
La necesidad de avanzar hacia modelos de desarrollo que integren la salmonicultura con otras actividades productivas y con las comunidades fue uno de los principales planteamientos realizados por Alicia Gallardo, presidenta de la Comisión de Animales Acuáticos de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), durante la conmemoración de los 50 años de la salmonicultura chilena organizada por Mundo Acuícola.
Gallardo participó en el panel «Chile potencia azul: 50 años creando industria, 50 años creando capacidad país», realizado en el marco del lanzamiento de la segunda temporada de la serie audiovisual Agua Viva. La instancia, moderada por Tomás Vignaux, reunió además a Adolfo Alvial, director ejecutivo del Club Innovación Acuícola, y a Fernando Villarroel, COO Farming América y gerente general de Mowi Chile.
En conversación con Mundo Acuícola durante la jornada, la especialista reflexionó sobre los factores que han permitido el desarrollo de la salmonicultura chilena y los desafíos que, a su juicio, marcarán las próximas décadas para la actividad.
La resiliencia que marcó a la industria
Al analizar la evolución del sector durante las últimas décadas, Gallardo sostuvo que la salmonicultura chilena ha debido enfrentar desafíos de una magnitud poco habitual a nivel internacional, entre ellos la crisis provocada por el virus ISA.
“Yo creo que la industria chilena ha sido primero innovadora, ha sido resiliente porque le tocó vivir momentos muy difíciles que pocas industrias en el mundo han tenido una situación tan grave como el virus ISA. La industria chilena fue capaz de salir adelante como un todo, porque esto fue un esfuerzo colaborador entre el sector privado y el sector público. También la ciencia, porque tuvimos que estudiar, tener laboratorios de referencia mundial e hicimos varias giras a diferentes países para aprender de nuestros referentes en el salmón”, señaló.
La presidenta de la Comisión de Animales Acuáticos de la OMSA recordó además que la crisis sanitaria obligó tanto al sector público como al privado a desarrollar nuevas capacidades técnicas y científicas para enfrentar un escenario sin precedentes para la actividad.
A su juicio, esa experiencia dejó lecciones que continúan vigentes y que hoy forman parte de la forma en que la salmonicultura aborda los desafíos sanitarios, ambientales y productivos.
Una mirada integral del territorio
Gallardo planteó que uno de los principales aprendizajes derivados de esa experiencia fue la necesidad de avanzar hacia enfoques colaborativos y una visión más amplia del desarrollo acuícola.
En ese sentido, destacó la importancia de comprender que los desafíos sanitarios y ambientales trascienden los límites de cada centro de cultivo y requieren una gestión integrada de los territorios.
“Lo que nos dejó el virus ISA es que tenemos que pensar en un manejo colaborativo, en un manejo por áreas, compartiendo con las empresas. Un centro de cultivo afecta al otro centro de cultivo y, por lo tanto, la visión holística, sanitaria y ambiental, es importante. También la visión de lo que se denomina la economía azul, es decir, cómo se inserta la maricultura, en este caso la salmonicultura, en un territorio donde también hay personas que requieren mejorar su calidad de vida”, afirmó.
La especialista explicó que actualmente gran parte de las discusiones internacionales vinculadas al desarrollo sostenible de la acuicultura apuntan precisamente a encontrar mecanismos que permitan compatibilizar distintas actividades económicas dentro de un mismo territorio.
“Hoy día estamos trabajando mucho a nivel de los proyectos ambientales mundiales en justamente tratar de buscar el equilibrio en cada localidad. Turismo, gastronomía, acuicultura, salmonicultura, producción de algas, ¿cómo mejoramos la calidad y somos felices todos los que vivimos en un ambiente compartido? Yo creo que ese es el gran desafío”, sostuvo.
Las fortalezas de Chile frente al escenario global
Desde su experiencia en organismos internacionales y observando el desarrollo de la acuicultura a nivel mundial, Gallardo destacó que Chile cuenta con ventajas relevantes para enfrentar los desafíos de las próximas décadas.
Entre ellas mencionó la existencia de una amplia red de servicios especializados, la formación de profesionales en distintas regiones del país y la disponibilidad de conocimiento científico aplicado al desarrollo productivo.
“Las particularidades de Chile yo creo que son ventajas. Se desarrolla la salmonicultura muy bien, es un país que tiene mucha prestación de servicio, hay mucha gente especializada, gente joven. En el norte tenemos universidades que estudian la acuicultura, en el centro, en el sur. Por lo tanto, también tenemos una suerte de mucha información científica que está disponible”, indicó.
Asimismo, destacó la capacidad de adaptación que ha mostrado históricamente la industria frente a escenarios complejos.
“Hay un bloom de algas, inmediatamente inventamos un sistema para prevenir. Hay un riesgo de resistencia en lo antimicrobiano, inventamos una suerte de diagnóstico rápido para secuenciar. Entonces, esa capacidad de reaccionar con ciencia aplicada a problemas que ocurren día a día, yo creo que es algo propio de nuestro país”, concluyó.

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