
La selección genética podría contribuir a mejorar la eficiencia alimentaria del salmón Atlántico al favorecer peces que mantengan un buen crecimiento, pero depositen menos energía en forma de grasa. Esa es la principal conclusión de un estudio realizado por investigadores de Nofima, la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida y Mowi Genetics.
El trabajo, publicado en Genetics Selection Evolution, fue desarrollado por Anna Kristina Sonesson, Gareth Frank Difford, Ashie Norris y Bjarne Hatlen. Los investigadores analizaron cómo se distribuyen la energía y la proteína provenientes del alimento y qué parte de las diferencias observadas entre familias tiene una base genética.
Para ello trabajaron con 35 familias de salmón Atlántico pertenecientes al programa genético de Mowi. Los peces fueron distribuidos en 70 estanques y seguidos durante siete semanas en agua dulce, periodo en el que se registraron crecimiento, consumo de alimento y eficiencia alimentaria, además de realizar análisis de composición corporal y genotipado.
Diferencias entre familias
Los resultados mostraron diferencias importantes entre familias en crecimiento, consumo y eficiencia alimentaria. La ganancia de peso presentó una heredabilidad de 0,42, el consumo de alimento de 0,35, la eficiencia alimentaria de 0,19 y la densidad energética del peso ganado de 0,26.
En términos prácticos, esto indica que una parte relevante de esas diferencias puede responder a selección genética.
Los autores encontraron además que la eficiencia alimentaria estuvo positivamente correlacionada con el crecimiento y negativamente con la densidad energética del peso ganado. A partir de ello, concluyen que seleccionar peces por mayor crecimiento y menor acumulación de energía corporal podría mejorar la eficiencia sin necesidad de medir directamente el consumo individual, una variable difícil y costosa de registrar en salmones.
Menos grasa, menor requerimiento de alimento
La composición corporal aparece como un punto central del estudio. En los peces analizados, una mayor cantidad de grasa estuvo fuertemente asociada con una mayor densidad energética del cuerpo, mientras que el contenido de proteína varió mucho menos.
Los investigadores estimaron que, manteniendo un crecimiento similar, alrededor de la mitad de la reducción de energía corporal asociada a una menor deposición de grasa podría traducirse en una disminución del consumo de alimento y, por tanto, en una mejor eficiencia alimentaria.
Al comunicar los resultados, Bjarne Hatlen, investigador de Nofima, explicó que el objetivo es lograr que una mayor proporción de la energía del alimento se convierta en proteína y agua, en lugar de grasa.
“Cada gramo de proteína va acompañado por cuatro gramos de agua sin costo adicional, mientras que la grasa simplemente reemplaza agua y, por lo tanto, no agrega peso extra”, señaló en la síntesis difundida por Nofima.
Potencial económico y productivo
Nofima realizó además un cálculo del posible impacto económico de esta estrategia para la industria noruega. Bajo una serie de supuestos sobre precio del alimento, consumo anual y conversión alimentaria, estimó que reducir el contenido de grasa corporal total desde 21% a 18% podría generar ahorros cercanos a 105 millones de euros al año.
Esa cifra corresponde a una proyección económica de Nofima y no a un resultado directo del ensayo.
Para las empresas de mejoramiento genético, el estudio abre la posibilidad de utilizar características de crecimiento y composición corporal como criterios más prácticos de selección. Para los productores, en tanto, una mejora en la eficiencia podría traducirse en menor consumo de alimento por kilogramo de pez producido.
Matt Baranski, responsable de genética de Mowi Genetics, destacó en la comunicación de Nofima que la selección por crecimiento ya ha generado mejoras indirectas en eficiencia alimentaria y que estos resultados podrían permitir incorporar mediciones más directas y simples en los programas de reproducción.
Falta probarlo en peces más grandes
El estudio fue realizado con juveniles pequeños, que pasaron de alrededor de 50 a 110 gramos durante siete semanas en agua dulce. Los propios autores advierten que estos resultados no pueden trasladarse directamente a la fase marina, donde ocurre la mayor parte del crecimiento comercial del salmón.
Por eso, el siguiente paso será evaluar si estas relaciones entre genética, deposición de grasa y eficiencia alimentaria se mantienen en peces más grandes y en condiciones de cultivo en mar.

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