
La Tenacibaculosis se consolidó como una de las principales amenazas sanitarias para la salmonicultura chilena durante los últimos años, según el primer estudio epidemiológico realizado a escala nacional sobre esta enfermedad bacteriana. La investigación determinó que el 65,2% de los ciclos productivos marinos analizados entre 2018 y 2021 registró mortalidad atribuida a esta patología, evidenciando su amplia distribución en las principales zonas productoras del país.
El trabajo, publicado en la revista científica Journal of Fish Diseases, examinó 1.192 ciclos de cultivo de Salmón del Atlántico, Salmón Coho y Trucha Arcoíris en las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes. El estudio fue desarrollado por los investigadores Álvaro Gaete-Carrasco, de la Facultad de Recursos Naturales y Medicina Veterinaria de la Universidad Santo Tomás; Carla Rosenfeld, del Instituto de Medicina Veterinaria Preventiva de la Universidad Austral de Chile; Marcela Lara, del Center for Antimicrobial Stewardship in Aquaculture de la Universidad de Chile; Fernando Mardones, de la Royal (Dick) School of Veterinary Studies de la Universidad de Edimburgo; y el Académico de la Universidad Andrés Bello y Director Alterno del Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola – Investigación Aplicada (CIA- INCAR²), Ruben Avendaño-Herrera, utilizando información oficial del sistema de vigilancia sanitaria de Sernapesca.
La Tenacibaculosis es una enfermedad causada por bacterias del género Tenacibaculum, que afecta principalmente la piel y los tejidos externos de los peces. A partir de reportes semanales de mortalidad recopilados entre julio de 2018 y julio de 2021, los investigadores identificaron 777 ciclos productivos con mortalidades asociadas a esta condición. La incidencia fue especialmente elevada en las regiones australes, alcanzando el 76% de los ciclos en Aysén y el 82,1% en Magallanes, mientras que en Los Lagos la cifra llegó al 50,2%.
Los resultados también mostraron diferencias importantes entre especies. La enfermedad fue reportada en el 76,4% de los ciclos de Salmón del Atlántico, en el 72,1% de la trucha arcoíris y en el 36,8% del Salmón Coho. Los autores aclararon que estos porcentajes representan ciclos productivos que registraron alguna mortalidad atribuida a Tenacibaculosis y no la proporción total de peces muertos por la enfermedad. No obstante, sostienen que la magnitud de los reportes confirma que la patología es endémica y está ampliamente distribuida en la industria salmonera nacional.
El análisis también detectó patrones estacionales diferenciados según la región. En Los Lagos, los aumentos de mortalidad se concentraron durante el invierno; en Aysén, principalmente entre otoño e invierno; y en Magallanes, hacia fines del invierno, con un peak en septiembre. Aunque los investigadores observaron que estos periodos coincidieron con menores temperaturas del agua, precisaron que la temperatura no fue incorporada como variable explicativa en el modelo estadístico, por lo que su influencia permanece como una hipótesis que deberá ser evaluada en futuras investigaciones.
Tenacibaculosis y Caligus rogergresseyi
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue la asociación entre la Tenacibaculosis y la alta diseminación de Caligus rogercresseyi, el ectoparásito conocido como piojo de mar. El modelo estadístico mostró que los centros clasificados con alta diseminación de Caligus presentaron una probabilidad 3,23 veces mayor de registrar mortalidades relevantes por Tenacibaculosis en comparación con aquellos sin esa clasificación. Sin embargo, los investigadores enfatizaron que esta relación no demuestra causalidad directa.
Según los autores, las lesiones cutáneas provocadas por el ectoparásito podrían facilitar la colonización de bacterias del género Tenacibaculum, además de afectar la respuesta inmunitaria de los peces. También plantean la posibilidad de que Caligus actúe como vector de estos microorganismos. Aun así, la presencia significativa de Tenacibaculosis en Magallanes, donde la Caligidosis suele tener menor prevalencia, sugiere que existen otros factores involucrados, como las bajas temperaturas, lesiones mecánicas u otros daños que comprometen la integridad de la piel.
El estudio identificó además una asociación particularmente fuerte entre la enfermedad y los ciclos de salmón Atlántico cultivados en la Región de Aysén. Esta combinación presentó una razón de momios de 5,41 respecto de la categoría de referencia utilizada en el análisis. Aunque inicialmente también surgieron vínculos con la Piscirickettsiosis (SRS) y los daños mecánicos, estas variables no mantuvieron una asociación independiente en el modelo multivariable final.
Los investigadores destacaron que una de las fortalezas del trabajo radica en el uso de información sanitaria recopilada semanalmente por el sistema oficial de vigilancia de Sernapesca, lo que permitió identificar patrones territoriales, estacionales y sanitarios a una escala inédita. No obstante, advirtieron que las causas de mortalidad corresponden a reportes realizados dentro del programa oficial y no necesariamente a diagnósticos confirmados caso a caso mediante aislamiento bacteriano o análisis molecular. A partir de los hallazgos, los autores recomiendan fortalecer la vigilancia sanitaria considerando las diferencias entre regiones y especies, con especial atención a los periodos de mayor riesgo y a los centros con alta diseminación de Caligus, con el objetivo de mejorar la salud de los peces y la sostenibilidad de la producción salmonera.
Revisa aquí el estudio https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/jfd.70249
Escucha aquí el resumen sobre la investigación en spotify
https://open.spotify.com/episode/39RwebyidUxLHEw9r5CLXS?si=f9ef58747b834ffb

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