adherirse a la mucosa del salmón o a las paredes de los estanques de cultivo.
Un ecosistema hídrico más limpio
El beneficio de este enfoque es indiscutible. En el agua, Bioescudo actúa además como un excelente biorremediador, mejorando parámetros clave de calidad del agua como la Demanda Bioquímica de Oxígeno (DBO), los Sólidos Suspendidos Totales (SST) y la carga de fósforo total. Al remover estos residuos orgánicos, eliminamos los «sitios de refugio» donde la Listeria suele esconderse y multiplicarse en las pisciculturas.
La inocuidad alimentaria del salmón chileno no puede seguir pensándose como un problema que empieza en la mesa de fileteo de la planta. Empieza en el río que alimenta la piscicultura y se resguarda con biotecnología aplicada en el origen hídrico. Es el camino más limpio, sostenible y eficaz para proteger la reputación de nuestra industria en los mercados globales.
¿Seguiremos gastando millones en mitigar el problema al final de la línea o empezaremos a controlar el patógeno con un enfoque preventivo desde el origen del agua? Te leo en los comentarios.
¿Quieres evaluar cómo implementar la estrategia de Bioescudo en tu piscicultura?
Para ayudarte a proteger tu producción desde la captación de agua y mejorar tus parámetros sanitarios hídricos, te ofrecemos una asesoría técnica completamente gratuita.
Escríbenos directamente a axel@biocambio.cl para coordinar una reunión de diagnóstico con nuestro equipo».

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