
El reciente anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el aumento inmediato del arancel global aplicado por su administración, desde 10% a 15%, abrió un nuevo escenario de análisis para sectores exportadores estratégicos de Chile, entre ellos la salmonicultura, considerando el peso del mercado estadounidense como destino relevante para los envíos nacionales.
Según informó The Clinic, la determinación fue comunicada por Trump a través de su red social Truth Social, luego de que la Corte Suprema de ese país emitiera un fallo relacionado con la política arancelaria del gobierno. En su mensaje, el mandatario aseguró que la medida fue adoptada tras una “revisión exhaustiva, detallada y completa” de la resolución judicial, la que calificó como “ridícula”, “mal escrita” y “extraordinariamente antiamericana”, afirmando además que el nuevo arancel del 15% se encuentra “plenamente permitido y legalmente probado”.
El presidente estadounidense sostuvo que numerosos países han perjudicado económicamente a Estados Unidos durante décadas sin enfrentar represalias, defendiendo el alza como una herramienta de presión comercial para fortalecer la economía nacional. “Muchos de estos países han estado aprovechándose de Estados Unidos por años”, señaló en su publicación.
Desde una perspectiva económica, el anuncio plantea interrogantes para economías abiertas y dependientes del comercio exterior, como la chilena, considerando que Estados Unidos es uno de sus principales socios comerciales y un destino relevante para productos como cobre, frutas, vino y productos del mar, incluido el salmón.
Daños
Al respecto, Luis Cisneros, team lead de Admirals, explicó a The Clinic que “estas medidas afectan al sector exportador de la economía local como, por ejemplo, frutas de temporadas, vinos, salmón y el cobre. Los daños que genera esta situación es un desorden a nivel fiscal y de inventarios, porque si bien la estructura de costos no debería verse modificada, afecta de manera directa la política de precios”. En ese contexto, añadió que “las empresas deben actuar rápidamente, realizar proyecciones de acuerdo a la nueva realidad y mantenerse al día con las nuevas actualizaciones para que no se vean afectados sus márgenes de utilidad”.
Cisneros detalló que, en la práctica, “las empresas tendrán que actualizar su estructura de carga impositiva, y posteriormente trasladarlo al precio final”. No obstante, desde el punto de vista del consumidor, planteó que “es probable que no exista un efecto inmediato en el corto plazo, puesto que en primera instancia son las empresas quienes deben realizar los ajustes correspondientes en materia impositiva”. Agregó que si la medida se extiende más allá de 150 días, con aprobación del Congreso estadounidense, “los efectos se verán reflejados en el mediano plazo, posiblemente con un alza de precios en los productos importados”.
El analista también introdujo un elemento de mitigación relevante para el escenario chileno, señalando que “si el tipo de cambio local se mantiene con sesgo bajista, esta implementación arancelaria será suprimida por la apreciación de la moneda local”, llamando a la cautela al indicar que “posiblemente el cambio que esto genere en la vida diaria es limitado”.
«Cambio en intensidad del shock»
Desde el ámbito académico, Pablo Müller, de la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Autónoma, advirtió según informó el portal The Clinic que “el paso de 10 % a 15 % no es solo un aumento aritmético, sino un cambio en intensidad del shock”, explicando que un arancel más alto “eleva de manera no lineal la probabilidad de desvío de comercio, represalias y mayor volatilidad financiera”. A su juicio, el anuncio refuerza la incertidumbre global y puede afectar con mayor fuerza las expectativas empresariales y decisiones de inversión en economías abiertas como la chilena.
Para el consumidor local, Müller señaló que el impacto sería indirecto pero perceptible en el tiempo. “Si el arancel fortalece globalmente al dólar frente al peso, podrían encarecerse bienes importados como electrónicos, vestuario o algunos alimentos procesados”, junto con eventuales efectos en empleo y salarios de sectores exportadores. No obstante, recalcó que se trataría de “una presión gradual sobre precios y expectativas económicas”, más que de un impacto inmediato.
En el caso de la salmonicultura, el nuevo escenario vuelve a poner en valor la relevancia de la planificación comercial, la diversificación de mercados y la capacidad del sector para adaptarse a entornos internacionales más volátiles, en un contexto donde la competitividad y la estrategia de precios adquieren un rol clave para sostener el posicionamiento del salmón chileno en los principales destinos de exportación.


Noticias relacionadas
¿Por qué los salmones estresados son más vulnerables a las enfermedades?