
Un estudio desarrollado por el Instituto Veterinario Noruego evidenció que el estrés prolongado en el salmón del Atlántico cultivado afecta el funcionamiento de sus células sanguíneas, reduciendo su capacidad para enfrentar enfermedades y aumentando su vulnerabilidad a infecciones, incluso después de que los niveles hormonales vuelven a la normalidad.
En la producción acuícola, los salmones están expuestos de manera recurrente a factores de estrés asociados a procesos como la manipulación, el transporte, la desparasitación mecánica y la vacunación. Cuando estas condiciones se sostienen en el tiempo, los niveles de cortisol, la principal hormona del estrés, permanecen elevados en la sangre, generando efectos fisiológicos persistentes.
La investigación, que forma parte del trabajo doctoral de Thomais Tsoulia, analizó cómo el cortisol y la dexametasona, un potente activador del receptor de cortisol, influyen en la expresión génica de los glóbulos rojos del salmón. Mediante el uso de citometría de flujo, los investigadores pudieron monitorear la viabilidad de estas células a lo largo del tiempo. Además de su rol en el transporte de oxígeno, los glóbulos rojos en peces cumplen funciones relevantes en la señalización de infecciones virales.
Los resultados mostraron alteraciones en la actividad de más de 150 genes, algunos de los cuales presentaron niveles de expresión superiores en más de 100 veces a los valores normales. Según explicó Maria K. Dahle, investigadora del Instituto Veterinario Noruego y líder del proyecto RED FLAG: Salmonid red blood cells – sensors of stress and infection, “el estudio nos ha demostrado que el estrés debilita la capacidad de las células sanguíneas para combatir virus. Cuando las células se exponen a hormonas del estrés, se desactivan genes clave de defensa. Esto significa que un pez estresado puede volverse más susceptible a las enfermedades, posiblemente incluso mucho tiempo después de que los niveles de cortisol en la sangre hayan vuelto a la normalidad”.
Entre los hallazgos más relevantes se identificaron genes con potencial como biomarcadores de estrés. El gen fkbp5 mantuvo una alta actividad durante dos semanas completas tras la exposición a hormonas del estrés, mientras que ddit4 mostró ser un indicador aún más sensible al analizar muestras de sangre de peces vivos con niveles elevados de cortisol.
Desde el equipo investigador subrayan que estas evidencias abren la puerta a herramientas de detección temprana del estrés, con implicancias directas para la gestión sanitaria. “La industria acuícola pierde grandes sumas de dinero debido a enfermedades y mortalidad. Si logramos comprender mejor los efectos del estrés y medirlos mediante un análisis de sangre sencillo, podremos prevenir problemas asociados al estrés y asegurar que los peces sean más resistentes a las enfermedades. Esto contribuirá a una producción más sostenible y a un mayor bienestar animal”, señaló Dahle.
El estudio contó con el financiamiento del Consejo de Investigación de Noruega y se desarrolló en el marco de una colaboración entre el Instituto Veterinario Noruego y la Universidad de Tromsø (UiT). Actualmente, el equipo trabaja en una nueva publicación científica enfocada en los efectos del estrés agudo sobre los glóbulos rojos del salmón del Atlántico cultivado.


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