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Revista de Acuicultura.

Estudio destaca potencial del vínculo entre agricultura y salmonicultura para impulsar el crecimiento regional

Un seminario organizado por el Consejo del Salmón reunió a autoridades, gremios y especialistas para analizar cómo el fortalecimiento de los vínculos entre la agricultura y la salmonicultura puede impulsar el crecimiento regional, generar nuevas oportunidades para los cultivos tradicionales y ampliar el impacto económico de ambas actividades.

La demanda de materias primas para la elaboración de alimentos para salmones podría transformarse en un nuevo motor de desarrollo para la agricultura nacional y generar un mayor encadenamiento productivo entre dos de los sectores más relevantes de la economía chilena.

Esa fue una de las principales conclusiones del seminario «Alianza AgroSalmón: Una oportunidad para el crecimiento país», instancia que reunió al ministro de Agricultura, Jaime Campos; la presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón, Loreto Seguel; y el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, quienes analizaron el potencial de colaboración entre ambos sectores y los desafíos para materializarlo.

Estudio identifica amplio potencial de crecimiento entre la agricultura y la salmonicultura

Uno de los principales insumos de la jornada fue la presentación del estudio «La industria chilena del salmón: impacto económico, encadenamiento AgroSalmón y su potencial de crecimiento», elaborado por el economista y especialista en desarrollo productivo Rodrigo Krell para el Consejo del Salmón.

Durante su exposición, Krell destacó que la salmonicultura ya constituye una actividad estratégica para la economía nacional y, especialmente, para las regiones del sur de Chile, no solo por su producción directa, sino también por la extensa red de proveedores y servicios que moviliza.

Según detalló, la industria genera un impacto equivalente al 1,79% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, considerando tanto sus efectos directos como indirectos. A nivel regional, su importancia es aún mayor, representando cerca del 30% del PIB de Aysén, el 16,4% de Los Lagos y el 12,5% de Magallanes.

El economista explicó que el principal vínculo entre la salmonicultura y la agricultura se encuentra en la producción de alimentos para peces. Actualmente, cerca de la mitad de los costos de producción del salmón corresponde a la elaboración de alimento balanceado, actividad que demanda importantes volúmenes de cereales y otros ingredientes de origen vegetal.

Sin embargo, una parte significativa de estas materias primas continúa siendo importada. De acuerdo con el estudio, si la participación de ingredientes vegetales en la dieta del salmón aumentara desde el 60% al 70% y, al mismo tiempo, la provisión nacional de trigo alcanzara el 50% de la demanda de la industria, el consumo de trigo chileno podría elevarse hasta las 462 mil toneladas, generando un mercado estimado en alrededor de US$85 millones para la agricultura nacional.

Krell sostuvo que este escenario abriría nuevas oportunidades de desarrollo para regiones agrícolas que hoy mantienen una menor vinculación con la salmonicultura, particularmente La Araucanía, Biobío, Ñuble y Maule, fortaleciendo el encadenamiento productivo entre ambos sectores y diversificando los beneficios económicos de la industria salmonera más allá de las regiones donde se concentra su producción.

«El mensaje central es que la industria del salmón tiene un enorme potencial para incrementar su impacto sobre la agricultura chilena, pero ello requiere tanto avanzar en la competitividad del sector agrícola como superar las barreras que hoy limitan el crecimiento de la salmonicultura», concluyó.

Encadenamiento productivo y desarrollo regional

El ministro de Agricultura, Jaime Campos, sostuvo que la relación entre la producción de alimentos para salmones y la agricultura constituye uno de los ejes de trabajo que el Gobierno busca fortalecer en el mediano y largo plazo.

«La posibilidad de crecimiento y el impacto que esto puede tener en el sector agrícola es de bastante significación y puede constituir una respuesta muy contundente para regiones que tradicionalmente se han dedicado a la producción de cultivos anuales», señaló.

La autoridad planteó además que el desarrollo de esta alianza requiere una coordinación permanente entre agricultores, productores de alimentos para salmones e industria salmonicultora, así como avanzar en investigación, innovación y generación de información que permita adecuar la producción agrícola a las necesidades específicas del sector.

Una alianza que ya comenzó a materializarse

La presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón, Loreto Seguel, destacó que el trabajo impulsado en los últimos dos años ha permitido pasar desde una idea a una iniciativa con bases concretas y una hoja de ruta de desarrollo.

«Hoy ya no solamente es una idea, una voluntad o una convicción. Hoy existe un encadenamiento real entre la agricultura y la salmonicultura y desde ahí tenemos que construir», afirmó.

La dirigente explicó que la primera etapa del trabajo estuvo enfocada en generar confianza entre ambos sectores y en construir una agenda común que incluyó encuentros, visitas técnicas y la elaboración del primer estudio sobre el encadenamiento productivo entre el agro y la salmonicultura.

Asimismo, sostuvo que el crecimiento futuro de la salmonicultura también representa una oportunidad para el resto de la economía nacional. «El mundo demanda salmón chileno y necesitamos volver a crecer. Pero ese desarrollo debe hacerse con otros sectores, sentándonos a la mesa y construyendo oportunidades compartidas», indicó.

Una oportunidad para los cultivos tradicionales

Por su parte, el presidente de la SNA, Antonio Walker, señaló que la demanda de la industria salmonera abre una posibilidad concreta para recuperar competitividad y superficie en los cultivos tradicionales. «Los salmones nos dan una tremenda oportunidad para recuperar una superficie importante de cultivos tradicionales y volver a dar rentabilidad a sectores que se habían ido quedando atrás», afirmó.

Walker destacó que la cercanía geográfica entre las regiones agrícolas y las zonas productoras de salmón, junto con las capacidades tecnológicas y productivas del país, generan condiciones favorables para avanzar en una mayor integración entre ambos sectores. «Tenemos el mercado, somos vecinos y tenemos todas las condiciones para producir el grano que necesita la dieta de los salmones», concluyó.