“El encadenamiento productivo agroacuícola no es una aspiración lejana. Es una realidad concreta y en marcha”, aseguró Daniel Nieto Díaz-Muñoz, gerente del PTEC-INVA, quien destacó que este modelo ha permitido integrar redes regionales de proveedores de cultivos como lupino, canola y camelina, con siembras activas en el sur del país. Desde su visión, este trabajo colaborativo no solo responde a una necesidad operativa, sino que abre una oportunidad estratégica para avanzar en soberanía alimentaria, sostenibilidad ambiental y desarrollo territorial.
Además de esta articulación productiva, el programa ha generado innovaciones concretas con impacto en la salud y el desempeño de los peces. Entre ellas, destacan concentrados proteicos con más del 60 % de pureza, validados en salmónidos y con costos competitivos, así como formulaciones dietarias que mejoran indicadores de salud intestinal, ósea, hepática e inmune. A esto se suma el diseño de una planta industrial con capacidad para procesar 16.000 toneladas anuales de concentrado proteico de lupino, con una factibilidad técnica y económica positivamente evaluada.
Visión estratégica
Además de los avances técnicos, desde el programa enfatizan que el desafío requiere visión estratégica a nivel país. “Más que duplicar la producción salmonicultora como meta, proponemos consolidar una tercera industria nacional, que combine lo mejor del mar y la tierra, de la ciencia y el oficio agrícola, con estándares globales y raíces locales”, sostuvo Nieto. Para lograrlo, planteó que será necesario impulsar una expansión agrícola ordenada, fortalecer la infraestructura rural, generar incentivos a la innovación y establecer una gobernanza colaborativa entre sectores públicos y privados. El volumen actual de alimento requerido por la industria salmonicultora chilena, estimado en 1.250.000 toneladas anuales, da cuenta de la magnitud del desafío.
Durante su implementación, el PTEC-INVA ha desplegado acciones como “Días de Campo” con agricultores, validaciones experimentales en jaulas, desarrollo de tecnologías chilenas de concentración proteica y mapas georreferenciados de insumos. Según Nieto, estos avances confirman que “ya hay un camino avanzado, un modelo validado y una comunidad comprometida”.
Frente a este panorama, el llamado es claro: “Lo que necesitamos ahora es una estrategia país explícita que reconozca que la seguridad alimentaria también pasa por producir nuestros propios ingredientes para el alimento de peces, en línea con lo que entidades mundiales como la FAO ya han advertido”, concluyó.
Con respaldo de Corfo y la participación activa de universidades, centros de investigación y empresas, el PTEC-INVA no solo avanza como un modelo validado, sino como una plataforma habilitante capaz de transformar esta visión compartida en una política nacional de encadenamiento agroacuícola.
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