
La historia de la salmonicultura chilena no solo puede contarse a través de centros de cultivo, cosechas o exportaciones. También puede narrarse desde los laboratorios, los programas de mejoramiento genético y las investigaciones que permitieron transformar una actividad emergente en una industria capaz de competir a nivel mundial.
Esa fue una de las reflexiones compartidas por Roberto Neira, profesor emérito de la Universidad de Chile y uno de los principales impulsores de la genética aplicada a la salmonicultura nacional, durante la conmemoración de los 50 años de la salmonicultura chilena realizada el pasado 28 de mayo en Puerto Montt y organizada por Mundo Acuícola.
Con una trayectoria estrechamente ligada al desarrollo de la industria, Neira recordó que tuvo la oportunidad de crecer profesionalmente junto al surgimiento de la salmonicultura moderna en Chile. “Algunos de nosotros tuvimos la suerte de crecer profesionalmente junto con el desarrollo de la acuicultura. Yo inicié los primeros proyectos de genética en el año 1986, cuando la acuicultura estaba recién comenzando”.
Los primeros pasos de la genética en salmones
Durante su intervención, el académico recordó que una de las claves para incorporar la genética al desarrollo productivo fue la visión de empresarios que apostaron tempranamente por una herramienta cuyos beneficios solo podían observarse en el largo plazo.
En ese contexto, destacó especialmente el respaldo recibido por parte de figuras históricas de la industria como Mario Puchi, Víctor Hugo Puchi, Pablo Aguilera y Humberto Fischer. “Fueron personas que creyeron en la genética. Aquí había que poner una ficha en la genética. La genética es una inversión grande y de largo plazo, de manera que había que apostar porque podía ser realmente un mecanismo para crecer y para tener competitividad internacional”.
Neira también recordó el trabajo desarrollado inicialmente en Coyhaique, en instalaciones asociadas a la cooperación japonesa a través de JICA, donde se impulsaron algunos de los primeros programas de mejoramiento genético para salmón Coho en Chile.
Posteriormente, a través de iniciativas vinculadas a AquaChile y particularmente a Aquainnovo, el trabajo permitió no solo generar investigación aplicada para la industria, sino también formar capital humano avanzado. “Tuvimos la oportunidad no solo de hacer investigación y aplicar la genética a la salmonicultura, sino que además de generar doctores en genética y magísteres en genética, que son personas que hoy están a la cabeza de la genética en Chile”.
Para el académico, una de las virtudes de la conmemoración organizada por Mundo Acuícola fue precisamente reunir a personas provenientes de distintos ámbitos que contribuyeron al desarrollo de la actividad durante las últimas décadas. “Para aquellas personas que crecimos con la salmonicultura en Chile, es extraordinariamente gratificante encontrarse con otras personas que tuvieron contribuciones súper importantes para que la acuicultura creciera como ha crecido”.
A su juicio, buena parte de los avances alcanzados por la industria fueron posibles gracias a la combinación de visión empresarial, desarrollo tecnológico e investigación científica, elementos que permitieron posicionar a Chile entre los principales productores de salmón del mundo.
El desafío de seguir invirtiendo en ciencia
Sin embargo, Neira advirtió que mantener ese liderazgo requerirá continuar fortaleciendo las capacidades nacionales de investigación, innovación y desarrollo tecnológico.
En ese sentido, planteó que uno de los principales desafíos para las próximas décadas será evitar la dependencia de tecnologías desarrolladas exclusivamente en otros países.“Si Chile pretende seguir siendo líder en salmonicultura, debe invertir más en investigación”.
El académico agregó que los países que descuidan el desarrollo científico terminan dependiendo de soluciones generadas en el extranjero, perdiendo capacidades estratégicas para enfrentar sus propios desafíos productivos. “Los países líderes que no hacen investigación terminan importando la tecnología de otros lados. Uno no puede quedar dependiente de otros países para su ciencia y tecnología”, concluyó Neira.

Los primeros pasos de la genética en salmones
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