Mundoacuicola

Revista de Acuicultura.

UACh y HubChile impulsan el retorno de la ostra chilena con un piloto exportador en Chiloé y Cochamó

La Universidad Austral de Chile y HubChile firmaron un convenio para reactivar el cultivo de la ostra chilena mediante un modelo basado en semilla certificada, trazabilidad y estándares sanitarios. La iniciativa ya comenzó con pruebas piloto en concesiones de Chiloé y Cochamó, donde mitilicultores buscan diversificar su producción y abrir nuevas oportunidades de exportación para esta especie nativa.

La ostra chilena busca volver: la UACh y HubChile firman una alianza para reactivar su cultivo con foco exportador

El acuerdo, sellado en la Estación Experimental Quempillén de la Universidad Austral, ya tiene su primera prueba piloto en marcha en concesiones de Chiloé y Cochamó, donde un grupo de mitilicultores comenzó a cultivar esta especie nativa con la mira puesta en mercados internacionales.

Una especie nativa que alguna vez sostuvo una próspera actividad exportadora y que hoy sobrevive de forma residual busca una nueva oportunidad. La Universidad Austral de Chile (UACh) y HubChile firmaron un Convenio Marco de Colaboración para reactivar el cultivo y la exportación de la ostra chilena (Ostrea chilensis), y la alianza ya pasó del papel al agua: en concesiones de Chiloé y Cochamó corre la primera prueba piloto, con semillas entregadas a un grupo de mitilicultores históricos dispuestos a diversificar sus cultivos hacia esta especie nativa.

La firma se realizó en la Estación Experimental Quempillén y fue encabezada por Jorge Ruiz Troemel, director de la Estación Experimental Quempillén de la UACh, y la directora de Innovación y Negocios de HubChile, Yohana González Sepúlveda. El convenio apunta a resolver los cuellos de botella que han frenado el despliegue de la especie como producto de exportación competitivo: el abastecimiento de semilla de calidad, la falta de técnicas de cultivo que permitan proyectar una producción a escala y, no menos importante, la habilitación sanitaria que exige la exportación. La hoja de ruta es directa: transferir conocimiento científico-tecnológico desde la academia al sector productivo, con un norte claro, que es exportar.

Una historia de auge y caída

La ostra chilena tiene una larga tradición en Chiloé —la primera veda data de 1869 y la primera escuela de ostricultura abrió en Quetalmahue en 1910— y llegó a sostener una actividad próspera a comienzos del siglo XX. El terremoto y maremoto de 1960 quebró esa historia: arrasó con la Estación Ostrícola de Pullinque e hizo caer el desembarque de 220 toneladas en 1959 a apenas seis al año siguiente. La actividad nunca recuperó ese nivel.

La llegada de la ostra japonesa (Crassostrea gigas) en 1977, con un ciclo productivo más corto, desplazó el foco de la ostricultura nacional y alcanzó a construir su propia actividad exportadora en las décadas siguientes. Pero también terminó por decaer: cuando sus mercados de destino comenzaron a exigir certificación sanitaria —entre ella, ausencia de norovirus—, la producción no logró sostener esos estándares, en buena parte por la falta de tratamiento de las aguas, y hacia 2011 la actividad prácticamente cesó. Hoy la presencia de ambas ostras es marginal frente a la mitilicultura.

Esa trayectoria dejó una lección que hoy está en el centro de la nueva apuesta: sin trazabilidad ni estándares sanitarios verificables, no hay acceso sostenible a los mercados internacionales. Por eso el convenio pone el foco, desde el primer día, en la calidad de la semilla, la trazabilidad de la producción y el cumplimiento de las exigencias de destino.

Una alianza que se apalanca en la plataforma mitilicultora

La jornada no terminó con la firma. En paralelo se realizó una mesa de trabajo con representantes de la Cooperativa Semillero Cascajal, Agromarina La Estancia, Colorado Sur y otros mitilicultores de la región, todos con una convicción compartida: diversificar sus cultivos de chorito incorporando ostra chilena, con la mira puesta en mercados internacionales. El objetivo fue delinear un modelo de negocios sustentable que integre el cultivo de ostras en concesiones ya operativas, apoyado en innovación técnica y comercial.

En ese marco, la Universidad Austral comprometió la venta permanente de semilla como eje de la alianza, un respaldo que da certezas al productor y permite proyectar volúmenes. HubChile, a través de su plataforma REDIA, operará como articulador comercial: conectará a los productores con la oferta técnica y de insumos del sector, resguardará la trazabilidad de la producción y ordenará el modelo de suministro para los productores asociados. La apuesta de fondo es construir una cadena de valor con estándares globales, capaz de cumplir las exigencias sanitarias de los mercados de destino. Un objetivo que requiere sumar más eslabones: universidades y centros de investigación que aporten conocimiento, y proveedores de insumos, materiales y tecnología que completen la cadena operativa.

