
El bienestar animal no depende únicamente de cómo se encuentra un pez en un momento determinado. También está influido por las experiencias que ha enfrentado anteriormente y por la forma en que su organismo «recuerda» esos eventos. Esa fue una de las principales ideas desarrolladas por Juan Antonio Valdés, investigador del Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (INCAR), durante su presentación «Bienestar Animal y estrés en la acuicultura: dos caras de la misma moneda», realizada en el marco del Encuentro Latinoamericano de Bienestar Animal (ELBA 2026).
A partir de investigaciones desarrolladas por su equipo, el académico explicó cómo el cortisol -la principal hormona asociada al estrés- activa distintos mecanismos celulares que pueden modificar la respuesta futura de los peces frente a nuevos desafíos ambientales, sanitarios o productivos.
Uno de los aspectos centrales de la presentación fue diferenciar los efectos de un estrés puntual respecto de uno prolongado.
Según explicó Valdés, un episodio de estrés agudo puede activar mecanismos de adaptación que permiten al organismo responder de mejor manera frente a futuros desafíos, mientras que la exposición continua a condiciones estresantes genera respuestas completamente distintas.
«El estrés agudo no deja cicatrices, no es perjudicial, pero sí deja memoria. A través de mecanismos epigenéticos el organismo es capaz de registrar esta experiencia y optimizar su respuesta a futuros desafíos.»
En contraste, al estudiar peces sometidos a estrés crónico -como situaciones de confinamiento prolongado- el equipo observó procesos asociados al deterioro muscular, degradación celular y modificaciones epigenéticas más persistentes, lo que podría afectar el bienestar y el desempeño productivo de los animales a largo plazo.
Hacia indicadores que permitan anticipar el bienestar
Más allá de comprender cómo funcionan estos procesos, el investigador sostuvo que el desafío ahora es transformar ese conocimiento en herramientas útiles para la industria.
Actualmente, muchos indicadores permiten saber si un pez está estresado en un momento determinado. Sin embargo, la investigación busca avanzar hacia marcadores capaces de anticipar cómo responderá ese organismo en el futuro.
«La idea es ir avanzando y no trabajar solamente con indicadores que nos digan cómo está el pez en ese momento, sino avanzar hacia indicadores predictivos que nos puedan dar luces de cuál será el estado de bienestar de los organismos en el futuro.»
El objetivo, explicó, es identificar marcadores epigenéticos que permitan predecir variables como la capacidad de adaptación, el crecimiento o la respuesta frente a enfermedades antes de que esos problemas se manifiesten.
Durante el intercambio con los asistentes surgieron preguntas relacionadas con manejos habituales en la salmonicultura, como baños terapéuticos, transporte de peces y otras intervenciones que, aunque necesarias, también representan factores de estrés.
Consultado sobre este punto, Valdés señaló que, aunque los peces recuperen rápidamente parámetros fisiológicos como el cortisol, los efectos biológicos de esos eventos pueden mantenerse durante mucho más tiempo.
«Uno piensa que el pez se recuperó y volvió a su sistema productivo, pero ese proceso no para ahí. Tuvo efectos en el pez y esos cambios epigenéticos pueden trasladarse en el tiempo.»
En la discusión posterior, investigadores y asistentes coincidieron en que comprender mejor estos procesos permitirá optimizar las estrategias de manejo durante etapas sensibles del cultivo, particularmente en agua dulce y durante procedimientos sanitarios, contribuyendo tanto al bienestar animal como al desempeño productivo.
Una nueva mirada sobre el bienestar animal
Como reflexión final, Valdés planteó que el principal aporte de este tipo de investigaciones no radica únicamente en descubrir nuevos indicadores, sino en generar conocimiento que permita interpretar de mejor manera las respuestas biológicas de los peces y tomar decisiones con mayor fundamento científico.
En esa línea, sostuvo que los marcadores epigenéticos podrían convertirse en una nueva generación de herramientas predictivas para la acuicultura, contribuyendo a evaluar no solo el estado actual de bienestar de un pez, sino también su capacidad para enfrentar los desafíos futuros.

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