
Durante un webinar organizado por la Sociedad de Microbiología de Chile, el director del Centro de Investigaciones Biológicas Aplicadas (CIBA) y académico de la Universidad San Sebastián, Marcos Godoy, analizó la evolución de tres enfermedades virales que han afectado al cultivo de salmónidos en Chile, destacando cómo el conocimiento científico ha permitido controlar patologías como IPN e ISA, mientras el Piscine Orthoreovirus (PRV) continúa siendo uno de los principales desafíos de investigación y control sanitario
«Hoy día quiero invitarlos a recordar una historia. Una historia de tres virus que de alguna manera cambiaron la mirada de la industria salmonera en Chile. Va a ser una historia de cómo estos virus han ido evolucionando, cómo tienen diferentes estrategias biológicas para poder afectar a su hospedero, pero también cómo la industria ha ido comprendiendo desde el punto de vista de la ciencia a controlar estos diferentes desafíos», señaló el investigador al iniciar su presentación.
Durante la exposición, Godoy explicó que la evolución de la salmonicultura chilena ha estado acompañada por distintos desafíos sanitarios, asociados primero a la Necrosis Pancreática Infecciosa (IPN), posteriormente al virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISA) y, más recientemente, al Piscine Orthoreovirus (PRV). Aunque los tres corresponden a virus ARN,
indicó que poseen estructuras, mecanismos de infección, tropismo celular y células target diferentes, lo que explica tanto las enfermedades que provocan como las distintas estrategias desarrolladas para su control.
Del IPN al ISA: los aprendizajes de la industria
Respecto del IPN, Godoy sostuvo que constituye uno de los casos más exitosos de control de una enfermedad viral en la salmonicultura, gracias a la combinación de vacunación, mejoramiento genético mediante QTL y medidas de bioseguridad implementadas durante las últimas décadas.
«Yo diría que el virus IPN es uno de los muy buenos ejemplos de cómo una enfermedad viral puede ser controlada. Hay dos elementos clave que fueron fundamentales para su control en Chile: el uso masivo de vacunas inyectables a virus muerto permitió controlar eficientemente los brotes posteriores a la transferencia al mar y, posteriormente, el mejoramiento genético utilizando marcadores asociados a resistencia permitió controlar la enfermedad en agua dulce. El IPN es un muy buen ejemplo de cómo una enfermedad viral puede ser controlada con mejoramiento genético, vacunas y una fuerte base de bioseguridad», afirmó.
El investigador abordó también la crisis provocada por el virus ISA detectado por primera vez en Chile en 2007 en un centro de cultivo ubicado en la Isla Lemuy, señalando que este episodio marcó un punto de inflexión para la salmonicultura chilena y modificó profundamente la forma en que la industria entendía y gestionaba la bioseguridad.
“El virus ISA produjo un antes y un después en términos sanitarios en la industria. Cambió las reglas del juego e hizo que entendiéramos lo que significa bioseguridad. A partir de esa experiencia se comenzaron a implementar una serie de medidas, como la cosecha en wellboat cerrado, el manejo de mortalidades, la desinfección de efluentes, la vigilancia epidemiológica y la zonificación sanitaria. Todo eso permitió controlar una enfermedad que marcó profundamente el desarrollo de la salmonicultura chilena”, explicó Godoy.
PRV: un escenario sanitario aún en evolución
A diferencia de lo ocurrido con IPN e ISA, Godoy indicó que el PRV continúa representando un desafío abierto para la investigación y el control sanitario, debido tanto a su elevada resistencia ambiental como a la inexistencia de vacunas comerciales.
«Yo diría que hay dos elementos. Uno, disponer de vacunas, porque éste es el único virus para el cual hoy no tenemos una vacuna disponible. Y lo otro es cambiar la mirada de la bioseguridad. Todo nuestro sistema de bioseguridad para virus está basado en IPN e ISA, pero si uno compara la resistencia ambiental de esos virus con PRV no tiene ninguna relación. Es realmente un virus resistente; puede permanecer seis meses en materia orgánica, resiste hasta 85 °C y también a detergentes. Hay que fortalecer la bioseguridad para este tipo de virus», sostuvo.
Finalmente, el académico planteó que el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia será clave para enfrentar futuros desafíos sanitarios, considerando que existen otros virus presentes en distintos países productores que podrían transformarse en amenazas para la salmonicultura chilena. Entre ellos mencionó el Salmon alphavirus, el Piscine myocarditis virus y un poxvirus asociado a las branquias, presentes en otros países productores.
«Uno de los mecanismos importantes es la vigilancia. Detectar oportunamente significa anticiparse a un brote. Además, debemos contar con medidas de contingencia y mantener la vigilancia sobre virus presentes en otros países, de manera de evitar su ingreso o estar preparados para responder rápidamente si llegaran a aparecer», concluyó.

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