Mundoacuicola

Revista de Acuicultura.

Reducir la incertidumbre con colaboración público-privada

En Chile, la salmonicultura ha experimentado un progresivo endurecimiento regulatorio en las últimas dos décadas, impulsado por crisis sanitarias, mayores exigencias ambientales y un rol fiscalizador más activo del Estado, configurando un marco normativo más complejo y exigente para la industria.

Durante los últimos veinte años, la regulación de la salmonicultura en Chile ha evolucionado significativamente, marcada por la necesidad de enfrentar crisis sanitarias, fortalecer la protección ambiental y ordenar territorialmente la actividad. Un hito clave fue la implementación del Reglamento Ambiental para la Acuicultura (RAMA, D.S. N°320/2001), que estableció exigencias rigurosas en materia de monitoreo, operación y cumplimiento ambiental, consolidando este ámbito como eje central de la regulación sectorial.

La crisis del virus ISA representó un punto de inflexión, dando origen a un nuevo modelo de gestión basado en la coordinación territorial entre concesiones y el fortalecimiento de medidas de bioseguridad, establecidas en el D.S. N°319/2001. Entre las principales acciones se incluyeron la agrupación de centros de cultivo, descansos sanitarios sincronizados y el control de densidades productivas. Posteriormente, entre 2013 y 2019, se intensificaron los sistemas de monitoreo, reportabilidad y fiscalización, integrando de manera más estricta los permisos ambientales y sectoriales.

En la década de 2020, el enfoque regulatorio ha profundizado en la trazabilidad, la transparencia y el aumento de las exigencias técnicas, con una fiscalización más robusta por parte del Estado. Las reformas recientes priorizan la protección de los ecosistemas, incorporando nuevas obligaciones en materia de residuos y emisiones. En este contexto, la Ley SBAP surge como un instrumento clave para reforzar la conservación marina, aunque su implementación aún se encuentra en desarrollo.

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