
Con la premisa de prevenir antes que reaccionar, Paulina Schmitt, académica del Instituto de Biología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y directora del Grupo de Biomarcadores de Holobiontes Marinos de Interés Acuícola del Laboratorio de Genética e Inmunología Molecular, trabaja en el desarrollo de estrategias para fortalecer la resistencia natural de moluscos bivalvos frente a patógenos y estresores ambientales.
Su investigación aborda la inmunidad de especies como ostras y ostiones desde el concepto de holobionte, que entiende al organismo y a los microorganismos que conforman su microbiota como una sola unidad funcional. En este contexto, estudia péptidos antimicrobianos (AMPs) -proteínas de origen natural que tienen propiedades antibióticas-, además de marcadores moleculares capaces de indicar el estado de salud y la resistencia de estos animales.
«Nuestro foco principal es desarrollar herramientas y soluciones basadas en la naturaleza que permitan fortalecer la resiliencia de estos organismos frente a enfermedades y estresores ambientales», explica Schmitt. Entre estas estrategias destacan el priming inmune y la educación microbiana, mecanismos que buscan potenciar la capacidad natural del sistema inmune para responder de mejor manera ante futuros desafíos.
Ciencia para anticiparse a las enfermedades
Actualmente, la académica lidera dos proyectos internacionales orientados a este objetivo. El primero es OCEAN-SAFE, financiado por el programa CLIMAT-AmSud, que reúne a investigadores de Chile, Brasil y Francia para aumentar la resiliencia de ostras y ostiones frente al cambio climático y a patógenos emergentes.
A ello se suma el proyecto International Research Project EcoHealth4Sea, financiado por el CNRS de Francia, que fortalece una colaboración científica de más de dos décadas entre laboratorios de Francia, Brasil y Chile para estudiar la salud de ecosistemas marinos utilizados en acuicultura, combinando vigilancia de patógenos con estrategias preventivas.
En ambos proyectos, los marcadores moleculares cumplen un papel central, ya que permiten evaluar objetivamente si las estrategias aplicadas mejoran la salud y resistencia de los organismos. Las investigaciones cuentan con la colaboración de especialistas nacionales e internacionales, entre ellos investigadores de la Universidad Católica del Norte, CEAZA, la PUCV, la Universidad Federal de Santa Catarina y la Universidad de Montpellier.
Proteger a las comunidades que viven de la acuicultura
Más allá del desarrollo científico, Schmitt sostiene que el gran desafío es instalar una cultura de prevención dentro del sector acuícola. A su juicio, monitorear permanentemente la salud de los cultivos resulta mucho más efectivo que actuar cuando los brotes ya están presentes.
«Prevenir es mucho más eficiente, tanto en términos económicos como sociales, que reaccionar una vez que la enfermedad ya afectó a los cultivos. Invertir hoy en investigación y en herramientas de monitoreo y prevención no es solo una decisión científica, sino también una forma de proteger a las comunidades que dependen de esta actividad», afirma.
La investigadora también destaca el valor estratégico de la acuicultura de invertebrados, una actividad que genera proteína de alta calidad con menor impacto ambiental y que constituye una fuente de sustento para numerosas familias vinculadas a la pesca artesanal en Chile y Sudamérica. En ese escenario, fortalecer la investigación y la colaboración internacional aparece como un paso clave para enfrentar los desafíos sanitarios y climáticos que marcarán el futuro del sector.

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