La mitilicultura ofrece una base sobre la cual apoyarse. Primer exportador mundial de mejillón, el sector cosechó en 2025 alrededor de 338.597 toneladas de chorito —un 16% menos que el año anterior, por razones de ciclo productivo y de mercado—, pero conserva una infraestructura logística, sanitaria y comercial madura: inscrita en el Programa de Sanidad de Moluscos Bivalvos (PSMB) de Sernapesca, con certificación para mercados exigentes y trazabilidad operativa. Esa es la plataforma sobre la cual puede apalancarse el relanzamiento exportador de la ostra chilena.

El cuello sanitario: el frente que solo el Estado puede destrabar

Si la historia de la ostra japonesa dejó algo claro, es que el acceso a los mercados internacionales se juega en lo sanitario. Y ese es el frente donde el sector no puede avanzar por su cuenta: la habilitación para exportar moluscos bivalvos depende de la autoridad. Implica clasificar y monitorear las áreas de cultivo, certificar la inocuidad para consumo humano y, sobre todo, gestionar ante las autoridades sanitarias de los países de destino las habilitaciones que abren cada mercado.

En la mesa hubo consenso en un llamado directo: que el Estado asuma esta diversificación como una prioridad sectorial y la impulse con un rol activo y comprometido, no solo fiscalizador. La tarea involucra a Subpesca, Sernapesca, el Servicio de Salud, Subrei y ProChile —ordenamiento productivo, fiscalización y certificación sanitaria, acuerdos comerciales y promoción en el exterior—, pero requiere más que coordinación entre oficinas: exige que las instituciones se jueguen por el sector y acompañen el proceso desde el primer día, de modo que la trazabilidad y los estándares que hoy se construyen en el agua encuentren, a la salida, las puertas de exportación abiertas.

Las voces de la jornada

Jorge Ruiz Troemel, director de la Estación Experimental Quempillén (UACh, Ancud) y coordinador del convenio:

“Como Universidad Austral de Chile, asumimos este convenio como una oportunidad concreta para poner el conocimiento científico al servicio de un desafío productivo con identidad territorial: reimpulsar la Ostrea chilensis desde bases sólidas, con foco en calidad, trazabilidad y sostenibilidad. Desde la Estación Experimental Quempillén, nuestro rol es aportar evidencia, desarrollo tecnológico y formación de capacidades para que esta diversificación no solo sea viable, sino competitiva en mercados exigentes, contribuyendo al fortalecimiento del ecosistema acuícola del sur austral y generando valor compartido para las comunidades vinculadas al mar.”

Yohana González Sepúlveda, directora de Innovación y Negocios de HubChile:

“Este convenio es un paso importante para avanzar en uno de los desafíos históricos de la ostra chilena —el acceso a semilla de calidad y con trazabilidad verificada—, aunque somos conscientes de que el camino tiene varios frentes por resolver: técnicos, sanitarios, productivos y de mercado. Con la UACh como respaldo científico y REDIA como articulador comercial, estamos construyendo una cadena de valor por etapas, de manera realista y sostenible. La ostra chilena es un negocio de nicho, y ahí está nuestra apuesta: un producto diferenciado, de origen trazable y con altos estándares productivos, capaz de posicionarse en mercados internacionales exigentes. Un modelo pensado para mitilicultores con vocación exportadora, dispuestos a integrarse a una alianza con un objetivo claro y compartido.”

Marcos Galindo, Agromarina La Estancia:

“A partir del conocimiento y la experiencia acumulada por años en el cultivo de mejillones, nuestra empresa participa en el desarrollo de un proyecto piloto de cultivo de ostra chilena en el archipiélago de Chiloé. La reciente firma de un convenio entre HubChile y la Universidad Austral de Chile representa una gran oportunidad para avanzar en la diversificación de la matriz acuícola, incorporando una especie endémica, cultivada en aguas prístinas y con alta resiliencia frente al cambio climático. Sabemos que este es un primer paso. El camino requiere fortalecimiento técnico, investigación aplicada y desarrollo comercial. Sin embargo, existe una convicción clara: así como en el pasado el trabajo conjunto entre el Estado, la academia y el sector privado permitió posicionar al mejillón chileno como un producto líder a nivel mundial, hoy surge la posibilidad de replicar esa historia de éxito.”

Un piloto que ya está en marcha

El convenio ya muestra sus primeros resultados en terreno. Con las semillas entregadas, arrancó la validación de las unidades de cultivo en concesiones operativas; en los meses siguientes, las partes harán seguimiento al crecimiento y la sobrevivencia de la semilla, información clave para ajustar las técnicas y proyectar volúmenes con foco exportador. En paralelo, en las conversaciones ya comienzan a sonar figuras como una cooperativa o un consorcio ostrícola, opciones que se perfilan como la consolidación natural del proceso una vez validados los pilotos y afianzada la cadena de suministro.

Más que un acuerdo entre dos instituciones, lo que empieza a tomar forma es una alianza productiva y comercial entre la academia, HubChile y los mitilicultores participantes, abierta a sumar a nuevos productores que cumplan los estándares requeridos. La ostra chilena, esta vez, no parte de cero: parte de una alianza.