
La salmonicultura en Chile comenzó en 1975 con el cultivo de trucha arcoíris, dando paso en los años siguientes a una industria que debió desarrollarse prácticamente desde cero. Durante la década de 1980, profesionales especializados enfrentaron múltiples desafíos, como el escaso conocimiento sobre la fisiología del salmón coho y su adaptación al mar, además de problemas sanitarios como la Piscirickettsiosis y el piojo de mar, aún presentes en la actualidad. A esto se sumaron dificultades nutricionales, limitaciones tecnológicas y una total falta de conectividad, lo que obligó a innovar constantemente sin referentes internacionales directos.
Pese a este escenario, el compromiso de técnicos y trabajadores permitió un crecimiento acelerado, logrando que en 1992 Chile se posicionara como el segundo productor mundial de salmón, con 58.000 toneladas cosechadas. Desde sus inicios, la industria adoptó estándares internacionales, destacando la implementación en 1984 del primer reglamento de enfermedades de peces. A diferencia de Noruega, Chile desarrolló su industria con especies introducidas y una fuerte dependencia de ovas importadas hasta fines de los años 90. Hoy, el salmón del Atlántico domina la producción nacional, seguido por el coho y la trucha arcoíris, consolidando una industria joven pero estratégica.
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