
Por: Hans Kossmann, presidente directorio de ASENAV.
Que el salmón se haya consolidado como el segundo producto más exportado de Chile, no es casualidad ni menos un accidente. Detrás de los más de US$ 6.500 millones en exportaciones de salmónidos durante 2025 –solo superado por la hegemonía del cobre–, hay décadas de decisiones técnicas, inversiones industriales y aprendizajes logísticos que transformaron a un sector productivo incipiente en una industria estratégica para el país.
Nuestro sur más austral se ha convertido en un ecosistema de oportunidades, donde la salmonicultura ha evolucionado impulsada por tecnologías avanzadas e innovaciones en transporte, infraestructura y bienestar animal. Hoy, la demanda de los armadores apunta a naves especializadas que superan el simple transporte de peces vivos: incorporan plantas de ósmosis y sistemas de filtración para tratamientos sanitarios a bordo, junto con sofisticados sistemas de control de temperatura RSW (Refrigerated Sea Water).
A esto se suma un foco crítico en la bioseguridad, con sistemas de carga y descarga de peces vivos que evitan la transferencia de agua entre zonas geográficas, minimizando riesgos de transmisión de patógenos. La transformación digital corona este proceso, permitiendo el monitoreo remoto en tiempo real junto con una trazabilidad que responde a los estándares más exigentes del mercado global.
Esta sofisticación no nació de la nada, pues tiene raíces profundas en hitos pioneros liderados por la ingeniería nacional. Vale la pena detenerse en el proceso encabezado por ASENAV, astillero valdiviano que debutó en sector piscícola con el Patagon, un antiguo pesquero transformado que se convirtió en el primer wellboat de Chile y que continúa vigente con 40 años de vida. Luego fue el turno del Patagon II, embarcación también transformada y de similares características, marcando un punto de inflexión irreversible.
Su botadura confirmó un cambio tecnológico que consolidó el paso definitivo desde un sistema con mayores riesgos operacionales hacia un modelo industrial moderno, basado en el transporte de salmones vivos mediante wellboats y centros de acopio (viveros). Un avance que aseguró calidad, continuidad operativa y sanidad para toda la industria, permitiendo conectar de manera confiable las granjas de cultivo con las plantas procesadoras.
Hoy, tras décadas de servicio que forjaron los cimientos de esta logística, el Patagon II acaba de terminar su proceso de desguace en Valdivia. Pero creemos que este hito no debe leerse como un signo de obsolescencia, sino como el cierre de un ciclo de éxito, porque su retiro simboliza la evolución de una flota que hoy es referente mundial en eficiencia.
El desafío hacia el futuro es mantener ese liderazgo que hemos construido. Mientras despedimos a las naves que abrieron la ruta, la industria ya mira hacia la descarbonización y una sostenibilidad aún más profunda. El salmón chileno es hoy un embajador productivo porque supimos anticiparnos creando la infraestructura que hizo posible su calidad, escala y continuidad.

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