Mundoacuicola

Revista de Acuicultura.

¿Pueden las “tijeras moleculares” eliminar el piojo de mar a largo plazo?

El investigador senior de Nofima, Nick Robinson, analiza avances del proyecto CrispResist y el potencial de herramientas como CRISPR para fortalecer la resistencia del salmón Atlántico al piojo de mar.

El uso de herramientas moleculares avanzadas, como la edición genética mediante CRISPR, vuelve a posicionarse en el debate técnico sobre cómo enfrentar de manera más efectiva el piojo de mar en la salmonicultura del salmón Atlántico, con potenciales impactos en bienestar animal, costos productivos y sostenibilidad de largo plazo.

En una columna publicada en el medio The Fish Site, Nick Robinson, investigador senior de Nofima y líder del proyecto CrispResist, analiza cómo el conocimiento acumulado sobre la respuesta natural del salmón Coho frente al parásito podría abrir nuevas vías para fortalecer la resistencia del salmón Atlántico, reduciendo la dependencia de tratamientos de desparasitación.

El análisis se basa en resultados científicos que muestran que el salmón Coho es capaz de eliminar el piojo de mar en etapas tempranas de fijación, antes de que se generen impactos severos en el bienestar del pez. A través de estudios de genómica comparativa, el proyecto CrispResist ha identificado genes y mecanismos celulares específicos que explican esta respuesta, los cuales no se activan de la misma forma en el salmón Atlántico.

En ese contexto, Robinson plantea que tecnologías como CRISPR permiten probar la función de estos genes sin introducir material genético externo, utilizando edición precisa sobre genes ya presentes en el genoma del salmón Atlántico, exclusivamente en entornos de investigación y sin aplicación productiva bajo la normativa vigente en Europa y Noruega.

El conocimiento que estamos generando sobre los mecanismos genéticos y celulares que permiten una resistencia natural al piojo de mar abre varias vías potenciales de implementación. Estas incluyen nuevos enfoques de mejoramiento genético, vacunación, aditivos en el alimento y, potencialmente, el uso de tijeras moleculares. Sin embargo, todas estas alternativas presentan desafíos y requieren una evaluación rigurosa de su eficacia y de su balance entre riesgos y beneficios antes de cualquier aplicación a mayor escala”, sostiene Robinson en la columna.

Estrategias combinadas

El científico advierte además que el piojo de mar, como otros parásitos, participa en una dinámica evolutiva constante, por lo que cualquier solución debe considerar el riesgo de adaptación del parásito en el tiempo. En ese sentido, destaca la importancia de estrategias combinadas, como la edición de múltiples genes y el uso de refugios con peces no editados, para reducir la probabilidad de que el parásito logre contrarrestar estas defensas.

Robinson también subraya que, más allá de la herramienta específica, el desafío central es cómo implementar el conocimiento científico de manera responsable, con criterios biológicos, espaciales y regulatorios claros, de modo de lograr beneficios duraderos tanto para el bienestar de los peces como para la viabilidad económica de la industria.

La columna de Nick Robinson se basa en una publicación científica desarrollada en el marco del proyecto CrispResist, financiado por el Norwegian Seafood Research Fund (FHF), con participación de centros científicos internacionales y empresas del sector salmonicultor.