Mundoacuicola

Revista de Acuicultura.

«Pisciculturas: el mejor baño terapéutico es el que NO se hace»

En esta columna, el autor cuestiona la dependencia de los baños terapéuticos en pisciculturas y plantea que la prevención biológica, mediante probióticos y microorganismos benéficos, puede transformarse en una alternativa para reducir estrés, mejorar el bienestar animal, optimizar la operación y fortalecer la eficiencia sanitaria en la producción de salmónidos.
En el regreso de las columnas de Axel Paulsen, director de Biocambio, -empresa chilena dedicada al desarrollo de soluciones biotecnológicas para acuicultura y medioambiente- el autor reflexiona sobre los costos operacionales, sanitarios y productivos asociados a los baños terapéuticos en pisciculturas. Desde su experiencia trabajando con sistemas de biotratamiento y exclusión biológica, plantea que la industria enfrenta una oportunidad para evolucionar hacia modelos preventivos basados en microbiología benéfica, con foco en bienestar animal, eficiencia productiva y sostenibilidad.
«Hace unos días, en mi primera llamada telefónica con un Gerente de Farming del sur de Chile, la frustración cortó rápido la formalidad. Tras un sonoro chilenismo de esos bien puestos en medio de la frase, el hombre me soltó el verdadero dolor de cabeza de su operación: «Me tienen chato los baños terapéuticos».

Al preguntarle por qué estaba tan agotado de esa rutina, se desahogó de inmediato: «Es que mi equipo pasa el año moviendo mangueras, bajando niveles de agua y dosificando productos en vez de estar enfocados en la alimentación. Si sumamos los días que dejamos de dar alimento por cada procedimiento, ¡fácil acumulamos un mes de ayuno en un año, incluso más! Los peces pierden ritmo de crecimiento, la planta de Riles es un desastre pegajoso y, para colmo, el hongo reaparece a las pocas semanas. Siento que pasamos el tiempo apagando incendios en vez de producir salmones».

Y tiene toda la razón del mundo. Aunque existen muchos más enemigos acechando en las pisciculturas, los principales en este caso son la Saprolegnia (el hongo que los asfixia) y el Flavobacterium (la bacteria que destruye las aletas).

Estamos hablando de patógenos tan agresivos que la mortalidad por estas infecciones puede llegar al 20% sin problemas en la biomasa de un centro si no se controlan a tiempo. Para combatirlos de forma reactiva, la operación se ve arrastrada a un círculo vicioso que puede sumar hasta 70 baños terapéuticos en un año.

Frente a esto, la industria ha buscado soluciones. Hoy existen propuestas muy interesantes de baños terapéuticos naturales, lo cual es un esfuerzo tremendamente valorable que demuestra las ganas de innovar de las empresas. Sin embargo, seamos honestos con la física y la biología: por muy natural que sea el producto que se use, la mecánica del baño no cambia y el impacto es severo.

1-El impacto mecánico: Agua baja y hacinamiento

Para hacer cualquier tratamiento, obligatoriamente hay que disminuir el nivel del agua y controlar estrictamente el tiempo de exposición, que suele durar entre 30 y 60 eternos minutos. Por supuesto, la operación inyecta oxígeno para intentar mitigar el golpe, pero asegurar una oxigenación uniforme en toda la masa de agua en estanques grandes representa un gran desafío, y el riesgo de hipoxia siempre está presente.

Al sumarle el hacinamiento, el pánico y esos movimientos desesperados y extremadamente vigorosos de los peces intentando escapar durante esa hora de encierro, el daño es inevitable.

Los salmones chocan entre sí y contra las paredes, generándose micro-lesiones en la piel. Al mismo tiempo, la dificultad de mantener el oxígeno completamente homogéneo gatilla una hipoxia local (falta de oxígeno en sus tejidos musculares).

Este cóctel de estrés mecánico e hipoxia local no solo promueve la mortalidad directa en el centro, sino que es el gatillante perfecto para la melanosis (esas manchas oscuras en el músculo).

De hecho, se estima que el impacto de la melanosis afecta hoy al 26% de los filetes, destruyendo drásticamente su valor comercial y provocando dolorosos descartes en la planta de proceso.

2-El impacto químico: El «apellido» del producto

Si la mecánica física del baño ya es dura, el impacto empeora drásticamente según el químico o el «apellido» del tratamiento que se vierta en el estanque:

  • Baños de Sal: Provocan un shock osmótico severo que altera el equilibrio interno del pez y causa un daño directo en sus riñones.
  • Formalina, Bronopol o Cloramina: Son compuestos altamente agresivos que irritan y destruyen los tejidos más delicados expuestos al agua, generando impactos negativos severos en las branquias, la mucosa protectora y los ojos de los salmones.

Por eso, nuestro norte definitivo debe ser minimizar esta intervención al máximo. En la práctica real, el mejor baño terapéutico es el que simplemente no se hace.

