Mundoacuicola

Revista de Acuicultura.

Bienestar animal y tecnología: el verdadero cambio comienza en el agua

En esta columna, Rodrigo Grez, Gerente Comercial de CPI Equipment Chile, analiza cómo la gestión del agua y la incorporación de tecnologías de oxigenación y aireación se posicionan como factores clave para el bienestar animal y la eficiencia productiva en la salmonicultura.

A pocos días de que la industria acuícola vuelva a reunirse en AquaSur 2026, resulta oportuno detenernos a reflexionar sobre una idea que ha ido ganando fuerza en los últimos años: el bienestar animal no es solo un estándar ético, sino también un factor productivo crítico.

Hoy existe una comprensión cada vez más clara dentro del sector: la salud del salmón comienza con la salud del agua.

Durante décadas, la salmonicultura ha logrado avances importantes en genética, nutrición y manejo productivo. Sin embargo, el agua —el medio donde vive el animal— sigue siendo, en muchos casos, una de las variables menos optimizadas del sistema.

Cuando el oxígeno disuelto es inestable, cuando los sistemas acumulan sólidos o cuando el intercambio gaseoso es ineficiente, los peces destinan energía a adaptarse a esas condiciones en lugar de destinarla al crecimiento. Ese estrés fisiológico suele ser el primer paso hacia problemas sanitarios, menor eficiencia productiva y una mayor dependencia de intervenciones correctivas.

En este contexto, el manejo del agua adquiere un rol cada vez más estratégico.

El bienestar animal también se diseña

En los últimos años, distintas soluciones tecnológicas han comenzado a enfocarse precisamente en ese punto: mejorar la estabilidad de las condiciones físico-químicas del agua y optimizar la transferencia de gases.

Sistemas avanzados de aireación y oxigenación permiten hoy aumentar la disponibilidad y estabilidad del oxígeno disuelto incluso en escenarios complejos de biomasa, temperatura o salinidad. En distintas experiencias productivas se han observado mejoras asociadas a este tipo de enfoques, como una mayor estabilidad del oxígeno, menores fluctuaciones ambientales dentro de los sistemas y una reducción de factores de estrés para los peces.

Cuando el agua se mantiene en condiciones más estables, el sistema productivo completo tiende a responder de mejor manera.

Tecnología y biología no son opuestas

Uno de los desafíos actuales en la conversación sobre sostenibilidad acuícola es la aparente dicotomía entre soluciones biológicas y tecnológicas. En la práctica, ambas dimensiones están profundamente conectadas.

El equilibrio del microbioma, la eficiencia de los sistemas de tratamiento o la salud de las mucosas de los peces dependen en gran medida de variables físico-químicas del agua: oxígeno, mezcla, oxidación y transferencia de gases.

Si esas variables no están correctamente controladas, incluso las mejores soluciones biotecnológicas ven limitada su efectividad.

Por eso, más que elegir entre biología o ingeniería, el desafío está en integrarlas de manera inteligente.

Un nuevo estándar para la acuicultura chilena

Chile es hoy el segundo productor mundial de salmón, y con ese liderazgo viene también una responsabilidad creciente.

Los mercados internacionales —y los propios consumidores— exigen estándares cada vez más altos en materia de bienestar animal, sostenibilidad y eficiencia productiva. En ese escenario, la competitividad futura de la industria dependerá en gran medida de su capacidad para innovar e incorporar herramientas que permitan mejorar la calidad del agua, reducir el estrés en los peces y optimizar el uso de recursos dentro de los sistemas productivos.

Mirando hacia adelante

Eventos como AquaSur no solo son vitrinas comerciales. Son también espacios de conversación sobre el futuro de la industria.

Si algo ha quedado claro en los últimos años es que el bienestar animal no debe entenderse únicamente como una exigencia regulatoria o reputacional. También es un componente clave para construir sistemas productivos más resilientes.

Porque, al final del día, la pregunta no es solo cuánto podemos producir.

La pregunta es cómo queremos producir en el futuro.

Y una parte importante de esa respuesta, cada vez con mayor claridad, comienza en el agua.