3-El colapso operativo y financiero en los Riles

Cuando se abre el tapón del estanque, el desastre se traslada por completo a las plantas de Residuos Industriales Líquidos (Riles). Al llegar esta masa de agua cargada con desinfectantes, ocurre un efecto dominó que destruye la eficiencia del centro:

  • Muerte celular masiva: Los tratamientos tradicionales barren con los microorganismos benéficos encargados de degradar los desechos de forma natural.
  • Filtros y canaletas tapadas: Al disminuir estos microorganismos y detenerse la degradación natural, los residuos sólidos dejan de descomponerse y se acumulan rápidamente en el circuito de la piscicultura, tapando filtros mecánicos y colmatando canaletas. Esto obliga a realizar limpiezas manuales constantes que disparan los costos de mantención.
  • Doble gasto químico: Al quedarse los Riles sin sus defensas biológicas, las empresas se ven obligadas a comprar y agregar productos químicos auxiliares para forzar la degradación de los lodos acumulados y evitar multas ambientales. Además, este vacío biológico es el escenario perfecto para que los patógenos oportunistas colonicen los residuos y reingresen al circuito.

La alternativa definitiva: El Bio Escudo

Para romper este esquema que tiene a toda la operación al borde del colapso, la solución es cambiar el chip de la desinfección reactiva por el de la exclusión biológica, levantando un Bio Escudo basado en probióticos y levaduras benéficas.

Es importante ser realistas: esta tecnología no elimina por completo la necesidad de los baños terapéuticos ante una emergencia sanitaria extrema, pero sí los reduce de manera drástica, devolviéndole el control de la piscicultura al productor.

¿Cómo actúa esta biotecnología directamente en el centro?

  • Guerra por el nicho ecológico: Estos microorganismos benéficos se siembran en el sistema y colonizan las paredes y el fondo de los estanques, pero también la mucosa, el tracto digestivo y las branquias del salmón. Al ganar el espacio físico y comerse el alimento disponible, dejan al Flavobacterium y a la Saprolegnia sin ninguna opción de instalarse. No hay espacio ni comida para los malos.
  • El pez como un biorreactor: Al habitar el sistema digestivo del salmón, estos probióticos aceleran la degradación de los residuos desde el origen. Las fecas salen al agua ya sembradas con bacterias eficientes que aceleran su descomposición, reduciendo los sólidos suspendidos totales y disminuyendo drásticamente la turbidez del agua. El agua se mantiene cristalina y las branquias protegidas de daños mecánicos.
  • El giro bioquímico del carbono: Lo más sorprendente ocurre en el efluente. Al mantener los residuos orgánicos en el estado de putrefacción tradicional se genera una gran cantidad de ácido sulfhídrico, el compuesto responsable de ese penetrante y nauseabundo mal olor a huevo podrido que suele invadir las plantas de tratamiento. El Bio Escudo cambia la ruta metabólica del carbono, logrando que los Riles pasen de esa descomposición deficiente a una fermentación benéfica, lo que reduce drásticamente el mal olor en la sala de Riles y en todos los alrededores del centro.

Éxito validado en terreno

Esto no es una simple teoría científica de laboratorio. Esta tecnología ya está completamente aprobada y validada en la producción comercial en pisciculturas de truchas. Los resultados en terreno demostraron que la combinación de de estabilización sanitaria y eficiencia biológica se traduce en números contundentes para el negocio, alcanzando un Retorno de Inversión (ROI) del 85%.

Salmones más felices: Un salto real en el Welfare

Al preferir el Bio Escudo y reducir drásticamente la frecuencia de los baños terapéuticos, cortamos de raíz la manipulación constante y traumática del agua. Al evitar el hacinamiento crónico, el estrés por bajas de oxígeno y esos movimientos de escape vigorosos, logramos frenar la aparición de micro-lesiones e hipoxia local, impactando directamente en la disminución de ese 26% de filetes dañados por melanosis y estabilizando la supervivencia.

Lo más importante es que esta reducción drástica de químicos y manejos físicos agresivos contribuye directamente al bienestar de los salmones. Eleva el estándar de welfare de la industria a un nivel superior, permitiéndonos tener salmones felices realmente, con un sistema inmune fuerte, vitalidad natural y libres del estrés del encierro químico.

Por si fuera poco, estos microorganismos promueven el apetito del pez y mejoran la absorción de nutrientes. Esto es una ventaja de rendimiento gigante hoy en día, donde las dietas de los salmones tienen un origen cada vez más vegetal y requieren un sistema digestivo ultraeficiente para procesar y aprovechar cada gramo de alimento, acelerando la ganancia de peso y recuperando ese mes o más de ayuno perdido en el año.

Alimentar al mundo exige innovación biológica, no soluciones de emergencia que estresen al pez. Al liberar a nuestros gerentes de farming y a sus equipos de la esclavitud de los baños, permitimos que la microbiología benéfica trabaje a favor del pez y de los residuos de forma natural, limpia, libre de malos olores y con un respeto real por el bienestar animal desde el origen.

Es hora de pasar de la reacción a la prevención absoluta».